Sobre el origen de esta nueva antología que coordina José Ignacio García y que se suma al proyecto ‘Contamos la Navidad’ y a otra antología aparecida hace tres años en torno a cuentistas vallisoletanos que se inspiraron en la empresa Renault, el también crítico literario de La Nueva Crónica reconoce tener una cierta habilidad para manejar este tipo de proyectos editoriales. «Tampoco es que yo sea más especialista que nadie, pero a lo mejor es que le pongo más atención y cariño. A mí sí que me parecía que faltaba una antología importante del cuento en Castilla y León en lo que llevamos de siglo. Entonces se han dado varias circunstancias, como el hecho de que Castilla Ediciones, que es una editorial de Valladolid, cumple cuarenta años este 2021 y quería hacer algo especial. Me ofreció coordinar una nueva colección que ha creado llamada Cuentenario y que yo fuera un poco el encargado de aglutinar a los autores, de buscar escritores y en definitiva de difundir y promocionar la colección. Comenté al editor que llevaba tiempo con la idea de hacer una antología del cuento en Castilla y León y me pareció que podía ser una buena manera de comenzar esta nueva colección y de paso de celebrar los 40 años de la editorial», recuerda García, que se encontró con una respuesta entusiasta no solo por parte del editor sino también de los diferentes autores. «En este libro hay muchísimos escritores que ahora mismo pueden estar pugnando por ser el próximo Premio de la Crítica o que puedan concurrir al Premio Castilla y León de las Letras. Sin embargo no ha habido nadie que se haya negado a participar en este proyecto, si bien me da un poco de pena el caso de Elena Santiago y Fermín López Costero que aparecen en el libro a modo de homenaje póstumo. Otro caso que me duele, esta vez por no figurar en el libro, es el de José Manuel de la Huerga, que aunque fuera a título póstumo me hubiera gustado contar con un cuento suyo, si bien en el prólogo del libro animo a leer a José Manuel y recomiendo la lectura de un cuento suyo».
León encabeza el ranking de escritores presentes en la antología ‘Cuentos pendientes’ con alrededor de una quincena de autores, seguido de Valladolid, que supera ligeramente la docena, y algo más alejadas Zamora con cinco; Burgos, Salamanca y Segovia con tres y Palencia con dos. Tan solo dos provincias no cuentan con representación. «Aquí hay 43 autores, pero sí me dices que haga un libro como el que en su día hizo José María Merino para Alfaguara en el que revisó los cien años del cuento del siglo pasado y encontró a cien autores, estoy seguro de que yo también hubiera podido contar con cien autores castellanos y leoneses para hacer una antología muy digna», sostiene García, convencido de que el cuento en Castilla y León vive un buen momento. «Yo sé que cuando salga la antología se me va a criticar por todo, por los que he incluido, por los que no he incluido, por la forma que he tenido de incluirlos. Eso está ahí. Se me va a criticar porque de las nueve provincias castellanas y leonesas de dos no he sido capaz de encontrar a un autor, pero eso ya lo digo yo en el prólogo. También se me va a criticar porque hay una descompensación entre hombres y mujeres. A mí me hubiera gustado que el libro fuera mucho más equilibrado, pero mujeres de primer nivel es más difícil de encontrar», reconoce el coordinador de esta antología, que remite a otra anterior coordinada por José Luis Puerto en la que tan solo estaban presentes tres escritoras, entre ellas la recientemente fallecida Elena Santiago. «A modo de homenaje lo que hemos hecho es que antes del cuerpo que forman los 43 cuentos previstos hemos incorporado uno de Elena a modo de dedicatoria y que sea ella la que en cierto modo inicie la antología», destaca García, que también quiere dejar constancia de la diferencia de edad entre los 43 autores presentes. «Los más veteranos son autores nacidos en torno a 1950 mientras que los más jóvenes lo han hecho en 1980. En esos treinta años –como yo digo en el prólogo– hay algún caso en que cuando uno de los más jóvenes ha nacido los más veteranos ya habían hecho carrera. Pues eso hace que el abanico sea inmenso. Hay cuentos que son muy realistas, hay cuentos que son más vanguardistas, otros que son surrealistas. Hay cuentos que se basan en eso que se ha dado en llamar el ‘neorruralismo narrativo’, que es seguir un poco la esencia de los escritores que en el siglo pasado basaron toda su literatura en el campo. Hay ejemplos más adaptados a la modernidad, hay vanguardismo, hay experimentación... Si tuviera que buscar un denominador común a todos ellos diría que la calidad literaria es excepcional», argumenta García, para quien hay autores, los más veteranos, que conciben los cuentos como lo hacían sus homólogos en el siglo pasado. «Aquí también hay vacas sagradas y gente que concibe el cuento de esa manera. Sobre todo los primeros: Ignacio Sanz. José Antonio Abella, Tomás Sánchez Santiago, Gregorio Fernández Castañón, Avelino Fierro... Es que se da como una especie de progresión. Como el libro va ordenado por fecha de nacimiento se va viendo el rejuvenecimiento en la forma de escribir y eso creo que enriquece muchísimo la propia antología porque se va viendo ese cambio paulatino, ese cambio generacional que se ha venido produciendo en la literatura castellano y leonesa y de cara al lector es algo de agradecer».En el prólogo de ‘Cuentos pendientes (Cuarenta y tres voces del cuento castellano y leonés del siglo XXI)’, José Ignacio García hace referencia al estudio bipartito que José Luis Puerto elaboró para Edilesa en los años 2000 y 2002 con el título ‘El cuento literario en Castilla y León’ (vols I y II) y que reúne a los grandes nombres de la narrativa breve del siglo XX, como Ramón Carnicer, Miguel Delibes, Antonio Pereira, Carmen Martín Gaite o Josefina Aldecoa, entre otros muchos. «Es lo último digamos grande que se había hecho sobre el cuento en Castilla y León. A partir de aquellos nombres, que algunos siguen lógicamente vivos y funcionando muy bien, como Luis Mateo, Aparicio, Merino, Martín Garzo..., no se ha vuelto a hacer nada más. En el siglo pasado los cuentistas eran los que eran y sin embargo ahora es un género que se ha expandido mucho y si bien es cierto que cuentistas puros hay muy pocos sí que existen muchos más escritores que practican alternativamente el cuento», destaca García, para quien el cuento lógicamente ha experimentado una evolución y la manera de abordarlo por los autores del siglo pasado difiere a como lo hacen buena parte de los escritores que forman parte de esta antología. «Pienso que los veteranos escriben más desde la experiencia, desde la vivencia, desde la emoción, desde el recuerdo e incluso escriben desde el conocimiento de su propio territorio. La mayoría de escritores jóvenes que empiezan a tener una gran relevancia están muy viajados, lo que no sucedía con la generación anterior que vivía en su hábitat, en su entorno y tampoco se movían mucho de él. Ahora hay un mestizaje cultural y un cosmopolitismo que se nota mucho. En este libro tenemos a un escritor leonés, Ignacio Abad, que ahora mismo está viviendo en Tokio. Bastantes de los escritores que pueblan esta antología han vivido en el extranjero largas etapas de su vida. Se nota mucho que la gente joven es más vanguardista, más arriesgada, más atrevida, más experimental. Si me apuras, a nivel de profundidad, a nivel de fondo, el cuento tradicional tiene la pujanza de que esencialmente digamos es más contundente y a lo mejor los modernos son como más esteticistas», concluye.