– Siempre se podría haber mucho más, cuando te retiras te queda un poco el debe de se podría haber entrenador más, competir más, me puedo recriminar esa.
– Asturiano, media vida en León, ¿tienes dos casas?
– No, desde que llegué me considero leonés, mis hijos han nacido aquí, mi mujer es de aquí y siempre que me preguntan digo que soy de León.
– Formaste parte de los ‘Júniors de Oro’, ¿cómo ves aquello con el paso de los años?
– Lo recuerdo con mucho cariño y grandes recuerdos, fui internacional desde los 14 años hasta los 20, y eso fue un hito histórico para el baloncesto español, ganarle a Estados Unidos una final del Mundial le dio un impulso muy grande.
– De aquellos Gasol, Navarro, Cabezas, Reyes... ¿mantienes el contacto con alguno?
– No, es difícil, es más cuando juegas contra ellos y hasta hace algunos años sí pero ahora con el que más con Felipe, tengo buena relación con Gustavo Ayón, hemos ido a ver varios partidos del Madrid y cuando los veo es como si no hubieran pasado los años, seguimos contando las mismas batallas, pero tienen vidas muy complicadas.
– ¿Qué espinita te queda?
– Conseguir un ascenso, es la gran espina que me voy a llevar a la tumba porque tanto en León como en Tenerife nos quedamos muy cerca de hacerlo.
– Volviste a León para vivir casi los últimos momentos del club, ¿cómo lo viviste?
– Fue difícil, venía de Tenerife de una situación similar y se veía, se rumoreaba que el equipo podía desaparecer, yo contaba con acabar mi carrera aquí y la verdad que con mucha pena. Es muy difícil ver ahora el Palacio con 200 personas.
– Aún así volviste a Fundación en EBApara retirarte en León.
– Fue el final de un círculo un poco complicado, la cabeza quería jugar pero el cuerpo y los médicos decían que no y ha sido la peor experiencia a nivel deportivo que he tenido. Querer y poder es muy complicado, pero aún así ayudé al equipo a salvarse y ellos me ayudaron a vivir esos pequeños momentos antes de retirarme.
– ¿Con qué entrenador y con qué compañero te quedas de todos estos años?
– Es muy difícil: Roberto, De Grado, Jareño... pero sobre todo con QuinoSalvo, ha sido de los que más ha apostado por mí y ha sido muy duro todo lo que ha pasado ahora. Con compañeros sobre todo con Martín Ferrer, somos amigos desde los 14 años, nuestros hijos son amigos y la relación es mucho más que una amistad.
– ¿Y cómo es el cambio de jugador a entrenador?
– Ahora los entiendo mucho más y les pido perdón desde aquí por lo que les hice pasar todos esos años (risas). Es difícil explicar lo que tú ves tan fácil a un grupo de gente.
– ¿Es difícil ver la situación del baloncesto español en la actualidad?
– Lo es. Yo hace dos años que me retiré y aún me deben dinero de Orense. Es complicado y por eso creo en los proyectos de cantera, que es además una buena forma de involucrar a la gente de la ciudad.
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