El gringo Zapata

Pedro Ludena comenta la película de Paul Thomas Anderson, 'Una batalla tras otra'

Pedro Ludena
10/10/2025
 Actualizado a 10/10/2025
Un fotograna de 'Una batalla tras otra' de Paul Thomas Anderson.
Un fotograna de 'Una batalla tras otra' de Paul Thomas Anderson.

Paul Thomas Anderson ha echado un vistazo a la actualidad y ha vislumbrado que, entre todo el odio, la violencia, el sinsentido y los ideales vacíos, solo queda un rayo de esperanza en este mundo absurdamente cruel; y ha tenido a bien compartir su perspectiva particular, con todo el ingenio, el humor y el toque de genialidad que le caracteriza, con un desprevenido público que puede no estar preparado para experimentar la que seguramente sea la película del año.

‘Una batalla tras otra’ narra las peripecias de Bob Ferguson (Leonardo Di Caprio), un ex-revolucionario que debe volver a la lucha después de más de un lustro en ocioso retiro para recuperar a su hija Wila (Chase Infinity) de las garras de un viejo enemigo, el coronel Steven J. Lockjaw (Sean Penn), que vuelve a atormentar a su familia para tratar de limpiar su ‘mancillado’ pasado.

Paul Thomas Anderson se encuentra dentro un selecto grupo de directores, un grupo al que ni siquiera Tarantino o Scorsese pueden pertenecer. El director americano es de los pocos privilegiados que no solo no cuenta con ninguna mala película en su haber, sino que, además, todas y cada una son completamente diferentes, y particularmente únicas. El autor de ‘Pozos de ambición’ o ‘Boogie Nights’ es polivalente y tan pronto te hace un western aciago sobre la ambición y la corrupción del alma humana, como un recorrido a todo color por la industria del cine pornográfico de los años 70. A lo largo de tres décadas y diez títulos, Paul Thomas Anderson (PTA) ha capturado multitud de realidades, escenarios y personajes, con la excelencia cinematográfica como la única constante aparente en todas sus obras. PTA es un autor total, un cineasta plenamente consciente de todos los elementos que conforman un filme y que es capaz de poner todos y cada uno de ellos al servicio de su visión, coordinándolos como un director de orquesta que no se olvida ni de quien toca el triángulo. Guion, puesta en cámara, fotografía, actuaciones y banda sonora trabajan al unísono para componer cintas que encajan la pelota del desencanto en el tejado del espectador, porque, por parte del director, son prácticamente impolutas.

A pesar de todo, no siempre he comulgado con la palabra de PTA. Sus películas suelen centrarse en la piedra angular de todas sus historias, sus personajes, y varias de ellas relegan a un segundo plano el conflicto para centrarse en el estudio y desarrollo de aquellos. Para mí el mejor PTA es el que consigue aunar el estudio de sus protagonistas con una trama orientada hacia un final y, especialmente, hacia un mensaje. Por suerte, ‘Una batalla tras otra’ tiene que mucho que decir.  

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Estados Unidos, que no deja de ser el espejo en el cual se mira el resto del mundo occidental, está atravesando una crisis política, cultural y social con precedentes, pero a una escala nunca vista. La intolerancia casual se ha vuelto una xenofobia activa, los derechos civiles están en tela de juicio cuando los ostenta alguien sin ocho apellidos americanos y el odio al prójimo prácticamente se ha institucionalizado. Ante semejante panorama, en el que la realidad ha superado los límites de la ficción más disparatada, PTA ha optado por reírse en vez de llorar, firmando una comedia de acción que se inserta en un contexto que debería sentirse alienígena, pero que por desgracia es un reflejo satírico de lo que sale cada día en las noticias. Desde la irreverencia de la anarquía y la revolución, ‘Una batalla tras otra’ retrata una América poblada de personajes extremos y caricaturescos. Una polarización encarnada en el protagonista a quien da vida Leonardo Di Caprio, un hombre estrafalario consumido por la apatía y el abuso de sustancias que se pasa dos tercios de la película en bata y colocado, y en el antagónico coronel interpretado por Sean Penn, un hombre esculpido por la disciplina, el odio y el racismo que, gracias a la impecable caracterización del actor y a su ilustración de la masculinidad más cómicamente tóxica y desaforadamente supremacista, es de lejos el personaje más ridículo de los dos, y un esbozo de los principales responsables del estado actual del país de la, cada vez más escasa, libertad.

‘Una batalla tras otra’ es un delirio tras otro, una ráfaga de escenas de acción, humor negro y personajes coloridos y extravagantes, que podría recordar a un episodio de los Looney Tunes para mayores de edad, solo falta que las explosiones fueran marca ACME. Desde un extenso prólogo que presenta a los protagonistas de esta historia, la cinta te agarra y no te suelta, llevándote en volandas a través de sus más de dos horas y media de duración como si fueran poco menos de noventa minutos. Esta ligereza es mérito del trepidante ritmo de la trama, en la que prácticamente cada escena vibra, ya sea con la banda sonora que te mantiene al borde del asiento, con las ocurrencias de un guion brillante, que reparte pequeños momentos de pura bufonería a lo largo de todo el metraje, con una puesta en cámara mutante que hace que cada plano sea único, o simplemente con dejar a sus pluscuam(im)perfectos personajes existir por sí mismos en un microcosmos donde lo ridículo es la norma.

Entre todo este caos vertiginoso, ‘Una batalla tras otra’ podría llegar a sentirse dispersa o confusa por momentos, pero la mente detrás del guion de ‘Embriagado de amor’ traza un hilo conductor universal, una línea de vida a la que se aferra el protagonista para proseguir en su lucha y a la que el espectador se puede asir para no perderse entre la crítica social, la comedia descacharrante y la extravagancia de los personajes. Repitiendo uno de las pocos recursos comunes a lo largo de toda su filmografía, PTA vuelve a tejer el amor como ese hilo invisible que nos ata a los unos con los otros, una fuerza vital que nos mantiene en el camino correcto y cuyo distanciamiento de esta es la medida de la autentica maldad. Para un director de historias tradicionalmente sin héroes ni villanos, es la cercanía con los suyos y el cariño por el prójimo lo que define su rol. Los vencedores en la obra de PTA siempre son perdedores que de una forma u otra encuentran el amor en su vida, volviéndoles infinitamente más fuertes que aquellos derrotados por el peso de su odio y sus ambiciones. Puede que sea un recurso simple a primera vista, pero tras diez cintas explorando desde tan diversos ángulos la ambigüedad moral de una realidad tan gris y compleja como la del ser humano, el amor parece ser la única constante a lo largo de todas nuestras vidas. Más allá de su perfección técnica y lo llamativo de sus propuestas, puede sea gracias a lo redundante, pero esencialmente humano, de sus argumentos que las películas de PTA sean consideradas, en su mayoría, clásicos instantáneos.

En definitiva, en un año donde los éxitos cinematográficos escasean, ‘Una batalla tras otra’ trata de despertar en un público aletargado la emoción de ver una obra que, sin desatender el entretenimiento, denuncia una actualidad al borde del colapso, cuya única esperanza reside dentro de nosotros mismos. Y lo hace con una sátira confeccionada con todo el humor y el cariño necesarios para salvar tanto su relato como el mundo que retrata.

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