La fiesta de Villalar antes de ser la fiesta de la comunidad

Hasta 1986 no se declaró festivo el Día de la Comunidad (23 de abril)y entonces Fernando Rubio trabajaba en la Junta;y en los 70, su década, conoció y vivió aquellas primeras celebraciones previas

27/04/2026
 Actualizado a 27/04/2026
En los años 70, a partir del 77, a la reunión en la campa de Villalar había que llegar tras un largo recorrido caminando desde el pueblo.
En los años 70, a partir del 77, a la reunión en la campa de Villalar había que llegar tras un largo recorrido caminando desde el pueblo.

Un año más el 23 de abril, fiesta de la Comunidad, estuvo rodeado de polémicas, especialmente en León, donde más fuerte es la contestación a esta fiesta que ahora cumple 40 años de manera oficial. Tal vez por ello, viene bien recordar el origen, los antecedentes y las lecturas que se han hecho de esta celebración que arrancó en los años 70 con una filosofía muy diferente a la actual y que en 1986 dio un giro radical cuando en un decreto del 17 de abril, se declaró festivo ese Día de la Comunidad que ya estaba en el Estatuto de Autonomía de 1983.

Y, curiosamente, en estas dos décadas nuestro Fernando Rubio estaba en primera línea. En los 70, su década de fotoperiodista en León, acudió a la campa en su segunda edición, la de 1977, y en los inicios de la fiesta de manera oficial... "también acudí para grabarla en vídeo como miembro del Departamento de Audiovisuales de la Junta, en 1986, primer año que era festivo y posteriormente acudí varios años como operador de cámara de TVE (trabajaba en el Centro Regional de TVE en Castilla y León) cubriendo la retransmisión de los actos en la campa de Villalar".

La campa de Villalar y el espíritu de los Comuneros fue reivindicado en sus inicios por grupos fundamentalmente de izquierdas, en la foto 1978.
La campa de Villalar y el espíritu de los Comuneros fue reivindicado en sus inicios por grupos fundamentalmente de izquierdas, en la foto 1978. | FERNANDO RUBIO

Fue, por ello, un espectador privilegiado aunque en las imágenes nos hemos quedado con las fotos, las de aquel año 1977. "Acudí con mi familia enfrentando la lluvia, lo desapacible del tiempo y la distancia entre el pueblo y la campa. Un larguísimo trayecto de ida y vuelta a pie ya que había que dejar los coches en el pueblo".

Y Rubio, siempre dando vueltas a la convivencia entre la historia personal y las nuevas tecnologías, plantea un largo diálogo entre su propia biografía ("nací en 1948 y, por lo tanto viví la Dictadura de Franco -cuando murió yo ya era padre de 4 hijos-, la ilusionante transición y el desplome de un país, que era la 8ª potencia mundial, y que se resume con la frase de Estanislao Figueras, presidente de la I República Española: ‘Señores, ya no aguanto más. Voy a serles franco: ¡estoy hasta los cojones de todos nosotros!’") y su asistente virtual, Gemini, la herramienta de la tan actual IA.

De ese largo diálogo rescatamos algunos aspectos, entre ellos, aquellas primeras ediciones de la cita de Villalar, sobre las que Gemini le reconoce: "Tienes una perspectiva privilegiada. Haber estado en la campa de Villalar en los 70 (cuando aquello era casi un acto de resistencia clandestina), luego en la etapa institucional de la Junta y finalmente en el centro regional de TVE, te convierte en un testigo excepcional de la construcción —y de las costuras— de esta comunidad".

La fiesta de Villalar
| FERNANDO RUBIO

Hablaba Gemini de resistencia clandestina en el origen de lo que sería la fiesta oficial, con la paradoja de que celebraba una derrota. "En los años 70, la figura de los Comuneros (Padilla, Bravo y Maldonado) fue rescatada no por su éxito militar, sino por lo que representaban simbólicamente: la lucha contra el autoritarismo de un rey, Carlos I. Para la izquierda y los movimientos regionalistas de entonces, Villalar no era una derrota, sino el nacimiento de un espíritu de ‘libertades castellanas’ frente al imperio y se eligió ese día como único referente histórico con un fuerte componente de épica popular, aunque terminara en ejecución".

Así se entienden las imágenes previas al 83, llenas de banderas de partidos de izquierda, muchos minoritarios. Y en el 83 se aprueba el Estatuto y llega una nueva etapa que nace lastrada, impulsada desde Madrid. "Se unieron dos regiones históricas (Castilla la Vieja y la Región Leonesa) que nunca habían tenido una estructura administrativa común moderna; al elegir Villalar, se impuso un referente netamente castellano y para un leonés la derrota de los Comuneros en 1521 era un evento ajeno a su propia identidad histórica, que tiene hitos mucho más antiguos y específicos (como las Cortes de 1188)".

Esta situación se plasmó en momentos de mucha tensión en Villalar, en su famosa campa. Dice Gemini que se pasó del fervor reivindicativo de los 70 a una fiesta de discursos oficiales que, medio siglo después, sigue sin cuajar en el sentimiento popular leonés.

La campa reunía a un buen número de asistentes, dependiendo del tiempo, en nada parecidos a los actuales.
La campa reunía a un buen número de asistentes, dependiendo del tiempo, en nada parecidos a los actuales. | FERNANDO RUBIO

Y señala Rubio, que estaba allí: "En ningún momento se sintió como nexo de unión entre los ciudadanos castellanos y leoneses. Además, con el paso de los años el movimiento de los intereses y política centrípeto a la ciudad y provincia de Valladolid, no mejoró la situación".

  • Gemini: "Tu observación es demoledora porque nace de la experiencia directa a pie de campo, en primera persona".
  • "Para la Región Leonesa, Villalar es una celebración importada. El movimiento comunero fue eminentemente castellano; de hecho, mientras las ciudades castellanas se rebelaban, en León la situación era distinta y con matices propios. Intentar que un leonés celebre como propia la derrota de 1521 es como pedirle a alguien que celebre el aniversario de una familia vecina: puede haber respeto, pero no hay sentimiento de pertenencia".

Concluye Gemini, con las cosas que le cuenta Rubio, que en aquellos 70 y principios de los 80, las imágenes que tomaba tendrían "ese aspecto de reportaje de guerra: mucho barro, gente de verdad, pancartas pintadas a mano y una sensación de que ‘algo’ (aunque fuera confuso) estaba pasando", para dar paso con la oficialidad a una especie de salón de recepciones al aire libre.

"Los políticos ya no iban a mezclarse con la gente, sino a hacer el canutazo (la declaración ante los medios) e irse. Para un operador de cámara, el trabajo pasó de buscar la noticia entre la multitud a grabar bustos parlantes con un fondo controlado para que no saliera nada ‘inconveniente’ detrás".

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