Iniciación

Luis Cavanna Benet recuerda en este artículo su estancia en Vegamián con su tío Juan Benet, ingeniero autor de la presa y escritor que inventó el territorio Región inspirado en aquel valle

Luis Cavanna Benet
26/05/2018
 Actualizado a 16/09/2019
Paisaje de Vegamián antes del embalse. | ARCHIVO LUIS CAVANNA BENET
Paisaje de Vegamián antes del embalse. | ARCHIVO LUIS CAVANNA BENET
A principios de los años sesenta, hablé con mi tío Juan Benet (Don Juan desde entonces) para consultar a la eminencia de la familia sobre mi futuro profesional. Me dijo que hiciese lo que quisiera, menos ingeniero y médico, ya que lo primero era un latazo y para lo segundo había que ser muy inteligente para andar con la vida de los demás en las manos. De todas formas que si me empecinaba en lo de la ingeniería, que él iba a dirigir una construcción de una presa en las montañas de León y que me fuese a convivir con ellos cuando quisiera. Así pues en el verano de 1961 con mi bachiller recién aprobado, me encaminé hacía las obras del embalse del río Porma.

Al llegar, me deslumbró el agreste paisaje del lugar y más cuando me contaron que en el invierno pasado habían cazado un oso inmenso. Las fuerzas vivas del lugar arroparon la muerte del animal que estaba en proceso de disecación para su exposición en el Ayuntamiento de Boñar. Enseguida me contaron otras historias sobre los ermitaños que parecía que habitaban en los lugares mas recónditos de las montañas. Sobre los maquis no me contaron mucho pues suponían que ya habrían muerto todos de viejos.

La construcción de una presa es una obra colosal por sus dimensiones y diversidad de trabajos a realizar. Se levantaron barracones para albergar unos 300 obreros, comedores, talleres, oficinas…El futuro embalse sepultaría total o parcialmente ocho pueblos del lugar por lo que se inició con la negociación o más bien la imposición de las indemnizaciones a pagar por las expropiaciones de casas, terrenos y bienes que desaparecerían bajo las aguas. Lo siguiente fue la construcción de un nuevo cementerio que acogiera los restos reclamados por los familiares de los cementerios antiguos. Y como aún quedaron muchos restos sin reclamar, se procedió al sellado con hormigón de los cementerios para evitar que en el futuro salieran a flote restos humanos.Después se inició la construcción de las nuevas carreteras y caminos que sustituirían a las que iban a desaparecer bajo las aguas y que bordearían al embalse.Aparecieron como buitres los anticuarios para llevarse escudos, blasones, piedras, rejas, balcones y todo con lo que pudieran comerciar.La construcción de la presa empezó por la desviación del río de su cauce habitual para comenzar a hormigonar en el lecho del río.Se solicitó permiso para trabajar 24 horas seguidas y los siete días de la semana lo cual fue concedido, no olvidemos que el promotor de la obra era el Estado. Y se puso una sola condición que fue que se celebrara la santa Misa en el lugar los domingos y días festivos. Para ello un LandRover recogía al cura de Vegamián, lo llevaba a la obra, decía misa en el comedor a la que asistían unos cuantos feligreses, el señor cura desayunaba, cobraba dos duros y era devuelto a Vegamián donde jugaba a los bolos leoneses con sus parroquianos.Una presa, simplificando las cosas, es un muro colosal de hormigón que retiene las aguas. Esta presa necesitó 345.000 m3. Para esa ingente cantidad de hormigón necesaria, lo que se hizo fue fabricar el hormigón a pie de obra y distribuirlo allí mismo. El hormigón es una mezcla de arena, grava, cemento y agua. Se localizaron unas canteras de piedras en los alrededores y se transportaron en camiones hasta la estación de machaqueo y clasificación por tamaños de los áridos (arena y grava). La forma de controlar el número de camiones que entraban o salían de la estación de hormigonado es un ábaco gigante. El agua se bombeaba desde el río y el cemento se traía en camiones a un silo. Algún moderno tuvo la idea de construir el silo de cemento con las últimas técnicas de entonces, haciendo una estructura central y construyendo las paredes de arriba hacia abajo descolgándose de la parte mas alta. El silo salió hecho un churro y con una serie de abombamientos en las paredes que después hubo que maquillar. El maestro de obras Lorenzo decía a Don Juan: «esto no puede ser, esto se va a caer y habrá desgracias.» He visto con alegría que el silo 50 años después sigue en pie como figura decorativa.El hormigón se distribuía a toda la superficie de la presa con una cuba que se trasladaba por un cable que iba de un lado a otro de los límites de la presa por medio de unas grúas colocadas sobre carriles para su desplazamiento lateral.

La única vez que yo vi que hubo que parar la obra, fue con motivo de una visita de Franco a León en que obligaron a cerrar todos los bares del pueblo así como todos los establecimientos y trabajos, además de tener que poner autobuses, bocadillos y banderitas para acudir a la capital a recibir al Caudillo. Ese día bajamos a Boñar a tomar algo pues pensamos que alguien nos acogería en su trastienda, pero fue imposible pues la guardia civil patrullaba por el pueblo comprobando que todo estaba bien cerrado. Nos volvimos a casa a tomar algo allí.

La única distracción colectiva que podías tener después del trabajo, hacia las siete de la tarde, era beber y jugar a las cartas o al domino, juego preferido de Don Juan donde le molestaba mucho perder. Si el tiempo lo permitía, jugábamos al crocket y Don Juan disfrutaba mucho cuando golpeaba las bolas de sus rivales lanzándolas fuera del terreno de juego.

Uno de los ayudantes de Don Juan A. Sánchez, era hijo de uno de los cuidadores de las pistas de tenis del Club Puerta de Hierro de Madrid y en iguales circunstancias había otro niño llamado Manolo Santana. Ambos niños aprendieron a jugar juntos por las noches cuando se cerraba el club y participaban en torneos infantiles ganando unas veces Antonio y otras Manolo pues estaban a la par en nivel de juego. Cuando llegó el momento de elegir entre seguir jugando o estudiar, Manolo se decantó por lo primero y Antonio dejó las raquetas para estudiar ayudante de Obras Públicas ya que pensaba tendría mucho mas porvenir ….

Se construyó una tosca pista de tenis detrás de las viviendas y allí Antonio nos enseñó a dar pelotazos. Don Juan también jugaba pero, eso sí, con pantalón largo algo remangado, jersey de pico y gorra, muy inglés.

No llegaba la televisión, ni la radio, únicamente y por la noche, podías sintonizar en onda corta la BBC. Era un aislamiento casi total que se acrecentaba en invierno cuando más de medio metro de nieve cubría todo. Las temperaturas eran gélidas y yo he llegado a ver 24 grados bajo cero en los termómetros. Cada mañana, hacia las 8, camino de la oficina, apostábamos por averiguar la temperatura que marcaría el termómetro -12º, -16º,-20º ya que a partir de -10º no se es capaz de notar ninguna diferencia. Por el contrario la atmósfera estaba limpia y nítida con lo que se resaltaban los colores y la distancia visual se alargaba muchísimo. Yo he estado a uno bajo cero un 22 de Agosto día de mi cumpleaños. Los motores de los camiones no se paraban nunca y los coches en sus garajes tenían todos un infrarrojos encendido frente al radiador.

La paga de los salarios se hacía semanalmente los sábados y en efectivo por lo que venía un habilitado escoltado por la guardia civil que repartía el dinero en sobres. Ese día los bares de Boñar se llenaban de gente, cánticos, alegrías y también nostalgias. La vuelta en coche desde el pueblo al pantano que eran 8 kilómetros había que hacerla a 20 por hora porque a la vuelta de cada curva podías encontrarte gente dando tumbos por la carretera y las cunetas. Había quien empleaba toda la noche para llegar al pantano.

La vivienda de Don Juan era muy sencilla y agradable, con muebles de pino y su tocadiscos con Schubert y Wagner sonando siempre. Él escribía de noche cuando los demás nos íbamos a la cama y a las 8 ya estábamos todos camino de la oficina.

Además de ‘Volverás a Región’, allí comienza a escribir ‘Una Meditación’ encargando a la carpintería de la obra dos cilindros de madera y una caja que los contuviese para escribir en continuo con la Olivetti. Tigre, un mastín leonés de impresionante tamaño vigilaba el lugar por las noches.

La obra duro 8 años y pretextó un viaje al extranjero para no asistir a la inauguración oficial por parte del ministro del ramo.

Tiempos iniciáticos de muchas cosas.
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