Ha muerto un sabio: Fallece a los 101 años el padre Eutimio Martino

Gran estudioso de la romanización de León, que documentó en sus cuadernos de campo, también fue el primero en llevar el origen de la ciudad de León a una etapa anterior a la Legio VII

06/07/2026
 Actualizado a 06/07/2026
El padre Martino, Eutimio Martino Redondo. | MAURICIO PEÑA
El padre Martino, Eutimio Martino Redondo. | MAURICIO PEÑA

El padre Martino, Eutimio Martino Redondo, falleció este domingo a los 101 años de edad en su exilio -así lo definía él- de Villagarcía de Campos, la residencia de los jesuitas a la que debió trasladarse a pasar sus últimos años de vida al haber cerrado la que tenían en León. Con esta expresión del “exilio” lamentaba el alejamiento de su Valle de Sajambre (había nacido en Vierdes); de su Montaña Oriental Leonesa, a la que tantas investigaciones dedicó, especialmente a su romanización; y de esa residencia de los Jesuitas en León desde cuya ventana veía esos terrenos de la Babilonia que estaban en el origen de uno de sus grandes hallazgos -tuvo otros muchos- al lanzar en 1992 la tesis después confirmada de que la ciudad de León era anterior a la Legio VII, como siempre se había dicho, para documentarlo en la Legio VI. De hecho, al hablar de este hallazgo explicaba: “Al dejar Comillas, para dedicarme a la investigación de campo, el azar quiso que me viniera a vivir en una lugar situado en el corazón de este campamento romano… aunque creo que el azar es para quien lo trabaja”.  Pero dedicó sus afanes investigadores a otros muchos asuntos, incluido el origen leonés de Cervantes que argumentó en su libro ‘Si yo tuviera pluma…’ y otro, no menos polémico, en el que había trabajado en sus últimos años, sobre el origen de la famosa Reconquista, cuyo trazado cambiaba totalmente y pasaba realmente por tierras leonesas de Sajambre.

Es muy difícil definir a un personaje como Eutimio Martino, digámoslo ya, incómodo en algunos ámbitos, incluido el universitario, pues fue un pescador por libre, un espíritu sin ataduras. Cuando argumentó el origen de León anterior a la Legio VII y lo explicó en una larga entrevista en La Crónica de León (el 3 de octubre de 1992) se hizo realidad aquella expresión de “se colapsó la centralita” para todo tipo de improperios.

- Padre Martino, le quieren tirar al río por su teoría de la Legio VI.

- No te preocupes, acostumbrado, no es la primera vez; pero te digo una cosa, tú que eres más joven vas a ver cómo alguno de los que llamó dará una conferencia para hablar del verdadero origen de León.

- Entonces, ¿porqué esa inquina?

- Fácil ¿Cuántos libros, artículos y hasta folletos comienzan diciendo que la Legio VII fundó la ciudad de León? Cientos, te lo digo yo y ahora, ¿qué hacen con ellos, los tiran a la papelera?

En el año 2013, más de 20 años después, uno de sus ‘discípulos’, Siro Sanz, escribía: “Leo con expectación y gran interés la noticia del posible hallazgo de un campamento romano de la Legio VI, frente a la villa romana de Navatejera. La arqueóloga que ha hecho el descubrimiento afirma en el artículo de Leonoticias, 17 de febrero, que: “nadie hasta ahora había reparado en la posibilidad de encontrar en este lugar una obra de castramentación romana”. Disiento totalmente de esa afirmación, en la publicación del año 1992: León y las legiones del P. Martino, ya se trataba el tema del origen de León y de las posibles legiones acampadas en la Babilonia; una franja de terreno que se tiende al Norte de León hasta llegar a Navatejera. Si me lo permiten aconsejo a la arqueóloga que ha hecho el descubrimiento y a los colegas de profesión “reputados arqueólogos” a los que ha notificado el hallazgo que se lean el librito del P. Martino”.

Y cuando explicaba que no le preocupaban estas polémicas, yo diría que le gustaban, argumentaba: “Yo los hijos los tengo criados… ¿qué me van a hacer?”.

Era así. Muchos acudían a una definición escueta: “Un sabio, uno de los últimos sabios”. La verdad es que poseía una sólida formación. Licenciado en Filosofía y Teología, profesor de la Universidad de Comillas, trabajo que dejó para hacer investigación sobre el terreno, amante de la toponimia y la hidronimia , conocedor de numerosos idiomas: “Latín y griego los he aprendido desde la escuela; leo los idiomas principales de Europa, como italiano o portugués, también francés e inglés y alemán… y en español me defiendo”, decía con ese humor muy suyo. Celebrada fue asimismo su tesis (1975): ‘Aristóteles: El alma y la comparación’.

Aunque su libro ‘León y las legiones’ había sido un aldabonazo en el estudio del origen de la ciudad, una década antes, en los 80, había publicado otro que se convirtió en el gran referente de la romanización de León. Se titulaba ‘Roma contra cántabros y astures’, en el que “reconstruía”, después de 10 años de trabajo, la guerra que el emperador romano Augusto libró entre los años 26 y 19 antes de Cristo contra cántabros y astures. El salto que proponía no era menor que el del origen de la capital pues llevaba la batalla desde el Bierzo hasta Picos de Europa, con una tesis fundamental: Cuando salió el término Bergida ya se dio por hecho que era el Bierzo, pero realmente era Valberga, en Burón”.

Firme defensor de la toponimia, la tradición oral y, sobre todo, la lógica. Otro ejemplo lo ilustra, referido a sus estudios sobre la Reconquista. “La crónica de la conquista cuenta que atravesaron a caballo el río Pianonia, que bajaba crecido… y ya dieron por hecho que el río era el Piloña… Pero a mí lo de crecido me llamó la atención, fui varias veces al paraje citado cuando el río bajaba crecido y comprobé que en esas condiciones no lo atravesaban a caballo de ninguna manera, y comencé a darle vueltas”.

Y remataba con otra de esas frases muy suya: “Lo que ocurre es que si echas a moler el molino de la lógica te acaba moliendo a ti, y nadie lo quiere”.

Infatigable. Pisaba el terreno una y otra vez. Describió los caminos de la conquista metro a metro y lo publicaba en sus cuadernos de campo, con todo lujo de detalles… pero con su maldición, la de descalificar con la famosa frase “las cosas de Martino”. Y en ese pisar los caminos, atender a la tradición oral, no podía olvidar a su tierra y el inicio de su decisión de abandonar la enseñanza para trabajar sobre el terreno, está el tiempo que dedicó (en 1980) a la escritura de ‘La montaña de Valdeburón’.

Sobre este aspecto escribía el historiador Wenceslao Álvarez Oblanca a raíz de la aparición de ‘León y las legiones’ en un artículo titulado ‘Investigador en estado puro’: “Lleva Eutimio Martino como un estigma el persistente olvido de su obra publicada, el silencio pactado que acompaña cada aparición de un nuevo libro suyo. Y no pue- de hacer más de lo que hace para evitar- lo. Hombre docto y cultivado, es sin embargo un personaje accesible, abier to y cordial, conversador empedernido y amigo del intercambio de opiniones. Un afortunado contertulio... en una ciudad ya sin tertulias.

Dispuesto estaría a que le criticasen, aceptaría el rechazo de sus teorías y que el debate le dejase malparado. Cualquier cosa menos el silencio como castigo continuo”.

A buen seguro que quienes un día impusieron el silencio… hoy ya convienen que “ha muerto un sabio”.

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