Sergio Jorge reconoce que inicialmente ni Saúl ni él tenían muy claro lo que iban a contar. Por lo que el proceso creativo se produjo un poco a la inversa de lo que suele ser habitual en estos casos. "Lo propio hubiera sido escribir la historia y recrearla posteriormente en imágenes, pero quisimos hacer algo más creativo e invertimos el proceso, lo que en cierto modo para mí supuso un reto, pues es algo diferente a lo que suelo hacer como periodista", comenta Jorge, para quien lo atractivo del proyecto reside en la ambigüedad de una historia que puede tener diferentes lecturas, las de sus dos protagonistas y la que cada espectador pueda extraer de la misma, pues sus responsables han querido jugar con las distintas percepciones que cada cual puede tener de una situación. "La idea es que cada espectador se haga su propia composición, que no tiene por qué coincidir con la mía a través de los textos o con la de Saúl mediante las imágenes", señala Sergio, una realidad poliédrica donde lo único realmente reconocible son los escenarios de la ciudad.
Sergio Jorge reconoce que desde el principio ha querido huir del tono pasteloso al que podía conducir la historia para introducir elementos más "rockeros", donde curiosamente la parte sentimental está más presente en el elemento masculino que en el femenino, una ruptura con unos estereotipos que ya no son válidos en la sociedad actual.
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