Hasta 1913 la fuente siguió cumpliendo su cometido de abastecer de agua a un sector de la población –no habría agua corriente hasta 1924 y no en toda la ciudad–, y se convertiría en uno de los símbolos del León costumbrista, en un motivo común en las primeras postales, principalmente debido al lugar privilegiado que ocupaba. Quizá porque restaba protagonismo al monumento central de la Plaza de la Regla, o porque el espectáculo de las aguadoras, que se arracimaban en torno a la fuente esperando un encargo para trasladar unos cántaros de agua a algún domicilio particular, molestaba y no encajaba con un espacio al que se intentaba dotar de nuevas funciones –lugar de residencia de la alta burguesía–, la obra fue desmontada pieza a pieza y guardada en un almacén durante dieciocho años, hasta 1931.
El advenimiento a la alcaldía del socialista Miguel Castaño durante la II República trajo nuevos aires a una ciudad dormida, clerical. La imagen de un dios pagano no desencajaba en una política de cambio y la fuente se erigió de nuevo, ahora en el centro de la Plaza Mayor, donde Neptuno seguía mirando al este. En 1943, cansadas las autoridades de que sirviera como cubo de basura a las verduleras de la plaza, la fuente se desmonta de nuevo hasta 1949, breve destierro del que la salva el alcalde José Echegaray Pallarés, para darle su emplazamiento actual en el jardín de San Francisco donde Neptuno sigue mirando al este.
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