En esta reciente nevada no le ha faltado actividad y de ella rescatamos una historia, por lo significativa, por recordarnos que estas nevadas también causan graves problemas a los animales salvajes de nuestros montes que no dejan de tocar el corazón por más que formen parte de ese proceso de selección natural. En las nevadas de 2015 murieron «cientos».
Anselmo había seguido los pasos de uno de ellos, un ciervo, que llegó a buscar cobijo por las calles de Maraña, comía pasto de las yeguas pero... escribía: «La dura cara del temporal. Llevaba varios días por las calles de Maraña y hoy lo hemos encontrado medio congelado en el camino de Riosol. A pesar de intentar devolverle un hilo de vida poniéndolo al sol, no pudo sobrevivir». Y remata: «Ya le habíamos cogido cariño».
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