Hace tiempo que no escribo para otros, pero hoy, tras el incidente que tuvo mi amigo y maestro, el pastor Paco Morgado, me veo en la obligación de hacerlo.
Luis Rosales, poeta español, dice que hablar es una forma de castración, pero aun así, hay que hablar. «Tienes que hablar sinceramente hasta la extenuación y has de hacerlo con humildad».
Siendo sus palabras mi brújula, me gustaría comenzar este texto con una reflexión de Antonio Escohotado, filosofo y jurista español: «Un país no es rico porque tenga diamantes o petróleo. Un país es rico porque tiene educación. Educación significa que, aunque puedas robar, no robas».
Mientras Paco iba rumbo al puerto con sus ovejas, algunas de ellas murieron de forma injusta intoxicadas por el cereal sembrado ilegalmente en la Cañada Real. Como así han revelado los análisis.
Él (Paco) hace tiempo ya anunció que esto pasaría, y pasó. Así, bien podríamos decir que educación también significa que, aunque puedas sembrar en la cañada real, no siembras.
Lo acontecido, para mí, es una muestra de la decadencia y el nihilismo frente al que como sociedad nos hallamos.

Una sociedad que desconoce su historia y que necesita más y más prohibiciones, se traduce en una sociedad manipulable y, por ende, muerta.
Como agricultora me apena. Qué te voy a decir querido lector, no lo quiero evitar.
Ojalá la cañada estuviera sembrada de respeto para que todas las ovejas de mi amigo hubieran llegado al puerto. El cultivo idóneo para que caminen juntas ganadería y agricultura como ha sido siempre.
Quiero que mis palabras sean una expresión de apoyo incondicional a Paco ante el desamparo de la justicia y de la realidad presente. Hacer de ellas las mejores semillas. Sembradas para que el que viene detrás recoja sus frutos y se mantenga viva la importante labor para el campo que es la transhumancia.
Sin prisa, seguimos caminando.