"La idea es que cada espectador se haga su propia composición"

Sergio Jorge y Saúl Arén son los artífices de la exposición ‘Diez imágenes para una historia’ que mañana se inaugura en el bar El Correo

Joaquín Revuelta
18/02/2015
 Actualizado a 16/09/2019
Si uno contempla las imágenes de Saúl Arén sin leer previamente el texto de Sergio Jorge podría sacar la conclusión, sin duda precipitada, de que nos encontramos ante la enésima revisión de la eterna fórmula de la comedia romántica: chico conoce a chica y... Pero la historia que encierran estas diez fotografías dispuestas como si se tratara de una secuencia cinematográfica difiere cuando se conoce el texto que las acompaña, dos testimonios en primera persona de los protagonistas de este encuentro aparentemente accidental que en realidad no lo es tanto. Un sugerente punto de partida para una muestra fotográfica y literaria que sus responsables han dado en llamar ‘Diez imágenes para una historia’ y que mañana se inaugura a las 20:00 horas en el bar El Correo con la presencia de sus dos principales artífices, los periodistas Saúl Arén y Sergio Jorge, y de la otra colaboradora necesaria, Alba Santos, la chica de la historia que nuestro compañero Sergio Jorge ha querido relatar a partir de unas imágenes deliberadamente retros, no solo por la opción estética del blanco y negro o del color sepia en algunos casos sino por el hecho de recurrir a la carta manuscrita en la era del WhatsApp.

Sergio Jorge reconoce que inicialmente ni Saúl ni él tenían muy claro lo que iban a contar. Por lo que el proceso creativo se produjo un poco a la inversa de lo que suele ser habitual en estos casos. "Lo propio hubiera sido escribir la historia y recrearla posteriormente en imágenes, pero quisimos hacer algo más creativo e invertimos el proceso, lo que en cierto modo para mí supuso un reto, pues es algo diferente a lo que suelo hacer como periodista", comenta Jorge, para quien lo atractivo del proyecto reside en la ambigüedad de una historia que puede tener diferentes lecturas, las de sus dos protagonistas y la que cada espectador pueda extraer de la misma, pues sus responsables han querido jugar con las distintas percepciones que cada cual puede tener de una situación. "La idea es que cada espectador se haga su propia composición, que no tiene por qué coincidir con la mía a través de los textos o con la de Saúl mediante las imágenes", señala Sergio, una realidad poliédrica donde lo único realmente reconocible son los escenarios de la ciudad.

Sergio Jorge reconoce que desde el principio ha querido huir del tono pasteloso al que podía conducir la historia para introducir elementos más "rockeros", donde curiosamente la parte sentimental está más presente en el elemento masculino que en el femenino, una ruptura con unos estereotipos que ya no son válidos en la sociedad actual.  

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