"Hijo de guardia civil, nací en un cuartel, el día del Pilar... estaba predestinado"

Juan Villa González, teniente coronel de la Comandancia de León, se jubila justo el Día del Pilar, ya que nació ese día de la patrona en un cuartel, hijo de guardia civil, y su madre se llamaba Pilar. Fin a 48 años de servicio en el cuerpo

11/10/2026
 Actualizado a 11/10/2026
Juan Villa González durante su útima entrevista en activo pues el día del Pilar, el mismo día que nació en un cuartel, llega su jubilación. | F. FERNÁNDEZ
Juan Villa González durante su útima entrevista en activo pues el día del Pilar, el mismo día que nació en un cuartel, llega su jubilación. | F. FERNÁNDEZ

«Soy hijo de Guardia Cilvil, mi madre se llamaba Pilar, nací en un cuartel, el día del Pilar... creo que no tenía escapatoria» dice Juan Villa González, teniente coronel en la Comandancia de León mientras recoge sus pertenencias personales en su despacho pues este lunes, día del Pilar y de su cumpleaños, se jubila. 

- ¿Fin a cuántos años de servicio?
- A 48;entré siendo casi un niño, con 16 años ya fui a la Academia de Guardias Jóvenes para incorporarme como guardia nada más cumplir los 18 años, la mayoría de edad. Pero es acertado que me preguntes ¿cuántos años de servicio? pues dejo el trabajo, pero no la guardia civil pues lo seguiré siendo mientras viva. La guardia civil ha sido, es y será mi vida. 

Y después de la broma de ser hijo de guardia, nacer en un cuartel, el día del Pilar... matiza o explica lo de no tener otra salida. «Quise ser guardia, aunque es una broma que siempre hago, y ya te lo digo por si me lo ibas a preguntar;no me arrepiento, ahora miro hacia atrás y estoy convencido de que es la mejor decisión de mi vida; es una forma de estar en el mundo, de ser, he aprendido mucho y espero haber enseñado algo». Y después de todas esas coincidencias en torno al día del Pilar, añade otra, menos feliz. «Es un día en el que tengo sentimientos encontrados pues a todas esas coincidencia felices se une que mi pobre madre, Pilar, también falleció ese día, por lo que me produce sentimientos algo encontrados, con la celebración del día no puedo dejar de tener un recuerdo para mi pobre madre».

- Siempre dices ‘mi pobre madre’.
- Ya. Me sale. Es cariñoso, lo hago porque falleció joven y para reconocer su vida, no es fácil ser la mujer de un guardia civil, de aquí para allá, horarios complicados... muchas cosas. 

- Llevas 48 años en ‘la empresa’, pero imagino que de niño querrías ser, yo qué sé, jugador del Real Madrid, viendo lo madridista que eres.
- Claro. Bueno, de niño era muy inquieto, me apuntaba a todo, actividad que salía yo me apuntaba y después tenía que ir ‘mi pobre madre’ a borrarme.  Crecí en un cuartel y afortunadamente eran lugares llenos de niños, tenías muchos compañeros de juegos, y a nuestros padres los veíamos, al menos yo, como nuestros héroes, una figura que admirabas. Por eso pronto, en la adolescencia, tenía claro que quería ser como mi padre. Yme hice guardia.

 Juan Villa González junto con Gelín. | L.N.C.
Juan Villa González junto con Gelín. | L.N.C.

 

Y era «un polilla» cuando llegó a su primer destino, en la Montaña, en Cármenes, con el recordado cabo Manolo. «Yo era casi un niño y aquella gente de la montaña me miraba como diciendo  ‘y este rapaz’... Pero me trataron con un cariño enorme, les estoy muy agradecido, sigo teniendo amigos allí. Te diré una cosa, cuando ascendí a comandante mi primero servicio fue ir a Cármenes, a ver a aquella gente».

- Siempre asociamos a la guardia civil con el mundo rural.
- Es que es nuestra razón de ser, nuestra esencia. Nacimos para cuidar el mundo rural y en los pueblos es donde más se nota nuestra presencia, donde más nos agradece la gente que estemos. A mí me duele mucho cada vez que se cierra un cuartel, entiendo las razones, pero me duele mucho».

A pesar de ello, Villa González, recorrió medio mundo. Dice que aquel niño inquieto reapareció y buscó siempre nuevos retos, nuevos destinos. «Cuando ascendí a cabo, muy joven, fuí a la central COS de Palencia y después varios años en Policía Judicial y comandante de puesto en Matallana. Después marché a Madrid, allí estuve en Seguridad Ciudadana y también en el Aeropuerto de Barajas. 

- Y por medio mundo en misiones.
- Sí, anduve varios países. Estuve en dos misiones de Naciones Unidas, en Mozambique y en Bosnia, y después en un proyecto de la Unión Europea en la lucha contra el narcotráfico en Bolivia.

- Ahí vivirías las situaciones más duras, en el aspecto humano.
- Claro. Estas misiones son en países  que tienen dificultades de todo tipo o están sufriendo una guerra.

Y reflexiona Juan Villa sobre la dureza y la injusticia de estas situaciones tan duras. «Yo creo que son gente exactamente igual que nosotros, con las mismas emociones, inquietudes, no son extraterrestres, lo que ocurre es que nosotros somos unos privilegiados por haber nacido en el lado cómodo de la historia. Y creo que la sociedad tiene que mentalizarse de que necesitan ayuda y se la tenemos que dar».

Una ayuda que este guardia leonés está convencido de que forma parte de la genética de la Guardia Civil. «No podemos ni debemos olvidar que somos un cuerpo Benemérito, que es lo que más nos honra, que estamos para ayudar, para hacer el bien, y eso es lo que nos devuelve la población, que entiende que estamos para ayudar...

- Menos los de Tráfico.

Lo recibe con una gran carcajada y después defiende la labor de esta ‘parte’ del cuerpo. 

Después de recorrer medio mundo aquel guardia nacido en el cuartel de Gusendos de los Oteros, con la familia en Pola de Gordón, regresa a León. «Al ascender a comandante vine de Jefe de Operaciones y segundo Jefe de la Comandancia; y de teniente coronel he estado de interventor de armas de la zona de Castilla y León. 

Una imagen cargada de simbolismo, después de 48 años en la Guardia Civil, el teniente coronel Juan Villa recoge sus pertenencias para irse a casa. | F. FERNÁNDEZ
Una imagen cargada de simbolismo, después de 48 años en la Guardia Civil, el teniente coronel Juan Villa recoge sus pertenencias para irse a casa. | F. FERNÁNDEZ

 

Y mientras va recogiendo sus pertenencias personales en su despacho no puede evitar echar una mirada atrás, a 48 años de servicio, desde que fue de ‘polilla’ a Cármenes, cargado de miedos, hasta el teniente coronel que se va, aunque siga siendo guardia civil.

- ¿Misión cumplida?
-Nuestra máxima satisfacción es el deber cumplido y, sin ser perfecto, cuando echo la mirada atrás creo que he cumplido con la Guardia Civil, he dado siempre lo que tenía y, es cierto, he recibido mucho más. A la Guardia Civil le debo todo lo que soy, lo que he sido, y yo he tratado de darles lo mejor de mí. Estaré siempre agradecido de que me permitiera disfrutar de esta forma de vida, de la que he aprendido mucho, a convivir, a tener unos valores, una familia personal y otra familia mucho más grande que son todos ellos. No puedo decir otra cosa, que mereció la pena.

Y cuando está a punto de despedirse, en los últimos días, le han llamado del cuartel de su pueblo, La Pola de Gordón, donde tiene tantos amigos, para que se despida allí, en su cuartel, con un homenaje. «Es el cierre perfecto de una vida, lo más grande que me puede pasar, en mi pueblo».

- Pero naciste en Gusendos.
- Ese ser inquieto ya lo era antes de nacer y me adelanté para nacer el día del Pilar. También tengo un sentimiento de pertenencia a Gusendos, soy de allí y regreso siempre que puedo al pueblo. Siento que también es el mío.  Allí nací y no renunciaré a ello, también forma parte de la esencia de la Guardia Civil, esa itinerancia, de un cuartel a otro. 

Ahora llegan nuevos retos. «No tengo huerto, ni voy a visitar obras, pero no me faltan cosas que hacer, ni mucho menos. La primera bajar unos cuantos kilos, que con tantas comidas de despedida me puesto orondo».

- Dices que serás guardia civil mientras vivas, ¿serás también de los que está acudiendo al cuartel cada poco?
- No, para nada. Es un sentimiento íntimo, en ese campo haré caso del consejo de un general que me dio un consejo cuando le dije que iba poco por la Comandancia:«Villa, hay que saber cerrar la puerta».

Y él la cerró, con un «gracias» enorme pero empieza otra vida. 

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