Félix García: "No fuimos los leoneses los que bautizamos como leonés al mastín"

Félix García, gran estudioso y conocedor dela historia de los mastines, repasó en una charla impartida en la Casa del Parque de Riolago de Babia la andadura a través de los siglos de esta raza que ahora luce el apellido de "leonés"

14/06/2026
 Actualizado a 14/06/2026
Félix García, gran estudioso y conocedor dela historia de los mastines | L.N.C.
Félix García, gran estudioso y conocedor dela historia de los mastines | L.N.C.
 

Uno de los hallazgos que el investigador David González presentó en su charla (en el ciclo que ayer comenzó en la Casa del Parque) sobre la huella de pastores y rebaños en el paisaje de Babia, los vestigios pastoriles, fue el esqueleto de un perro. Cuando se pronuncia la palabra ‘perro’, Félix García se pone en guardia, «con el alma en vilo», y este descubrimiento le sirvió como punto de partida para la charla que un par de horas después impartía él en Riolago, en el mismo ciclo, sobre ‘Los mastines de León: Un milenio o más vigilando rebaños y preservando su entorno’.

La primera de las ‘sorpresas’ para los asistentes a la charla llegaba en el inicio de la misma cuando García anunció que «comenzaré hablando de cómo y por qué el lobo se convirtió en perro y el perro en mastín», para explicarse: «Para que esto ocurriera, para que la domesticación del lobo fuera posible, fue imprescindible que una mujer, más bien varias y varios espacios del ‘creciente fértil’, interviniera. Lo que se conoce como el fenómeno de la impregnación (troquelado, imprinting...), que Konrad Lorenz investigó y describió a mediados de los años treinta. El asunto también es fundamental para entender por qué los mastines cuidan y protegen a las ovejas, o la especie que se les encomiende, con esa pasión y eficacia».

Esa presencia del mastín le invitó a hablar en general de ‘perros de protección del ganado’ en la península ibérica. «La historia clásica apunta a su origen en los fenicios, pero también podría ser que la selección de los primeros perros domésticos se hubiera producido por estas tierras. El asunto es muy interesante, por eso me tiene en vilo lo que pueda aparecer en la excavación de Babia, para unirlo a lo que me contó hace años José Ramón Ortiz, el fallecido director del Museo de Mansilla, que colaboró en excavaciones arqueológicas por los alrededores de Madrid y fue testigo del hallazgo de ‘un perro de gran tamaño’ que debe de andar encapsulado en los sótanos del CSIC o algún lugar semejante y pendiente de investigación». En definitiva, un campo abierto a nuevos hallazgos que podría recibir un impulso con la excavación que desde hace 10 años se viene realizando en la Majada de Las Verdes y que en la mañana de ayer fue explicada a quienes acudieron a conocerla.

«Sin mastines no habría lobos y sin lobos no habría mastines, y sin pastores inteligentes ni rastro de ninguno; en Extremadura solo los  leoneses conservaron tradiciones y perros»

El siguiente paso en el repaso que realizó Félix García le condujo a aspectos más conocidos. «Ahí están las referencias ya repetidas a Claudio Sánchez Albornoz en ‘Una ciudad de la España Cristiana hace mil años’, donde ya cita la venta de un perro que acompaña al ganado. Y de ahí a la magnífica imagen de los techos de San Isidoro, el perrazo al que el pastor da de beber leche, leche de cabra, porque no hay oveja alguna en el mural. Aparecen muchas cabras, cerdos y vacas. Lo de la merina intuyo que aún estaba por llegar».

Y ese perrazo (García dixit) encierra más enseñanzas: «El perro refleja aspectos muy interesantes, desde los espolones, tan apreciados siempre en los mastines de por aquí, a la musculatura y el tamaño, que el artista resalta; e incluso la ausencia de ‘papada’, rasgo también característico de los mastines desde que sabemos de ellos. Curiosamente, es clavadito a los mastines turcos de hoy en día».

Y de San Isidoro salta este apasionado investigador del mundo de los perros a la otra joya del patrimonio leonés, la Catedral, y al nacimiento flamenco de la Pulchra. «Fotógrafos no habría, pero imágenes sí tenemos. En este nacimiento, del siglo XVI, en pleno apogeo de La Mesta, ya aparece otro tipo de perro, carrancas incluidas. La selección de La Mesta, el conocimiento empírico de los ganaderos y pastores que seleccionaron la oveja merina (¡que eran negras y con pelo y fueron capaces de convertirlas en blancas y con la lana más fina jamás pensada!), lo aplicaron también a todas las especies que rodeaban el asunto: vacas y cabras “retintas”, el cerdo ibérico, los caballos “mesteños” y, por supuesto, los mastines».

En este recorrido histórico fue introduciendo el ponente una serie de anécdotas históricas, como la curiosidad de que la palabra perro no tiene raíz conocida «y los expertos (Sans Moner, por ejemplo) creen que se trata de una onomatopeya convertida en palabra. Prrrr, que es como los pastores llaman a las ovejas, dándose la paradoja de que llaman a las ovejas y viene el perro. Y así, de repente, perro desplazó a can. Y la primera vez que el palabro perro aparece escrito resulta que también es por estas tierras leonesas. Concretamente en una donación del monasterio de Sahagún, en el lugar de Mansilla».

Y también ahí es donde aparece el apellido leonés para este perro que, defiende García, «al mastín, ese que desde hace ya casi 200 años se le empieza a llamar leonés, lo determinan en origen dos factores: la oveja merina y el lobo. Y no somos los leoneses los que le apellidamos, son los ganaderos de otras zonas, recogidos a través de los textos de agrónomos y albéitares, los que empezarán a mencionar el asunto en sus escritos».

Avanzando en este camino histórico se adentró en una conocida teoría suya: «Sin mastines no habría lobos y sin lobos no habría mastines, y sin pastores inteligentes ni rastro de ninguno. En un mapa de los diferentes tipos de mastín que existen actualmente en toda Europa Occidental solo han pervivido ‘mastines’, en general, ‘perros de protección del ganado’, en la península ibérica y, en menor medida, en los países mediterráneos».

Algo que resume García recordando que «al margen de los perros y demás especies que seleccionaron los potentados de La Mesta siempre hubo otros tipos de perros: de cuidar vacas, cabras, etc., igual de válidos para sus propietarios».

Y cerró su recorrido en el siglo XX, una etapa complicada «por el declive de La Mesta (en el XIX, en 1836, ya la habían sentenciado), la ganadería se va al carajo, y los herederos del asunto, escuseros (bonita palabra), y hatajeros, ya con connotaciones no tan agradables, serán los herederos de las tradiciones mesteñas. Se reparten entre León y Extremadura».

Mapas de la evolución de la presencia del lobo, y el mastín, en la Península | L.N.C.
Mapas de la evolución de la presencia del lobo, y el mastín, en la Península | L.N.C.

Una situación que se entiende mejor con los mapas que ilustran la desaparición del lobo, que viene a ser el mismo que puede ilustrar la desaparición de los grandes perros de protección del ganado, o sea, los mastines. «Con el lobo fuera de juego en Extremadura solo los ganaderos leoneses conservarán tradiciones y perros. La fama de los mastines leoneses es ya una realidad reflejada incluso en los libros de texto de agrónomos y veterinarios».

Archivado en
Lo más leído