Compositor, flautista, saxofonista, cantante, percusionista de jazz y word music… Ermanno Panta es protagonista de una carrera de ultrafondo desde que hizo de la música el principal eje de su vivir. Sicilia le conduce al color de su infancia. De allí, ha ido dando saltos de aquí por allá y no hay rincón del mundo que no sepa de él. Ha participado en numerosas empresas creativas (junto al guitarrista italianio Matteo Crugnola, con el que desarrolla Kalibé, junto a músicos y grupos como Felipe Coelho, Simone lo Porto, Trío Ponteio, Ballena Gurumbé o Gabacho Maroconnection, por citar algunos) y la que lidera ahora, Ermanno Panta & Banda Zeitun, le sirve para ahondar en una filosofía que ante todo reivindica, a través de la fusión musical y la riqueza que ello proporciona, el entendimiento entre gentes y pueblos. La banda visita este sábado Cerezales del Condado con ocasión del festival de jazz de la Fundación Cerezales Antonino y Cinia (22:00 horas y entrada libre; escenario exterior FCAYC) y a lo largo de la actuación pondrá de manifiesto una música mestiza y sin complejos que, en directo, requiere de la implicación plena del público. «Queremos que toque con nosotros, que se sienta parte de un ritual y de una experiencia casi familiar. La participación del público, con su mirada, echando un baile o simplemente aplaudiendo, forma parte de una creación colectiva única».
Jazz mediterráneo. Aun siendo consciente de la diversidad de fuentes que su música contiene y de las interferencias a que siempre conducen la etiqueta y el corsé, Ermanno Panta se decanta por esta definición para ofrecer denominación a la propuesta del grupo. «Jazz porque refleja, a nivel musical, la apuesta por una música creativa y libre donde la improvisación disfruta de un papel importante. Mediterráneo, porque a nivel cultural y musical, bebe de muchas fuentes de ahí. Se tiende a encasillar y etiquetar todo aquello que se conoce y, sin embargo, lo cultural es un proceso que no tiene fronteras. Nosotros hablamos precisamente de todo eso: del proceso migratorio, de la demostración de que la música es fruto de muchas contaminaciones… Está claro que bebemos de muchas fuentes, incluso nos emborrachamos de ellas. Esa es la idea», comenta el italiano. «El desafío consiste en descubrir los puentes entre culturas musicales y reinterpretarlos. El Mediterráneo es, sin duda alguna, la propuesta, es la inspiración de base para que podamos hablar de la inmigración, de la libertad de movimientos y de pensamiento, de las notas musicales… También, nuestra música se inspira en lo cotidiano». No cabe duda de que la música que brota del arrebato artístico de Ermanno trasciende toda suerte de barreras y fronteras y se instala frente a la audiencia ausente de un rótulo definitivo. «El grupo simplemente ignora esas fronteras. A la hora de componer y crear, no me pongo ni etiquetas ni límites y tampoco reprimo mis ganas de soñar. Componer no me supone ningún esfuerzo. La creatividad está ahí. Unicamente hay que reconocerla y darle espacio».

‘Isla Musa’ es el título del primer disco de la banda. Aparecido recientemente, compendia el espíritu integrador de la banda alentando una propuesta de contenido ecléctico y amparada por las aportaciones de numerosos colaboradores de todo el mundo. La tarantela, el flamenco, la música de raíz, la poesía de Abu Al Arab… son algunos de los componentes que dan acopio a una grabación que guarda también espacio al grito social y se deja mecer por diferentes texturas sonoras. Incluye el disco un tema, ‘Refugio’, provisto de letras del propio Ermanno y Carmen Azahara, que aborda el enquistado problema y perennemente actual de los migrantes y los refugiados. «Quiero moverme en libertad / De Tánger a Gibraltar / Túnez y Sicilia son primas hermanas / ¡Que no me dejan pasar! / Yo le canto al caminante / Mirada viva del presente / Ea! Vámonos! Amuninni dà! / Que la voz de la esperanza / cruce vallas de metal / Vuela y entra el sentimiento / Desenrede la espiral, ¡vamos pa’ allá». Su letra expresa intensidad y emoción hacia un fenómeno que a Ermanno le sigue conmocionando. «A nivel íntimo me da pena y rabia. Se trata de un bloqueo muy grande emocional y vivencialmente. Quién puede dejar sin agua y sin comida en el Mediterráneo a una gente que sólo lucha por su esperanza».
«Estamos destinados a vivir el presente y a buscarnos la vida para que lo que venga no sea duro». Ermanno Panta acaricia el futuro con confianza. «No me da ningún miedo. Hay que tener una actitud muy fuerte y centrada frente a las dificultades con las que nos estamos midiendo, frente al enemigo de una sociedad abierta que ahora mismo mantiene un debate sobre ciertos temas. Manteniendo firme esta mirada y teniendo claro el objetivo, la cosa camina hacia delante». ¿Y el fracaso? «Es algo terrenal, no espiritual. Da igual».