Auspiciado por el Ayuntamiento de Murias de Paredes, se ha celebrado esta semana en La Casona de los Condes de Luna, la segunda edición de Murias Son Week, una iniciativa que continúa afianzándose como punto de encuentro entre la música cubana y la cultura española.
El evento, impulsado desde 2024 por los músicos Miguel Freijo y Claudia Fumero, fundadores de Havana Music School, ha contado en esta ocasión con la participación de artistas invitados procedentes de Morningside Music Studio con sede en Massachusetts, enriqueciendo aún más el diálogo musical y cultural entre ambos lados del Atlántico.
Como en su primera edición, el grupo Espirales ha ejercido como banda residente del encuentro. Espirales destaca por su versatilidad y su capacidad para fusionar distintos estilos, combinando influencias de la música latina, el jazz y otras corrientes contemporáneas. Su propuesta artística, basada en la improvisación y la interacción con otros músicos, ha sido clave para dar cohesión a los conciertos y generar una experiencia musical dinámica y cercana al público.
A lo largo de la semana, Murias de Paredes, Riello y León acogieron tres conciertos que pusieron el broche final a esta edición, con una excelente respuesta por parte del público.
Este segundo encuentro reafirma el valor de la música como herramienta de conexión entre culturas y consolida a Murias Son Week como un espacio de intercambio artístico, aprendizaje y convivencia. La calidad de las propuestas y la acogida del público permiten augurar la continuidad de este proyecto, que comienza a posicionarse como una cita imprescindible dentro del calendario cultural omañés y de la provincia.
Como afirma Mª Carmen Mallo, alcaldesa de Murias de Paredes, "existe la idea errónea de que la cultura de vanguardia o el intercambio internacional solo llega a grandes ciudades. Llevar músicos de Massachusetts y Cuba a Omaña rompe ese estigma y demuestra que el mundo rural no es un ‘museo de tradiciones’, sino un escenario vivo y capaz de albergar modernidad, permite una calidad de escucha y una calidez que las grandes infraestructuras han perdido. En una gran ciudad, un concierto es un consumo rápido; en un pueblo, es una experiencia de convivencia. Acercar estas iniciativas ‘a lo pequeño, a lo que de verdad importa’ no solo llevan música; llevan vida y futuro".