La familia de Rosario

El escritor Sergio del Molino firma un libro híbrido entre novela y ensayo que reinterpreta la paternidad, la historia de España y la memoria artística a través de una investigación literaria sobre Goya y su entorno

06/04/2026
 Actualizado a 06/04/2026
La atención, autorretrato de Rosario Weiss, figura central en la obra de Goya y eje de la investigación literaria del libro “La hija” de Sergio del Molino| MUSEO DEL PRADO
La atención, autorretrato de Rosario Weiss, figura central en la obra de Goya y eje de la investigación literaria del libro “La hija” de Sergio del Molino| MUSEO DEL PRADO

Como algunas ofertas tentadoras, el último trabajo de Sergio del Molino ofrece un dos por uno. “La hija” se compone de dos libros complementarios e independientes encuadernados en un solo y voluminoso tomo; fórmula que me ha causado un problema: no sé cuál de los dos me gusta más. El primero responde a la forma clásica de novela, la historia de un amor de juventud contada desde la vejez es ocasión para evocar la vida de una artista poco conocida, por mujer y malograda, Rosario Weiss. Con modo de ensayo, la segunda mitad se demora en una minuciosa y, sin embargo, absorbente investigación sobre ella y la relación con su padre, Goya, y su madre, pareja del aragonés, Leocadia. Porque esa es la tesis principal del libro: su parentesco, las numerosas pruebas de paternidad de Goya descifradas más allá de la anecdótica biología.

Si todos los literatos reescriben siempre el mismo libro, Sergio del Molino lo hace con dos asuntos a cuál más querido. El primero, que le dio fama merecida con el taquillazo inesperado de “La España vacía”, tal vez más citado que leído, lo dedica a la reflexión sobre España, sus caracteres, biografía y problemas sociales. El segundo (más afín con el anterior de lo que parece) sobre las formas de la paternidad, de cuyo drama personal dio cuenta en el conmovedor “La hora violeta”. Si del primero se ocupan algunas de las páginas más emocionantes de su nueva obra dedicadas a la dramática peripecia del liberalismo español, del último y más íntimo leitmotiv se encargan las visitas hogareñas a la quinta goyesca o el piso bordelés de la familia.

En esa encrucijada, las Pinturas negras se convierten, sorprendentemente, en una suerte de humorada, festín imaginero llamado a exorcizar miedos infantiles y adultos mediante su domesticación. Por su parte, La lechera de Burdeos deviene unipersonal retrato familiar, especie de último caparazón del exilio. El autor da la impresión de haberse leído todo cuanto hay sobre Goya y Weiss y lo destila de manera que, a diferencia de estudios más académicos, uno acaba por estimar personalmente a los protagonistas.

Del Molino especula, por supuesto, como todo “goyista”, pero su pretexto es la disposición con que lo hace, amparada en la noble tarea de reivindicar a una artista olvidada y rehabilitar una vida familiar truncada por calamidades históricas. Ambos son temas fuera de época, ambos hacen de “La hija” un libro excepcional y contemporáneo sobre Goya, sobre Rosario Weiss y sobre su época. Quizás porque trabajo en uno, puedo imaginarme al autor tal y como se describe, en la sala 62A del Museo del Prado, rendido al autorretrato de Weiss y decidido a contar una historia que, si no es la suya del todo, debería serlo porque es la nuestra.

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