Historias escritas en los nichos

Hay cementerios de pequeños pueblos, vacíos en muchos casos durante el invierno, que son la mejor enciclopedia del lugar, el único libro que cuenta la historia de sus habitantes, mucho más interesante y sorprendente de lo que se podía imaginar

01/11/2026
 Actualizado a 01/11/2026
El cementerio de Piedrafita de la Mediana cumple a la perfección con las creencias, que esté al sol y tengan buenas vistas «sus moradores».
El cementerio de Piedrafita de la Mediana cumple a la perfección con las creencias, que esté al sol y tengan buenas vistas «sus moradores».

Fue habitual por estas fechas de Todos los Santos un reportaje, entrevista o similares con un recordado, y muy querido, profesor leonés de la Facultad de Periodismo de Madrid:Bernardino Martínez Hernando, quien antes de irse a la capital fue un personaje fundamental de la cultura leonesa, vinculado, por ejemplo, a las revistas Espadaña y Claraboya o el Club Cultural y Deportivo Forecu;por citar algunos ejemplos. El motivo de estos reportajes era una curiosa afición de Martínez Hernando:Coleccionaba esquelas. Pero el profesor explicaba que no se trataba de una excentricidad, ni siquiera curiosidad, era «material didáctico para sus clases» pues, defendía, y así lo explicaba en clase y documentaba en un trabajo titulado ‘La muerte mensajera. Las esquelas de defunción como elemento informativo’.  Lo ampliaba en una entrevista en La Nueva Crónica:«Las esquelas de defunción figuran en los periódicos como sección especial,  publicitaria. Con todas las consecuencias. Sin embargo, no admite un análisis meramente publicitario: la carga informativa de las esquelas de defunción es tal y tanta que exige un análisis en el mismo nivel de las secciones de información y opinión del resto del periódico». 

Y en esa misma entrevista ‘regalaba’ un consejo: «Como vivo en Madrid y tengo acceso a los periódicos los utilizo como material para las clases;te aconsejaría hacer algo parecido con pequeños cementerios, de lugares sin estudios académicos publicados. Los resultados serían sorprendentes».

Pues es el momento. Vamos con ellos. Pequeños pueblos del Alto Torío, los más despoblados (algunos tan despoblados que no vive nadie en invierno y, precisamente, después de los Santos cierran la puerta, quitan el agua de las cañerías y se despiden hasta la primavera, como poco.

Arranca la ruta en Piedrafita de la Mediana, uno de los que queda vacío en invierno y que estos días reúne por última vez a sus vecinos. Es buena idea ir detrás del panadero pues salen todos los habitantes, concretamente cuatro.

Las calaveras infantiles en la pared de la iglesia de Villalfeide (y Rodillazo)hablan de un enterramiento. | MAURICIO PEÑA
Las calaveras infantiles en la pared de la iglesia de Villalfeide (y Rodillazo)hablan de un enterramiento. | MAURICIO PEÑA

Lo que más llama la atención del pequeño cementerio de Piedrafita es su ubicación, en una empinada loma, la única que queda «por encima de la carretera». 

- ¿No estaría mejor en medio del pueblo, más cerca para los entierros?
- No hijo no. Los cementerios de la montaña tienen que estar al sol, en la solana. Bastante tienen los pobres con  haber muerto para, encima, tenerlos a la sombra, como los presos.

No les debe faltar razón a estas mujeres (el hombre no dice nada)pues el de la cercana localidad de Campo está igual y el de Canseco, el de Rodillazo, Correcillas pueblos, todos, como dicen ellas «empinados».

En Piornedo, a apenas 1 kilómetro, tienen un entierro reciente, de agosto, el de Ovidio, El Gallego, que fue varios años presidente de la Junta Vecinal y vivía enfrente de la iglesia que «tiene noticia:La campana».

Durante décadas la noticia en este pueblo era que congregaban a los vecinos golpeando con el tope de un tren contra una rueda, también de tren. Allí sigue, pero un poco más arriba de la pared, luce la pequeña campana que es ahora la que toca a concejo u otros menesteres propios del toque de campana. 

Campo es la siguiente pedanía bajando por una carretera en la que los ganaderos parece que también ponen fin a la temporada en la montaña y Miguel,  va bajando con su ganado. En Campo durante muchos inviernos tan solo vivía la familia de Paulino, todo un personaje. Bueno hasta decir basta, buen jugador de bolos, habitual viajero en una Vespino para hacer la compra, con nieve y heladas. También falleció en los últimos tiempos pero este buen paisano había pegado un tremendo bajón cuando perdió a un hijo con solo 38 años. En el panteón familiar es la única placa que puede verse, la de su hijo. 

El cementerio de Campo es de los más pequeños de la provincia, apenas cinco nichos y, curiosamente, dos de ellos tienen historia:Uno es el de Paulino y Paulinín ‘su hijo’, un chaval recordado en el mundillo del ciclismo pues corrió durante un buen número de años en equipos aficionados dejando un recuerdo de bondad y fortaleza inolvidables. Quien fuera su entrenador, Juan Fernández, siempre lo contaba:«He tenido pocos chavales más fuertes y profesionales en el sentido de entrenar, cada día, subiendo puertos, el Pajares... pero tenía un problema muy grave, como vivía solo, entrenaba solo, no sabía ir en el pelotón, se ponía muy nervioso y tenía que quedarse a la cola. Lo utilizaba para volver a subir a alguno que quedaba rezagado, lo hacía como nadie ¡Qué pena!», lo decía su entrenador por su muerte, tan joven, y por el ciclista que podía haber sido y no lo fue. 

Solo hay 5 tumbas en Campo. Otra de ellas es la de  Familia de Benjamín Fernández Fernández. Tal vez la historia de la lápida se completa con una placa en la fachada de una casa cerrada:«AJosé María Fernández del Río y Fernández. Benefactor de este municipio».  

Fernández del Río y Fernández —que unió su primer y tercer apellido— fue en épocas un personaje muy buscado por la prensa porque el día del tristemente famoso 23 Fel leonés era Gobernador Civil de Valencia, es decir, tal vez sea de los españoles que más sabe de aquella noche de locura en el país. Sin embargo, el leonés jamás ha querido desvelar nada de aquella noche del golpe de Estado fallido. Lo único que ha dicho —a nuestro compañero el fallecido Manuel C. Cachafeiro—abre aún más la caja de las sospechas y de que guarda muchos secretos:«El que más habló con Milans aquella noche fui yo y Alfonso Armada lo que está contando son muchas milongas».

En Canseco, saliendo de la carretera ‘general’ hacia la izquierda se vivió en una esquina de su cementerio una historia con un ramo de flores como protagonista. En la esquina donde se creía que había 4 represaliados de la guerra civil enterrados y se había pedido su exhumación aparecía cada año, en fechas previas al día de Todos los Santos un ramo de flores, que en la ARMH desconocían quién lo colocaba por lo que no podían excavar la fosa pues imaginaban que las flores eran de algún familiar al que no tenían localizado, por lo que no iniciaban los trabajos. Falleció la mujer que llevaba las flores y en el proceso de exhumación apareció el hijo de la mujer que llevaba las flores y les explicó el misterio del ramo de flores.

El cementerio de Campo es de los más pequeños de la provincia, pero muy cerca hay otros dos pueblos que ni tan siquiera tienen cementerio, son Almuzara, que comparte el de Cármenes, y Tabanedo, que lo hace con Felmín.

Muy cerca de Tabanedo está Rodillazo, con otra curiosidad. Tiene su cementario «al sol», como corresponde, pero en el interior de su iglesia de San Pelayo, donde hay unas calaveras incrustadas en la pared, de misterioso origen, sobre las que hay teorías, pero ninguna certeza, más allá de que debió «haber un enterramiento;un cementerio, en definitiva». Ymuy cerca, en Villalfeide, donde las ánimas andan por la calle , hay otro muy similar, en su iglesia de San Félix. En este caso son calaveras, también en la pared, pero infantiles, cuatro que formaban una cruz, pero una se cayó y esta el hueco. «Aparecieron cuando hicieron una obra para quitar las humedades, pero nadie sabe su origen». 

Ni siquiera Máximo Gómez Rascón, gran experto en arte, se atreve con una teoría cierta sobre su origen, sí sobre lo extraordinario de su existencia: «Que yo sepa existen estas dos y otro caso parecido en Gordaliza del Pino». 

Sí debía tener razón Bernardino Martínez Hernando que en los cementerios está escrita la historia no escrita de muchos de nuestros pequeños pueblos. 

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