En cuanto te sientas al lado de Isaac Núñez te das cuenta de que estás ante alguien muy especial. En cuanto le escuchas sabes que solo le mueven sus convicciones profundas y tener muy claro qué quiere hacer, en qué cree, cómo estar en el mundo. En cuanto lo piensas te gana para su causa, que no es otra que la se la solidaridad, la lucha al lado de los más débiles.
- La pena es esto…
Isaac Núñez, 79 años, cabreirés de San Pedro de Trones, sigue atendiendo las 14 parroquias cercanas al destino más habitual en su vida, Las Ventas de Albares, y allí escucha la noticia de que la Asociación Proyecto Hombre Castilla y León «ha sido reconocida este martes por unanimidad con el Premio Castilla y León de Valores Humanos y Sociales de 2025 por su perseverante trabajo en el campo de la prevención, el tratamiento y la rehabilitación de trastornos adictivos». Su nombre no aparece por ninguna parte —«porque no son proyectos personalistas, sino sociales», explica— a pesar de que él es el fundador de esta iniciativa solidaria, tan necesaria como justa, pero «ya ha pasado mucho tiempo, yo estoy desligado del día a día… Diría que estoy ligado cordialmente pero sin responsabilidad directa».
- Pero le habrá alegrado.
- Mucho. Muchísimo, es un reconocimiento importante, que ayudará al proyecto a seguir adelante con ánimos renovados en sus centros de Fuentesnuevas y León.
- ¿Ha cambiado mucho desde que Isaac Núñez pensó en este proyecto a hoy?
- Por suerte sí, aunque sigue habiendo muchos problemas que atender. Cuando nosotros empezamos el gran problema era la heroína, estaba acabando literalmente con la juventud, veías a chavales tirados en la calle como despojos humanos e iba aquello asociado al Sida, al VIH, que también era mortal… Y algo había que hacer. Hoy los problemas son diferentes, el mundo de la droga está más ligado a la cocaína y otras drogas de diseño; aparecieron las ludopatías, o se multiplicaron, las adicciones derivadas de las redes sociales… Proyecto Hombre sigue siendo muy necesario, pero diversificando, con trabajos diferentes, tal vez más intensos a nivel grupal…
"Era un dolor insoportable ver a los jóvenes de Bembibre, Fabero o Ponferrada tirados en la calle, esperando su dosis de heroína, algo había que hacer y así nació Proyecto Hombre"
Mira hacía atrás casi con horror cuando recuerda aquellos años de la heroína en el Bierzo y salió el Isaac Núñez que lleva dentro, el personaje de acción y se puso manos a la obra, contra viento en marea, que no se lo pusieron fácil ni en su propia “casa”, pues el propio obispo de Astorga (Monseñor Briva Miravent) llegó a cuestionar que don Isaac estuviera preparado. Pero este cura luchador no estaba dispuesto a ver como chavales de «familias absolutamente normales se pasaban el día tirados, pensando solo en lograr su dosis de heroína. Y cuando amplías el foco ves que Fabero está parecido y en Ponferrada se multiplican las familias que no saben qué hacer, las supera el problema y el dolor».
Y allí aparece Isaac Núñez con otra gente de las que siempre habla, une sus nombres al suyo, Lucía Lordén, Conchi Prieto, Yolanda Busto, la religiosa Alsira… cada uno en su campo y se fue a Roma a ver cómo lo hacían en un proyecto similar que arrancaba allí…
No era nada fácil pues, mientras ellos llegaban a traer esperanza… «casi nadie nos quería tener cerca».
Pero ahí estaba la fuerza de voluntad de un cabreirés de San Pedro de Trones, duro como los de su tierra. “Éramos eso que los periodistas llamáis una familia muy humilde, de siete hijos, que mi padre, sastre, y mi madre, una santa que no paraba un segundo, trataba de seguir adelante. Y una salida en aquellos tiempos ya se sabe que es el Seminario… y para mí también lo fue”.
En su primer destino le llamó la tierra natal y se fue a Pombriego, un lugar que él define con su habitual lucidez y sinceridad: «Eran una gente muy festivalera, fiesteros, y gente mayormente de izquierdas, que no era normal. Yo caí bien en el pueblo, me integré con la gente, iba con los mozos a las fiestas, incluso bailaba para escándalo de algunas mujeres con pañuelo negro que echaban las manos a la cabeza… pero pasaba el verano y aquello quedaba vacío, no había actividad, y yo eran muy joven con muchas inquietudes y aunque aproveché para estudiar Magisterio sentía la necesidad de hacer más cosas y pedí el cambio. Lo mío nunca ha sido la tranquilidad».
-Yllegó a Las Ventas de Albares.
- A otro mundo, diría yo. Del campo a la mina, mucha gente inmigrante, de Cabo Verde, de Pakistán;una población muy diferente, aquello no era ni una parroquia, no la había, era un barrio… Tuvimos que hacerlo todo:consultorio médico, colegio, hasta asociación de pensionistas...
"Después de Las Ventas y Proyecto Hombre me fui a Bolivia, siempre había querido ser misionero, era el momento, fui por un año y estuve 8, hasta la pandemia, no podía hacer nada y regresé"
No le faltaba allí trabajo, y si lo suyo no era la tranquilidad había desembarcado en buen sitio. Trabajó duro, llegó Proyecto Hombre, aquellos primeros pasos tan complicados... una historia ya contada y ahora nuevamente reconocida.
Pero «lo mío no es la tranquilidad», recuerda Isaac Núñez, y se fue a otro mundo, a otra problemática, a otra misión, a otras gentes... A Bolivia. Nueva aventura, era el año 2012.
- ¿Y eso?
- Un sueño. Siempre había querido ser misionero, desde niño, desde el Seminario. Había estado dos años en Madrid, al frente del Proyecto, ya en labores más de gestión y pensé:ya voy teniendo una edad, es el momento. Y para Bolivia. Pensé en ir a probar, un año o así, y me quedé ocho, nuevamente me atrapó un proyecto, que trabajaba sobre todo con mujeres y niños indígenas, a más de 5.000 metros de altitud... pero con una forma de vida marcada por lo comunitario.

Lo que cuenta de Bolivia incide en la forma de vida elegida, se jugó la vida en algunas odiseas solo entendibles en gente como él... «Hasta que llegó la pandemia de 2020. Nos confinaron, no podía hacer nada, la gente estaba muriendo y pensó que era el momento de volver».
Casi al punto de partida. Nuevamente a Las Ventas de Albares, a sus catorce parroquias, al trabajo diario y comunitario, a la cercanía...
Yun día escucha que aquel proyecto suyo (y todos aquellos que nunca olvida citar), aquel Proyecto Hombre, ha sido reconocido. Le hace feliz pero repite esa frase que va marcando los pasos de su vida:«Ya vas teniendo una edad, en mi caso 79 años, ya tengo cierto miedo a conducir... cuando venga el nuevo obispo me gustaría cerrar mi actividad pastoral y creo que me he ganado un descanso».
Dios sabe que sí.
