"La escultura se llama 1863, año en que el ferrocarril llegó a León"

Conrado Zurdo, autor de la escultura de la glorieta de Pinilla, explica sus características

09/10/2026
 Actualizado a 09/10/2026
"Viandantes y vehículos en su recorrido circular van descubriendo la geometría cambiante de la pieza". | FERNANDO OTERO
"Viandantes y vehículos en su recorrido circular van descubriendo la geometría cambiante de la pieza". | FERNANDO OTERO

«La escultura lleva por título 1863, año en el que el ferrocarril llega a la capital leonesa. Un hecho histórico que nos cambió para siempre, tanto en lo urbanístico como en lo social». 

Así explica el escultor leonés Conrado Zurdo la espectacular obra suya que acaba de instalarse en la glorieta de Pinilla y sobre la que han circulado diversas versiones sobre su nombre, y que nada tiene que ver con dos árboles o un abrazo. Como decía La Nueva Crónica el martes es «un homenaje al ferrocarril» y Zurdo lo sintetiza en ese 1863 que, señala, «propició que el Crucero pasara entonces a ser el barrio ferroviario por excelencia». 

Y esa estética ferroviaria e industrial es la que late en la obra que, señala su autor, «se apoya en tres puntales de importancia. El primero es el de la tradición vanguardista del Constructivismo que tiene algo más de cien años; el segundo es la estética propia de la Arquitectura Industrial, derivando en el universo arquitectónico del ferrocarril y de la propia tradición obrera que acompañó a la Revolución Industrial en su conjunto. Y el tercer puntal en el que se sustenta la pieza es el del lenguaje siempre abstracto característico de mi obra, en la que rehuyo evidenciar los temas de manera habitual, dejando casi todo el espacio interpretativo a la inteligencia libre del espectador» (que viene a ser lo que ha ocurrido con su instalación). 

Explica Conrado Zurdo cada uno de los tres pilares de la obra. «El Constructivismo fue el movimiento fundamental que abrió el paso a todas las demás vanguardias posteriores que acontecieron en el siglo XX, transformando como nunca antes y para lo sucesivo el mundo de las artes visuales».

La estética de la arquitectura industrial que marca la obra leonesa queda reflejada en este conjunto en el que «se alza una estructura metálica que funciona en sentido doble, mediante el uso de celosías metálicas en paralelo, que junto al principio industrial de forma-función, conforman una referencia poética al sentido bidireccional del tren, por cuya vía se mueven las mercancías y viajeros en un continuo ir y venir. Raíles por los que discurre la vida de los que se van y de los que regresan, en ese flujo interminable de un río de acero que fluye simultáneamente en ambas direcciones». También el color elegido tiene una simbología que argumenta Zurdo. «Es una referencia explícita al de la marquesina de la Estación de León, un rojo-vino oscurecido que, como la forma, también acompaña subrayando este sentido poético de la obra».

Incide el artista en el hecho de que se trata de una obra abstracta, en la que no es evidente un tema definido. «El lenguaje conceptual se fabrica así a la medida de las capacidades sensitivas de cada cual, que son tan diversas como lo son los ciudadanos que cada día pasan hoy por la Glorieta Carlos Pinilla de León. Viandantes y vehículos que, en su recorrido circular, van descubriendo la geometría cambiante de una pieza que se va dibujando y desdibujando, acompañando el sentido radial de sus trayectos», algo habitual en su obra en la que está presente un misterio «que se encuentra oculto en el lenguaje de la geometría, de la proporción y la escala, comunicando a través de la naturaleza del material, del color y de la composición sus intervenciones en el espacio, dejando libertad a la interpretación del observador que es el dueño último de todo lo referente a elementos de interpretación conceptuales».

Desvela Conrado Zurdo que el origen del proyecto en una idea de la galerista Marga Carnero, de Ármaga. Para desarrollarla, una vez aprobada por el Ayuntamiento de León, se forma un grupo de trabajo con profesionales como Gustavo Vegue Rodríguez como ingeniero jefe, Antonio Ocaña Morán como ingeniero estructurista, Germán Engels Riesco y Laura González Sacristán en el área de arquitectura y delineación. «Y, sobre todo, la mano de obra del taller de los hermanos David y Juanjo Fernández Alonso de la empresa leonesa Fertisa, que junto con su equipo de metalistería han dado forma a una obra compleja», explica Zurdo. 

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