Fernando Guimerá es un autor que plantea una serie de problemas que todos nos encontramos a lo largo de nuestras vidas problemas como la pérdida de la identidad personal o el sinsentido de la cotidianeidad mal asumida y trata de presentarlos mediante el lenguaje de la pintura y la expresividad plástica, con el objeto de analizar como han evolucionado a lo largo de nuestro tiempo vivido a través de la memoria. En la actualidad, su obra se expone en la galería Cinabrio del número once de la calle Gran Capitán, frente a las Dominicas.
– ¿Cuál ha sido su evolución artística (formación, trabajos realizados, exposiciones y proyectos...)?
– Como filólogo hispánico siempre he tenido interés por las artes en un sentido muy amplio del término, pero no ha sido hasta hace un par de años que me he tomado la pintura en serio. En ese corto periodo de tiempo he tenido la suerte de poder colgar obra en galerías de Gijón, Torrelavega, Laredo y ahora León.
– ¿Qué ideas pretende reflejar en su obra y cómo se produce el desarrollo de las mismas?
– La memoria. Ese es el tema principal de todo lo que pinto. La memoria como recurso finito y como proceso falible. El recuerdo como jirón. En todas mis obras trato de mostrar la degradación del momento en la memoria; podríamos decir que son estados extraídos del tiempo y del propio contexto y plasmados con todos sus errores, capas, contaminación… En la serie de ‘Paisajes de la Materia’ se ve bastante claro: pequeñas escenas cotidianas rotas e interrumpidas por errores, añadidos e invenciones. En las series ‘Retratos mínimos’ hago precisamente eso: reducir la imagen a un puñado de rasgos comunes que no representan a nadie.

– ¿Qué técnicas emplea para elaborar sus cuadros?
– Normalmente trabajo con series. Decido un concepto amplio, unas normas determinadas como una paleta común, si va a haber o no técnica mixta, cuáles van a ser los elementos simbólicos que den cohesión a la serie, los formatos… Una vez que tengo esta información defino un poco más el «tema», por llamarlo de alguna manera, de cada una de las piezas. Y pinto. El proceso suele ser «poner y quitar», «tapar y destapar», excavar la materia que se ha ido añadiendo. Enlaza directamente con la idea que comentaba antes de la memoria: capas y capas de recuerdos que se enraízan unos con otros. También reciclo mucho; recojo todo lo que me encuentro: lienzos usados, tablas, cartones, marcos… me gusta dar nueva vida a objetos encontrados. Y aprovechar las texturas de pinturas anteriores introduce un elemento de azar interesante. La memoria de nuevo.
– ¿Qué le parece su exposición en León? ¿Qué opinión le merecen el espacio, la inauguración, la sala, la acogida, el ambiente, la ciudad...?
– Estoy encantado de haber tenido esta oportunidad de conocer una ciudad maravillosa en la que viviría encantado. Y también estoy muy agradecido a la Galería Cinabrio y a Gemma de por haberme abierto las puertas del espacio expositivo privado más grande de la ciudad y prestarme sus paredes para enseñar un pequeño pellizco de mi trabajo.
– ¿Qué proyectos de futuro se plantea ahora?
– Ahora mismo estoy trabajando en una serie que me tiene entusiasmado. Se titula ‘Testigos’ y plantea la pregunta de cuándo el sujeto pasa a ser objeto; cuándo la figura pasa a ser fondo. Presenta asimismo la figura del testigo como depositario no fiable del recuerdo. Espero terminar la serie este año o a principio de 2027.