La pieza que descubre los 5.000 años de Gordoncillo

El Valle del Cea siempre fue un buen lugar para vivir. De ello dan fe las prospecciones arqueológicas llevadas a cabo en Gordoncillo que desvelan que hubo asentamientos ya en el 3.000-2.500 a.C.

T. Giganto
25/02/2018
 Actualizado a 19/09/2019
Fernando Barrientos analizando las piezas encontradas en las prospecciones arqueológicas llevadas a cabo las últimas semanas en Gordoncillo. | T.G.
Fernando Barrientos analizando las piezas encontradas en las prospecciones arqueológicas llevadas a cabo las últimas semanas en Gordoncillo. | T.G.
Al traspasar las puertas de la Panera de Gordoncillo, hay que dejar que el ojo se adapte a la escasa luz del interior de sus paredes. A escasos segundos la retina se habitúa y los ocres del barro se distinguen perfectamente al tiempo que comienza a sentirse el frío que este mismo material propicia aunque fuera haga sol. Pero en realidad, allí dentro sobra calor. El director del Mihacale, Javier Revilla, se apresura en encender el calefactor y junto a él, Fernando Barrientos, se entusiasma mostrando sus últimos hallazgos: las piezas de cerámica que han descubierto en las prospecciones arqueológicas realizadas estas últimas semanas. Y es que una de ellas, datada entre el 3.000 y el 2.800 antes de Cristo, ha sacado a la luz que el Valle del Cea ya se consideró como el mejor lugar para vivir hace 5.000 años.

"A los proyectos hay que darles calor para que se fragüen", dice el alcalde de la localidad, Urbano Seco, y por eso allí, en la vieja Panera el frío no se siente demasiado aunque lo haga. Junto a este edificio, está la harinera Marina-Luz y también la que fue la casa del molinero, hoy restaurada y convertida de manera improvisada en el centro de operaciones de las prospecciones arqueológicas. Unas talegas de trigo dan fe de la esencia del lugar, que ahora también es compartido por pedazos de la historia milenaria de Gordoncillo. Allí Barrientos comienza a relatar lo que han supuesto los hallazgos y cómo han realizado el trabajo. Él ha sido el encargado de dirigir las prospecciones con la colaboración de Revilla, ambos historiadores. Sabían de algunos yacimientos en el término municipal de la localidad a través de la Carta Arqueológica (1993), pero la toponimia de los parajes y las historias de los vecinos les han hecho dar con la pista de algunos inéditos a través de los cuales quieren profundizar en la historia de la zona.

Para ello, una vez localizados los enclaves, lo primero que han hecho es prospectar en el terreno y como si de la propia piel humana se tratase, han ido avanzando en el tiempo a través de los sustratos de la tierra, divididos en épocas. Y en esas estaban cuando dieron con una cerámica calcolítica precampaniforme, una pieza de unos 7,9 centímetros de alto por 7,7 de ancho que en origen conformaba un recipiente cuya boca calculan que era de unos 33 centímetros de diámetro. "Con ello queda en evidencia que en Gordoncillo hubo asentamientos ya entre el 3.000 y el 2.500 antes de Cristo", afirma. No esperaban tal hallazgo puesto que se trataba de un yacimiento romano, de ahí su sorpresa y su aseveración: "El Valle del Cea es un espacio fácil para la vida por eso en algunos espacios ha habido una continua ocupación a lo largo de la Historia".

"Se siente euforia cuando encuentras algo que no ha vuelto a ver la luz desde que alguien lo dejó allí por última vez, desde que lo abandonaron o lo posaron...", explica Fernando que reconoce el "subidón" que se experimenta al encontrar piezas como estas. Pero aún hay más. Han encontrado otras de la Edad de Hierro o cerámica celtibérica, visigoda y alto medieval. También ‘terra sigillata’ típica de los recipientes romanos y fragmentos de grandes contenedores. Probablemente y por la economía histórica de la zona, algunos de ellos fuesen utilizados para almacenar vino. Han hallado cerámica vidriada de los siglos XVI y XVII y muchos materiales más pendientes de ser analizados.

"Las intervenciones están planteadas con el objetivo de hacer un inventario para conocer mejor los yacimientos de la zona y ponerlos en valor", explica Fernando Barrientos, técnico arqueólogo que actualmente está contratado por el Consistorio de Gordoncillo como gestor cultural y turístico. "Queremos que este sea el primer paso de un gran proyecto para intervenir con catas, sondeos y excavaciones, se podrían hacer campañas arqueológicas en la comarca de Tierra de Campos enmarcadas dentro del Valle del Cea ya que son unos estudios que se iniciaron hace una década y que por la crisis quedaron paralizados», relata Fernando. "Hasta ahora".

"Gordoncillo tiene potencial para llevar a cabo una intervención arqueológica más seria a la que sería posible dar continuidad con la consiguiente fuerza turística que ello conllevaría en la zona", explica Javier Revilla. Y porque confían en ello, dan calor al proyecto con un trabajo minucioso y un entusiasmo desbordante. Lo están desarrollando desde el Ayuntamiento de Gordoncillo dentro del Plan ELTUR para el desarrollo turístico y cultural financiado por la Junta de Castilla y León.
Han concluido ya la fase de prospección de campo y ahora están llevando a cabo tareas de limpieza y siglado de las piezas halladas para posteriormente redactar los informes y depositar todo este material en el Museo de León.

En la capital leonesa, en el Museo Catedralicio, se encuentran ya otras piezas que salieron de Gordoncillo en la década de los años 20 del pasado siglo. Son hachas pulimentadas que halló el Padre Merino, sacerdote que estaba en el Seminario de Valderas que se dedicó ya entonces al estudio de restos de este tipo en la zona. "Las hachas pulimentadas se llamaban popularmente ‘piedras de rayo’, un objeto preciado para los pastores de la zona que cuando encontraban un pedazo lo guardaban como un amuleto en algunos casos y en otros lo empleaban para masajear las glándulas mamarias de vacas y ovejas para descongestionarlas después del parto", cuenta Fernando Barrientos, que explica el origen de su denominación en que los pastores creían que estas piedras procedían de los rayos que caían en la zona y se petrificaban. En realidad no sabían que eran pedazos de la historia del Valle del Cea, esa que precisamente ahora quieren descubrir ellos.
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