"Fui yo, se lo merecía", confesó 'La descuartizadora de León'

El crimen de la descuartizadora o La descuartizadora de León, en mayo de 1975, fue un suceso que conmmocionó a España y puso a León en el centro de la Crónica Negra pues se desplazaron a la ciudad los grandes nombres de la crónica de sucesos

26/07/2026
 Actualizado a 26/07/2026
Lo que más llamó la atención de Covadonga Sobrino fue la tranquilidad que mostró en todo momento después de asumir su crimen.
Lo que más llamó la atención de Covadonga Sobrino fue la tranquilidad que mostró en todo momento después de asumir su crimen.

Desde que arrancó esta sección que recuerda los sucesos más famosos de León y provincia se ha repetido con gran frecuencia una frase: "Saldrá el crimen de la descuartizadora" o cualquiera de los nombres que se le ha dado: "La descuartizadora de León", "La descuartizadora del Portillo"... y sorprende que siempre hay alguien que recuerda su nombre —Covadonga Sobrino— que habla de cómo caló aquella historia pues ocurrió en el mes de mayo de 1975, hace más de medios siglo.

Y es que son muchos los que consideran que aquel macabro suceso colocó para siempre a León en la historia del crimen —de hecho así ocurrió en los libros y estudios sobre la crónica negra española— por las especiales características del mismo: cometerlo una mujer, en un conocido local, descuartizar el cadáver, esparcir los restos por parajes de la provincia, el seguimiento mediático desde Madrid cuando la prensa especializada —con El Caso a la cabeza— desplazó a León a las más conocidas firmas, desde la legendaria Margarita Landi a Paco Pérez Abellán "padre" por citar a dos de los más conocidos. No faltaron incluso las leyendas urbanas, la más macabra decía que "la descuartizadora" había servido como tapa algunas partes del cuerpo que no tiró en el bar donde ocurrieron los hechos antes de ser descubierta. Por supuesto, sin ningún soporte que lo avale.

Incluso el curioso nombre del bar donde ocurrieron los hechos, el Restaurante Ay!, dio juego para las crónicas de la época. En un podcast del no menos famoso Iker Jiménez, La voz de las sombras, éste dice: "Un bar cochambroso de curioso nombre, tan solo una exclamación, Ay, seguramente lo mismo que dijo el asesinado cuando recibió siete hachazos en la cabeza y, todavía vivo, lo va serrando por la mitad".

Esta épica en el contar, muy propia de una época en la que El Caso podía ser según "los casos" el periódico de más tirada (como vimos con el Crimen del Jarabo), añadió leyenda a la figura de Covadonga Sobrino en un crimen que, cierto es, tenía muchos ingredientes propios: Expresiones como "fría como un témpano", "mirada de hielo", "ni se inmutó al confesar el macabro crimen" o contar que presumía de su fuerza para perpetrarlo y hacer realidad lo que parecía inverosímil se repetían en las crónicas. Aunque no todo el mundo está de acuerdo, fundamentalmente en León y entre gente que o conocía a Covadonga Sobrino o siguió el proceso judicial con otra mirada.

Pero vamos primero con los hechos: La noche del 3 de mayo de 1975 llega entrada la noche al Restaurante Ay! Carlos Fernández Guisuriaga, de 28 años, que mantenía una complicada relación sentimental con Covadonga Sobrino, de 42 años, que tenía aquellos días en el negocio a un sobrino para que la ayudara. La presencia de este joven en la discusión, menor de edad, parece que fue fundamental para que Covadonga reaccionara de manera tan violenta. Carlos Fernández se dirigió a él de manera amenazante y Covadonga, que tenía una pequeña hacha, le propinó un primer hachazo y después ya se ensañó con él propinándole otros seis hachazos más.

Después ya llegó el conocido pasaje de esparcir sus restos por diferentes montes de la provincia. Francisco Villar, un jubilado que buscaba caracoles en la carretera de Caboalles realizó el macabro hallazgo del primer trozo de su cuerpo. Al día siguiente el Proa titulaba: "Encontró medio cadáver de un joven destrozado", lo que conmocionó a la ciudad y provincia. Tanto que cuando un par de días después otro jubilado, Victoriano Alonso, de Vegacervera, encontró otro de los trozos en la carretera de su pueblo a La Vid tan solo tituló, con enorme cuerpo de letra y sobre fondo negro: "Apareció la otra mitad". Y así tomó otro giro la investigación, que incluso barajó el carácter de ajuste de cuentas de la mafia por el hecho de que parecía. que lo habían dejado casi a la vista; algo que parecía impropio de quien debería buscar que jamás apareciera ese cuerpo.

Con las dos partes del cuerpo recuperado no le resultó difícil a la Policía descubrir la identidad de Carlos Fernández y llegar hasta Covadonga Sobrino, que pronto reconoció que había sido ella, "con tremenda frialdad", decían las crónicas de entonces e incluso se aportaba la bravata de que le dijo a un policía, para certificar que sí lo había hecho: "Toquen, toquen, verán qué fuertes son mis brazos".

Los leoneses que siguieron el caso y, sobre todo, el largo proceso judicial no están muy de acuerdo con las crónicas de la época e, incluso, recreaciones posteriores; sin poder negar la crueldad de lo ocurrido, por supuesto. Hace unos años, en un reportaje sobre este crimen, uno de los policías que custodió a Covadonga Sobrino, y quería mantener su anonimato, mantenía que "nada de una mujer fría que no se arrepentía en absoluto... no se si se arrepentía, era una mujer asustada, preocupada por su sobrino, para nada desafiante pero que sí asumía lo que había hecho. De ahí su confesión de los hechos".

La trascendencia mediática y social del caso hizo que se siguiera la evolución incluso del edificio donde se produjo el crimen, el Restaurante Ay! en la subida de El Portillo
La trascendencia del caso hizo que se siguiera la evolución incluso del edificio donde se produjo el crimen, el Restaurante Ay! 

Otros estudiosos del caso señalan que, visto con los ojos de hoy, el caso podría tener una vertiente bastante diferente, introduciendo temas como violencia de género...

De hecho, Margarita Landi, la única mujer que escribió de aquel crimen y una verdadera leyenda de la crónica de sucesos, finalizaba una de sus crónicas, en la que repasaba toda la historia de los hechos, con una frase que abría la ventana a la reflexión: "Sólo me queda decir que, durante el juicio, hubo testimonios favorables a la acusada, debido a la mala opinión que ciertos testigos tenían sobre la censurable conducta del hombre que la maltrataba y vivía a su costa, sin privarse de ningún capricho. En fin, que una vez más se podría pensar que no siempre el bueno es el muerto".

Y sobre esta "mirada" abunda el comportamiento ejemplar que en la cárcel mantuvo Covadonga Sobrino, que de los más de 20 años a los que fue castigada tan solo cumplió ocho y a su salida no regresó a León, ni a la "vida pública" y pasó sus últimos años como cocinera de una congregación religiosa mientras se seguían produciendo especulaciones con "la maldición" que había caído sobre el viejo edificio del restaurante, que nadie había tocado: hasta que en el verano del año 2024 alguien arregló su tejado ¿Quién?

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