La historia de ‘El señor Ibrahim y las flores del Corán’ se centra en la relación que se establece entre Momó, un adolescente judío, que se hace amigo en París del señor Ibrahim, un tendero árabe. "Es una obra cargada de emociones que obliga al espectador a pasar por diferentes estados, igual le hace reír que le hace llorar. Desde luego, no deja indiferente a nadie", insiste Barajas a propósito del mar de sensibilidades que se cita en una obra que ha obligado a la pareja de actores a una suma larga de exigencias. Y precisamente por ello, esta versión basa su puesta en escena en el trabajo actoral, en la capacidad de sus protagonistas para recrear las numerosas sensaciones que la abrazan. "Hemos huido de los estereotipos y abordado los personajes desde su propia humanidad y siempre a partir de nosotros mismos", indica Bermejo. Ha sido un exhaustivo trabajo de creación colectiva en el que, además de los dos actores, ha intervenido Alberto Díaz. "Ha sido un proceso creativo muy tranquilo, muy sosegado, sin precipitaciones. Después de tanto tiempo anhelando este sueño, no era necesario caer en la prisa y así hemos abordado el trabajo", comenta un Bermejo que recientemente ha podido ser visto en el film ‘Poveda’ y en un nueva versión de ‘Arte’ a cargo del nuevo grupo leonés Orig3n Teatro. Ambos actores decidieron no ver la película y formalizar el proceso de creación desde la desnudez, adaptando el texto a sus propias necesidades y sin necesidad de calcos innecesarios que lastraran el montaje.Lasubmarina estrena este sábado en El Albéitar (21:00 horas, entradas a 8 euros, la mitad para los miembros de la Comunidad Universitaria) en el marco del IV Ciclo de Artes Escénicas Leonesas este ansiado proyecto, donde se lanza un mensaje en favor de la tolerancia y la convivencia y que mantiene intacto su vigencia. "Situada en las afueras de una ciudad en la que conviven religiones, razas, culturas, costumbres y también prejuicios que, en muchas ocasiones, nos hacen apartarnos de nuestro vecino sin ni tan siquiera darle la oportunidad de conocerlo", insiste Bermejo. "Momó, un joven muchacho judío se hace amigo del tendero árabe de la calle Azul. Pero el tendero podría no ser árabe, la calle Azul podría no ser azul y el muchacho podría no ser judío, ya que la historia que se cuenta es mucho más que eso: es la muestra del amor, la tolerancia y el respeto". Tras ser estrenada en Trobajo del Cerecedo y representada luego en Ponferrada, donde logró un par de premios en II Certamen Nacional de Teatro ‘Vida Awards’, la obra vive otro momento más este sábado en León y añadirá otro más en abril con su presencia en el Certamen de Teatro de Reinosa.