Hay paisajes que transgreden las fronteras de lo visual, pues no se erigen como meras vistas, sino como un espejismo constante en la personalidad de quien los habita. O un personaje más de la historia vivida por quienes, un día, deciden escribirla.
Algo parecido le ocurre a la autora canaria Lana Corujo. Natural de Lanzarote, aun habiendo vivido durante casi una década en Madrid, confiesa no haberse desprendido nunca del ambiente volcánico de su tierra natal. «La isla siempre ha estado pegada a la piel de alguna forma», dice. Su relación –eso sí– ha sido «muy ambivalente»; algo que –dice– suele pasar «con los espacios que son muy limitados», en los que reducimos nuestra percepción a un maniqueísmo: «si nos gusta o no nos gusta». «Esa tensión que tenía con la isla y que tengo creo que es una herramienta creativa muy poderosa», apunta.
Fruto de la misma, nació hace alrededor de un año y medio ‘Han cantado bingo’, la primera novela de la joven autora, que ya había hecho sus pinitos en el mundo de la poesía. Todo empezó como una «bobería»: una foto a de las múltiples estructuras geológicas de la «isla de los volcanes» a la que Corujo, en una suerte de juego infantil, decidió dibujarle ojos. «Ese gesto que parecía muy tonto me obsesionó tanto que estuvo viviendo en mi cabeza durante un año y pico», recuerda y se define «un poco lenta» aludiendo al tiempo invertido en el volumen hasta, al fin, publicarlo. Aunque sin menospreciar su elaboración: «Es una escritura que, aunque en apariencia puede verse sencilla por lo fragmentario y por lo pequeño que es alguno de sus capítulos, me hizo trabajar mucho en su arquitectura y lo veo más como un proyecto poliédrico que me exigió mirarlo desde muchos lados».

Confiesa la artista y escritora que se entrega «mucho a la escritura mediante la intución», considerando que, «como ilustradora, siempre estás mediando bajo un encargo», mientras que, «en la escritura, lo que pasa es que puedes hacer lo que te dé la gana». «Creo que es muy bonito no saber a dónde te va a llevar un texto al cien por cien y que sea también lo que se va conformando», añade: «Pero, al final, la estructura también responde a la manera que tengo yo de ver el mundo, la manera que me interesa mucho también en ilustración: contener el trazo para ver cuánto se puede transmitir con menos. Todo ese minimalismo que muchas veces trabajo en mi pintura creo que acaba llegando a la escritura de manera natural». Sus dos facetas las trabaja Corujo «por capas», identificando en ambas no pocos paralelismos. No hace falta quitarse el traje de ilustradora para vestirse, aunque sea un rato, de escritora.
Esta última acepción le asusta un poco más a la canaria. «La escritura me acompaña desde siempre porque siento que es una consecuencia de que me gusta mucho leer, pero siempre digo que me da mucho miedo publicar, así que suelo hacerlo muy a cuentagotas», relata: «Creo que esta novela, mi primer atrevimiento a la publicación, surge con mi vuelta a la isla». En sus palabras, «volver a tu lugar de origen siempre te recoloca muchas emociones; hay una reconciliación que se establece con el territorio».
Es de la mano de ese «primer atrevimiento» como la autora recala este martes, desde las 19:30 horas, en el salón de actos de la Fundación Sierra Pambley, donde conversará con Marta Marne en una de las actividades programadas por la pasada edición de la Feria de Editores Emergentes. Corujo hace así escala en la capital provincial por primera vez para hablar, «sobre todo, del proceso creativo» tras un libro que ha llegado a enmarcarse dentro del realismo mágico. «Yo no lo veo ahí; pienso que ‘Han cantado bingo’ es una pequeña fantasía y ya está», contradice: «Cada territorio tiene unas mitologías que traslada el paisaje y en Lanzarote y Canarias es muy común hablar de creencias, de fantasmas y de brujas».
Muchas de esas creencias se trasladan también a través de términos como piche, buchito o chola, indicativos del pasado aborígen de una tierra que permanece vivo en su forma de hablar. «Esa palabras que uso en el libro las uso en mi día a día y buscarles un sinónimo u otra palabra que fuese más entendida sería como mutilarme la lengua», refleja la autora y de todo ello hablará en la cita de este martes, acompañada siempre de sus vocablos. Acompañada también de ese paisaje que puede leerse entre las páginas de su propia vida.