"Que el escenario del Auditorio encienda el fuego de una cocina"

Folk de filandón lleva cinco años recorriendo numerosos pueblos de la provincia y el día 30 de mayo llegan al Auditorio de León

19/05/2026
 Actualizado a 19/05/2026
Una de las numerosas representaciones en las que Folk de filandón recrean con la máxima fidelidad los viejos filandones de la provincia. | FOLK DE FILANDÓN
Una de las numerosas representaciones en las que Folk de filandón recrean con la máxima fidelidad los viejos filandones de la provincia. | FOLK DE FILANDÓN

Andan nerviosos estos currantes de la cultura popular y defensores de los valores del Páramo leonés. Se hacen llamar ‘Romanza y mimbre’ y se apellidan ‘Folk de filandón’.   

Llevan cinco años recorriendo buena parte de la provincia, con especial predilección por su comarca, y han creído que es el momento de dar ‘el salto’ «nada más y nada menos que al Auditorio de León». Eso es lo que les pone nerviosos, sin motivo, pues ya han cogido muchas tablas en estos años, porque tienen mucho que ofrecer, con dignidad y mucha verdad... Será el sábado, día 30, a las 21 horas. 

Y, además de lo apuntado, son tozudos en su intento, eso lo reconocen. «Somos muy fieles al compromiso de dar a conocer los usos y las costumbres que no son comunes en la provincia de León, poniéndolos en valor y concretándolos en una de sus señas de identidad, los filandones viejos. Nuestro método son los conciertos teatralizados en distintos espacios, localidades y escenarios de nuestra provincia».

Tienen armas sólidas. La guitarra, la voz, la escritura y el entusiasmo de Roberto Carro; la impagable presencia de una de las voces más bellas de la provincia, Lola Quintanilla, que suma las percusiones; los relatos populares, anecdóticos, filandoneros, es decir, de tradición oral, de Alberto Lozano Verdejo; y los jóvenes Mercedes Álvarez y David Fernández son los que llevarán a cabo la teatralización del filandón, las explicaciones para tratar de crear la sensación que también el Auditorio puede ser una vieja cocina o cocinona. 

Parecen armas suficientes para decir «fuera preocupaciones».

Ellos explican la variedad de su grupo: «Hemos elegido esto que podíamos llamar  ‘mezcla de artes’ para recuperar lo más fidedignamente posible el espíritu de los filorios; aquéllos que acontecían en torno al fuego en las largas noches del invierno leonés. La velía era una mixtura de romances cantados, relatos de tradición y palabra, siendo esta última la razón sobre la que giraba todo el encuentro. Y eso es lo que se ofrece, un compromiso con las tradiciones, con el folk, con nuestra intrahistoria más doméstica. Un ejercicio de retroalimentación que engrana a la perfección y que, con el apoyo coral -tan necesario- de la gente que ‘vela’ la salvaguarda de este recurso cultural, se convierten en testigos de excepción de un acto cálido cuya plástica y toque de originalidad radica precisamente en esa mezcla de registros».

Les tranquiliza la buena acogida que este formato de artes entrelazadas ha tenido, como ha calado entre el público  de los numerosos pueblos que ya han recorrido y que sienten que «ha calado, que ha participado de esta apuesta cultural, con el buen gusto que deja revivir los filandones tal cual, ‘como si el tiempo se hubiese detenido’. De paso, -nos decían otros- ‘acudimos a un ejercicio de evocación histórica que creíamos perdido y que supo a verdadera gloria’».

Son sonidos de siempre que, explican, podrían ser sonidos nuevos «o los convertimos en sonidos nuevos. Sonidos de siempre o sonidos nuevos......, qué importa, nos quedamos con la filosofía del intercambio de conocimientos: lo que queremos es acentuar los valores, las esencias de lo genuino que un día consiguió reunirnos en torno al fuego, para seguir contando historias. Ojalá, con ello, podamos contribuir a la salvaguarda de la tradición oral de nuestros pueblos. Y, como bien se dice, blindándola, protegiéndola como lo que es, un valor supremo de nuestra cultura».

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