Define el teatro como "el arte de la reunión y la imaginación". Es el vehículo que ha elegido para compartir esa mirada continua que le echa al ser humano y que le sirve demotor a su oficio creativo. "Amo el cine, la poesía, la novela... Lo que sucede es que el teatro me parece una extraordinaria oferta para los espectadores y también para los que lo hacemos. Particularmente, me permite construir historias como los narradores y asaltar mi lengua como los poetas, al mismo tiempo que me deja construir una experiencia compartida realmente maravillosa. Poder reunirme con unos actores para poner en pie un mundo y luego abrir esa reunión a los espectadores resulta ealmente emocionante y, por ello, siento que el teatro me devuelve mucho".
Obras como 'Cartas de amor a Stalin', 'Últimas palabras de Copito de Nieve', 'Job', 'Hamelin', 'El chico de la última fila', 'La tortuga de Darwin' o 'La lengua en pedazos' constituyen parte del rasgo que Mayorga ha ido dejando en un universo teatral que le reverencia. "Hacer teatro es un acto de amor a la gente. Eso no quiere decir que haya que darle lo que quiere ver u oír. Para mí, el mayor premio, mucho más importante que cualquier otro galardón, es que las obras se representen. Es algo que me produce cierta ansiedad porque me hace pensar que hay gente que se reúne en torno a una sesión para, de algún modo, analizar la vida. Y esa es una cosa muy seria que puede ser al mismo tiempo muy gozosa. Trabajar en el teatro te obliga a ser permanentemente exigente contigo mismo. Siempre he asumido el teatro con mucha responsabilidad y esta ha de crecer con la confianza que otros te dan, con la paciencia que otros tienen contigo".
Defiende la idea de un teatro entretenido, "eso por descontado", que al mismo tiempo propicie la reflexión. "El pensamiento es algo que he encontrado en 'La vida es sueño', en la 'Antígona' de Sófocles o en 'Cuatro personajes en busca de autor', y si una obra lo tiene es más poderosa. Decir que vamos a hacer pensar al espectador no quiere decir que le pongamos problemas de matemáticas o que le obliguemos a hacer una tesis doctoral. Simplemente le damos a ver y examinar la vida. El teatro es un gran mirador de la existencia humana y por tanto es inmediatamente filosofía porque nos hace pensar en la vida que vivimos y en otras vidas que podríamos vivir".
'Reikiavik' supone su último logro teatral. El texto lleva su rúbrica (está publicado por editorial La Uña Rota) y también la puesta en escena disfruta de su magisterio. El mismo decidió encarar la adaptación escénica de una obra que, tras su estreno en Madrid bajo el auspicio del Centro Dramático Nacional, encara una gira por toda España que el próximo jueves acampará en el Auditorio de León (21 horas; 15 euros). La interpretan César Sarachu, Daniel Albaladejo y Elena Rayos y sigue la peripecia de dos personajes, Bailén y Waterloo, quienes, frente a la mirada de un chaval al que encuentran en un parque, recrean la legendaria partida de ajedrez librada por Fischer y Spassky en Reikiavik en 1972. "La obra ni es teatro documental ni quiere competir con lo que puedan presentar los historiadores o los documentalistas. Aunque hemos hecho una indagación seria acerca de lo que ocurrió entonces, lo que pretendemos construir es una experiencia poética y cargada de emoción, más allá de lo que puedan aportar documentalistas e historiadores", insiste Juan Mayorga a propósito de una pieza que, al igual que la Guerra Fría en la que se enmarcó el duelo y de la que este acabó siendo un símbolo, se interesa por "la colisión entre dos mundos, entre dos sistemas políticos y económicos, entre dos estilos de vida que en un momento dado quedaron concretados en las 64 casillas de un tablero de ajedrez alrededor del cual hay dos seres humanos que fueron elegidos como representantes de esas sociedades sin ser precisamente personajes típicos de ambas". Mayorga, que aprendió a jugar al ajedrez bajo la tutela de su padre y que se considera un jugador normal, "gano algunas partidas y siempre me ganan los buenos", se interesó sobremanera por los rasgos de Fischer y Spassky ("Fischer es un impolítico, alguien que va sólo a lo suyo y cuyas únicas preocupaciones son el ajedrez y el dinero"; "Spassky, aunque pueda parecer un peón del sistema soviético, es un burgués dentro del comunismo, es un melancólico, un mujeriego, un vividor") dada la relevancia que los dos personajes adquieren en la función. "Nos parecía interesante comprobar cómo dos seres humanos eran manipulados por sus respectivas sociedades para otorgarlos un carácter simbólico que ellos se resistían a ostentar", asegura Mayorga al tiempo que recuerda que los dos acabaron cayendo en desgracia en sus países de origen. "Es un asunto que nos interesó mucho en la zona de ensayos. Acabaron en el destierro después de haber sido los representantes de los dos países más poderosos de la tierra, lo que supone una paradoja formidable".
El mayor premio, más que cualquier otro galardón, es que las obras se representen Para Mayorga, depositar la historia en un contexto dominado por el ambiente ajedrecístico le parecía realmente atractivo. "El mundo del ajedrez es realmente alucinante. Tan rico y extraordinario es ese mundo como el de los que viven en él. Estamos hablando de un juego absolutamente racional y cerebral que al mismo tiempo puede ser extremadamente violento en el sentido de que un jugador intenta anular al otro. En la obra le dice Fischer a Spassky,'no sólo quiero ganarte, quiero comerme tu corazón'. Por otro lado, la derrota en ajedrez tiene un sentido absoluto ya que a esta no se le pueden achacar excusas como el árbitro o el clima. Uno gana o pierde solo. El ajedrecista, además, tiene la capacidad de recrear partidas que pasaron hace muchos años". Desde luego, el ajedrez acaba convirtiéndose en 'Reikiavik' en una metáfora de la propia vida. "Como se dice en la obra, el ajedrez es memoria e imaginación y la vida también lo es. Tomamos decisiones a partir de experiencias previas, incluso a partir de experiencias de otros, igual que el jugador. Luego, nos situamos frente al abismo de la decisión e imaginarnos el futuro, como el jugador. El ajedrez es un juego extraordinariamente complejo e interesante que nos ofrece una imagen de la vida". Precisamente, la obra de Mayorga, echando mano de la excusa del ajedrez y la partida de Reikiavik, habla de la trascendencia de las decisiones, de las circunstancias que las condicionan, de la realidad que las envuelven... "La partida no es infinita y se enfrenta al carácter imprevisible del antagonista, lo mismo que en la vida".
Lo que pretendemos construir es una experiencia poética y cargada de emoción Aunque son tres los actores que participan en la representación, son varios los personajes que alientan el montaje. Mayorga recalca que,como autor, "tengo la obligación de defender y atacar a mis personajes". "Por un lado, trato de lanzar una mirada compasiva hacia ellos e intento entenderlos pero al mismo evito enamorarme de ellos. Tengo que buscar su luz y su herida, su fuerza y su vulnerabilidad", añade. Los que pueblan la escena de 'Reikiavik' le despiertan por igual "simpatías y reservas". Son personajes elaborados y matizados en intensas sesiones de ensayos donde las contribuciones de todos han sido decisivas. "Los ensayos son tanto más ricos cuanto más abiertos. Un director nunca tiene que perder de vista que es él quien ha de tomar decisiones. Pero también que la imagen final del espectáculo es el resultado de muchas conversaciones, también de discusiones y divergencias, y de un proceso rico en matices y detalles. Yo tenía algunas certezas, no muchas, cuando entré en la zona de ensayos y a partir de ahí hemos ido todos explorando hasta construir un espectáculo que, aunque ya estrenado, no está cerrado. Siempre estamos insatisfechos. Igual que como autor nunca doy por cerrado un texto, como director tampoco lo hago con el espectáculo. Creo que es importante que los actores se apropien del espectáculo en un determinado momento. Este tiene que estar en continua elaboración”. Reconoce que el Juan Mayorga autor entra en conflicto con el Juan Mayorga director a veces. "Es lógico. Una puesta en escena colisiona con la escritura en la que se basa y de la que depende y de la que al mismo tiempo quiere librarse". El trabajo actoral ha sido la base de la puesta en escena de este espectáculo. "El teatro es el arte del actor, el arte en el que un actor es capaz de convocar la complicidad de un espectador. Esta es una función de actores. Ellos son los que ponen en pie la función y presentan la vida y la luz de cada personaje".
"Reikiavik es una obra sobre la Guerra Fría, sobre el comunismo, sobre el capitalismo, sobre el ajedrez, sobre el juego teatral y sobre hombres que viven las vidas de otros. Y es una obra sobre seres que me son más misteriosos cuanto más cerca los miro", concluye Mayorga.