Intxaurrondo: "La desinformación es un arma de manipulación que inoculan incluso desde portavocías oficiales"

La periodista vasca recala este viernes en el salón de actos de Alfonso V para presentar su primera publicación, la novela 'Solas en el silencio'

06/03/2026
 Actualizado a 06/03/2026
La periodista Silvia Intxaurrondo llega por primera vez a las librerías con su debut literario, ‘Solas en el silencio’. | CEDIDA
La periodista Silvia Intxaurrondo llega por primera vez a las librerías con su debut literario, ‘Solas en el silencio’. | CEDIDA

Después de saludar, lo primero que hace Silvia Intxaurrondo cuando descuelga el teléfono y antes de que arranque la entrevista es asegurarse del nombre de quien la llama. Lo recita con esa voz que parece vivir instalada en la radio y la televisión y lo repite en varias ocasiones durante la conversación, sabedora de que, al usarlo, se torna más sencillo no perder la atención del interlocutor. También, de que la mera mención ocasional dota automáticamente a sus respuestas de un mayor grado de calidez.

Son gajes del oficio de una profesional con más de dos décadas de trayectoria que, desde sus pinitos radiofónicos junto a Iñaki Gabilondo, ha pasado por diversos medios de comunicación, tanto privados como públicos. «El periodismo hoy en día tiene un estado de salud buenísimo», asegura: «Hay buenísimos periodistas que cada día pelean por la información, así que yo estoy muy pero que muy tranquila».

– Sin embargo, a veces parece que corren unos tiempos en los que el oficio está bastante denostado. 

–Yo creo que los buenos periodistas están haciendo un trabajo fantástico– reitera.–Luego, las intoxicaciones que provocan algunos medios y seudomedios de comunicación es otra cosa. Pero los periodistas honestos están haciendo un trabajo fantástico. Yo estoy muy orgullosa de formar parte de esta profesión.

Suena concisa y tajante, aunque igualmente familiar. La seriedad que encarna cada mañana en ‘La hora de la 1’ es compatible con una cercanía que desafía la barrera de la distancia. En sus palabras, lo que convierte a un periodista en uno bueno es «contar la realidad con honestidad» y «no dejarse intoxicar; contrastar la información y hacer que los intereses ajenos a la misma no triunfen sobre ella».

–Estamos en unos tiempos especialmente delicados para el periodismo porque la desinformación es un arma de manipulación de la opinión pública y ahora mismo se está inoculando de forma consciente a las sociedades para confundirlas en muchos aspectos, incluso desde portavocías oficiales– continúa.– Esto es un reto que debemos asumir los periodistas de esta época, pero, en general, creo que tenemos que estar muy orgullosos de cómo estamos actuando.

La honestidad es cualidad a la que alude en no pocas ocasiones. A su modo de ver, es el periodista «quien debe ejercerla» y no esperar que el lector, el oyente o espectador procure encontrarla con «un esfuerzo extra».

–El mes pasado, elDiario.es publicaba una carta póstuma de Carlos Hernández en la que señalaba como una de las máximas del periodismo que «la objetividad no es sinónimo de neutralidad» y que «contar la realidad con objetividad te obliga, casi siempre, a no ser neutral». ¿Confundimos honestidad y objetividad con neutralidad?

–Hay una idea que es la equidistancia, que es lo que nos han dicho otros que tiene que ser el periodismo; es decir, que demos voz por igual a uno y a otro– considera.– Eso sería dar voz por igual a un agresor y a una agredida, por ejemplo. Cuando vamos al caso concreto, sabemos lo que hay que hacer muy claramente: hay que ponerse del lado de la víctima. Creo que el concepto de la equidistancia mal entendida está haciendo mucho daño; si tienes la situación delante de tus ojos, tú sabes si se ha producido esa agresión quién es el agresor y quién el agredido.

Sostiene la de Baracaldo que «somos los periodistas quienes tenemos que reflexionar y abordar este debate. Pero me da la sensación de que son otros, desde fuera de la profesión o incluso medios que supuestamente abanderan esa objetividad que solo ellos pueden santificar, los que nos dicen ‘tenéis que hacer esto’ o ‘tenéis que hacer lo otro’», apunta. Y, de nuevo gajes del oficio, no tarda en preguntar: «¿Qué te parece si somos los periodistas los que realmente opinamos sobre lo que estamos haciendo? Probablemente ahí veríamos qué compañeros mienten y entonces deberíamos señalarlos porque los más interesados en que no haya periodistas que mienten y que confunden a la opinión pública deberíamos ser nosotros».

Portada de 'Solas en el silencio'.
Portada de 'Solas en el silencio'.

Es difícil quitarse el traje de periodista cuando se ha llevado siempre. Es compleja la tarea de desprenderse de una faceta ya convertida prácticamente en una segunda piel. Pero Intxaurrondo lo ha hecho embarcándose en la publicación de la que ha terminado siendo su primera novela, ‘Solas en el silencio’ (Harper Collins, 2025). Una obra que este viernes, desde las 19:00 horas, se convertirá en protagonista del salón de actos de la calle Alfonso V, donde su autora estará acompañada de la concejala Mercedes Escudero y el músico Arsel Randez.

– ¿Cómo empieza a fraguarse este debut literario?

– Yo siempre quise escribir– suelta y su voz se torna del todo dulce.– Lo que sucede, que nos pasa a muchos periodistas, es que uno empieza con una idea en la cabeza y luego la profesión le ofrece otras oportunidades. Pero, al final, si uno tiene la pulsión de escribir, siempre siente que tiene ese deber.

La mira ya puesta en una segunda novela, con la idea de una tercera ya ocupando parte de su pensamiento, la recién estrenada escritora se muestra completamente «agradecida a los lectores» por haber «confiado» en ella «para contarles esta historia». Tiene claro la vasca que «necesitamos muchos periodistas y necesitamos también muchos narradores».

– Son dos oficios distintos– dice.– El periodismo influye probablemente: la narración rápida, las palabras elegidas perfectamente para que sean concisas... Pero, al final, un buen narrador es lo que tiene que buscar: la palabra precisa en el momento adecuado con el ritmo pertinente

Confiesa la autora que escribir para ella es una forma de relajarse y de «vivir otras vidas». De entrar de lleno «en otro mundo distinto» que transforme al lector en una especie de cómplice, ofreciéndole «una historia para que viva muchas más vidas de las que podría vivir y experimente sentimientos que quizás no ha experimentado». También, «para retarle»; para «ver cómo reacciona». Todo a través de un relato protagonizado –reza la sinopsis– por «un grupo de mujeres que susurran el miedo, el desamor y la soledad» y que es, en parte, una forma de saldar las deudas pendientes con las «historias de mujeres que habían padecido violencia machista» y que a Intxaurrondo se le «habían quedado en el tintero». Esa historia de violencia y sororidad que la periodista convierte en libro llega a León dos días antes de celebrarse el Día Internacional de la Mujer.

–En el marco de esta celebración, el año pasado recibías el Premio Ana Tutor a la Igualdad. Con un movimiento feminista fraccionado que en los últimos años ha venido convocando dos manifestaciones contrapuestas, ¿percibes un desencanto creciente hacia el feminismo?

Percibo un movimiento feminista cada vez más fuerte– resuelve rápido.– Las mujeres y los hombres con los que yo hablo veo que tienen una lucha decidida por la igualdad. Otra cosa es cómo se materialice y cómo se manifieste, especialmente en un día como el 8 de marzo. Pero lo importante es que sigamos saliendo a la calle y que no nos olvidemos de que, a pesar de que hemos recorrido un camino largo en un tiempo relativamente corto, aún nos queda muchísimo por hacer y sería un error conformarnos con haber llegado hasta aquí. Sería un error decir ‘el trabajo ya está hecho’; es más, sería un error terminar el trabajo y no decirle a las nuevas generaciones en qué consistió. 

Es por esas mujeres cuya vida «nos estamos jugando», por aquellas que «tienen miedo» incluso a denunciar su situación por lo que un día Silvia Intxaurrondo se puso a escribir. Como una manera de «exigir muchísimos recursos más de los que están ahora mismo puestos a disposición para atenderlas» es que se presenta su publicación que, en forma de ficción, desvela de un modo u otro los detalles de muchas realidades. No han sido pocas las mujeres que, tras leerlo, se han acercado a la autora demonstrándole que hay realidades que superan toda ficción.

–En la Feria del Libro de Madrid del año pasado, una mujer víctima de violencia machista se me puso enfrente y me dijo: «En mi caso te habrías quedado corta».

Revindica por ello la autora el ejercicio de sororidad, pues el silencio no resulta tan ensordecer estando en compañía. Lo hace en su libro, pero también en su vida, defendiendo la lucha por la igualdad y despidiéndose con un«feliz 8M» que suena honesto. Tan honesto como el buen periodismo.

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