Los inolvidables: Ventura Argüello, tan fino capando como con el violín o la guitarra

De profesión capador, fue uno de los leoneses más conocido de las décadas centrales del pasado siglo, no solo por lo ‘exótico’ de su oficio también por su habilidad para la música y ser uno de los clásicos de aquella ‘bohemia leonesa’

08/06/2025
 Actualizado a 08/06/2025
Su instrumento preferido era la guitarra, «pero cualquiera que le dejaras una semana lo acababa dominando», como el violín. | ARCHIVO FAMILIAR
Su instrumento preferido era la guitarra, «pero cualquiera que le dejaras una semana lo acababa dominando», como el violín. | ARCHIVO FAMILIAR

José, el hijo pequeño de Ventura Argüello, recuerda que «ir por la calle con mi padre era un tormento. Le paraban en todos los portales, le conocía todo el mundo, y él tenía una anécdota y un recuerdo con todos». 

Muchos leoneses, muchos, conocían a Ventura ‘el capador’. De todos los estratos. «Por su oficio era amigo de todos los tratantes y ganaderos;pero no sé cómo lo hacía pero tenía amigos en todos los grupos sociales. Recuerdo una vez que tenía que hacer un trámite en el Ayuntamiento y me dijo, vamos. Nada más entrar se empezó a arremolinar gente, de los municipales al alcalde, ‘hombre Ventura’, yo alucinaba»; sigue recordando su hijo. 

Y es que Ventura Argüello ya se quedaba con el personal cuando desvelaba que era «el capador», una profesión muy valorada en aquella época —hoy en manos de los veterinarios—pues no era nada fácil y había que ser muy hábil y tener buen instrumental. De las dos cosas iba sobrado Ventura y se entiende el prestigio pues «poner en sus manos los cerdos para la matanza, los toros y castrones, jatos, era depositar buena parte de la economía familiar de muchos ganaderos de todo tipo», explicaba en su 100 cumpleaños el que es tal vez el último capador vivo, Germán Morán, de Nocedo de Curueño, ya con 101 años y que conoció a Argüello:«Claro que sé de él;era el que venía ahí para la zona del Torío y amigo de mi tío Joselón, que fue el que me enseñó el oficio a mí. Entre los capadores nos conocíamos todos y nos ayudábamos, que nadie se metía en el territorio del otro», explica Germán, que era el capador del Curueño; y Ventura el del Torío. «Aunque al vivir en León a veces venían a buscarle de granjas o ganaderos que conocía del trato pues tenía mucha fama. Pero no le gustaba meterse en el terreno de nadie», cuenta su hijo. 

Los capadores de aquella época debían estar ‘habilitados’ para ejercer el oficio y darse de alta en él. «Mi padre fue uno de los primeros autónomos de León»;aunque la mayoría de ellos tenían otra profesión pues lo de capar era bastante temporal, centrado especialmente en la época de los cerdos pensando en las matanzas domiciliarias, que entonces se hacían en todas las casas. «En esas épocas marchaba a trabajar y tardaba semanas en volver. Iba recorriendo los pueblos y ya se iban avisando de su presencia;aunque a mí padre le gustaba tocar el chiflo, como los vendedores ambulantes, para anunciar su presencia. Por casa anda todavía el instrumento».

La familia ‘casi’ al completo, Ventura y su mujer Virginia con cuatro de los cinco hijos que tuvieron. |L.N.C.
La familia ‘casi’ al completo, Ventura y su mujer Virginia con cuatro de los cinco hijos que tuvieron. |L.N.C.

Un chiflo de curioso nombre, otro de esos que también se pierde con la desaparición del oficio:«Castrapuerca». Con ese nombre lo guarda el coleccionista de todo, Pepín Muñiz, que le hace sonar para demostrar que suena parecido al del afilador pero «simplemente chiflaba, sin florituras» y, dice Pepín, «los chavales de los pueblos se escondían al escucharlo pues solo pronunciar el nombre del capador ya les infundía respeto». 

Hablando de palabras que también se van con el oficio había otra para los intrusos, aquellos que no se daban de alta, lo que suponía además obtener un certificado que te habilitara para el oficio y que te expedían en la Facultad de Veterinaria. Aquellos que ‘pasaban’ del trámite y, sin embargo, ejercían eran los llamados ‘zurupetos’;pero ya se ha señalado que tenían poco recorrido pues los ganaderos acudían a los de más prestigio ya que ponían en sus manos mucho «patrimonio» y una infección por una mala praxis era terrible.

Guarda la familia de Ventura Argüello el chiflo, la castrapuerca, pues entronca con otra de las pasiones del tratante y capador:la música. Entre fotografían que guardan aparece nuestro personaje tocando el violín. «Lo suyo era la guitarra, era la que más le gustaba, pero mis hermanos mayores y todos los que le conocieron destacan la facilidad que tenía para la música. Tu le dabas cualquier instrumento, del violín al piano, o lo que fuera, y en una semana el tío lo tenía dominado. De oído, por supuesto, que estudios no tenía».  

Y dado que todo va enlazado... la música le llevaba directamente a la bohemia leonesa, en la que también fue un clásico. La suma de su presencia en estos ambientes, su trato directo con los ganaderos de buena parte de la provincia, su carácter abierto y su reconocida generosidad —«fueron muchas las familias pobres a las que no cobró sus servicios»— hicieron de Ventura Argüello uno de los personajes más conocidos y queridos de aquel León de los años 50 al 80, cuando él ejerció. Se retiró y falleció en 1988, a los 68 años, este leonés nacido fuera de la provincia, que vino con su padre, tratante, para pasar por la comarca de Valencia de Don Juan y Mansilla antes de instalarse en León y ejercer en Los Argüellos, casi como su apellido. 

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