Aquellos años 90… ¿Fue el orgullo británico lo que impulsó un estilo musical que hiciera frente al ‘grunge’ norteamericano? Algunos sostienen esta teoría, en mi opinión más propia de una película sobre la Guerra Fría que una realidad tangible. Yo prefiero pensar que unos jovenzuelos con mucho talento enseñaron sus mejores canciones casi a la vez, con el acicate del siempre motivador pique entre bandas por ver quién la tiene más larga (la lista de éxitos, se entiende). Mientras en Seattle una panda de desarrapados volcaba sus frustraciones y pensamientos nihilistas envueltos en camisas de cuadros, jerseys apolillados y guitarras ensordecedoras, en la Inglaterra moderna surgían grupos dispuestos a pasarlo bien sin dejar de venerar a los clásicos e ilustres padres de la patria como los Beatles, The Who, The Kinks o incluso David Bowie. Algo espontáneo que terminó por convertirse en todo un movimiento cultural de exaltación británica arropado por la Union Jack (nombre coloquial para la bandera del Imperio).
Los orígenes espontáneos del ‘britpop’ dieron paso a todo un movimiento cultural de exaltación británica que traspasó fronteras Teniendo en cuenta la constante evolución musical de la que siempre ha gozado el pop-rock de las islas, difícil se hace encontrar un punto de partida concreto para el ‘britpop’. En esa etiqueta fueron englobados grupos de muy diversa índole, algunos de los cuales habían iniciado su andadura antes de los 90 y bajo el amparo de otras nomenclaturas. Ejemplo: The Stone Roses, símbolo en su día del sonido ‘Madchester’. Otros, como Radiohead, nunca pertenecieron realmente a la corriente. Pero si hubo dos bandas que aglutinaron y pontificaron el sello del ‘britpop’ por encima del resto fueron Oasis y Blur. Además de las grandes canciones que unos y otros componían sin cesar, los medios de comunicación se encargaron de avivar el fuego promoviendo una encarnizada rivalidad entre los fans de unos y otros al viejo estilo Beatles versus Rolling Stones.
Diferencia de clases
Cierto es que había diferencias entre ellos, y no sólo musicales. Oasis tuvo sus orígenes en un barrio obrero de Manchester. Los hermanos Gallagher, rudos y pendencieros, comandaban el grupo. Quizá por ello su sonido fuera más áspero y ruidoso que el de Blur, formación nacida en la clase media londinense y cuyo líder, Damon Albarn, era refinado en cada gesto y sin hacerle ascos al rímel. Ambas bandas hicieron historia. En 1994 Oasis publicó ‘Definitely maybe’, su arrollador álbum de debut, récord de ventas en UK. Y por si aquel rotundo triunfo necesitara ser apuntalado, un año más tarde los Gallagher sacaron al mercado ‘(What’s the story) morning glory’, hogar de temas tan escuchados como ‘Wonderwall’ o ‘Don’t look back in anger’. Blur había comenzado su carrera un poco antes, si bien sus discos más vendidos también llegaron en los mismos años que los de Oasis. 1994 acogió la publicación del fiestero ‘Parklife’ (su tema ‘Girls and boys’ sigue invitando como ningún otro al amor-sexo discotequero) y doce meses después fue el turno del fino ‘The great escape’.
El enfrentamiento entre Oasis y Blur fue alentado por los medios de comunicación, como ya ocurrió entre los Beatles y los Stones Injusto sería no nombrar en estas líneas a otros adalides de aquel movimiento y sus correspondientes canciones para el recuerdo. Pulp y su ‘Common people’, el ‘Alright’ de Supergrass, la ‘Bitter sweet simphony’ de The Verve, el ‘Animal nitrate’ de Suede o la ‘Connection’ de Elastica (en cuyas filas, por cierto, estuvo el epicentro femenino del ‘britpop’ encarnado en Justine Frischmann, primero novia del líder de Suede, Brett Anderson, y después pareja del Blur Damon Albarn). Vaya, me van a perdonar. Me están entrando unas ganas locas de tomarme una pinta en el Chelsea British Bar del Húmedo…