"En EEUU fuimos víctimas de la maldición del bluesman"

El pantanoso blues-rock de Guadalupe Plata llega hoy a El Gran Café de León y mañana a la sala La Vaca de Ponferrada

David Acosta
16/04/2015
 Actualizado a 10/09/2019
Pedro de Dios, Paco Luis Martos y Carlos Jimena forman Guadalupe Plata. | L.N.C.
Pedro de Dios, Paco Luis Martos y Carlos Jimena forman Guadalupe Plata. | L.N.C.
No, Guadalupe Plata no es el nombre de una diva mexicana de la canción. En esas dos palabras se concentra el singular blues-rock de tres andaluces de Úbeda (Jaén), expertos en sonidos pantanosos, instrumentos de fabricación propia y leyendas de músicos malditos. Con el prestigio (que no el ego) por las nubes, esta semana llegan a la provincia para presentar las canciones de su último trabajo. Este jueves en El Gran Café de León (a partir de las 22:00 horas a 13 euros en taquilla) y mañana viernes en la sala La Vaca de Ponferrada. Antes, asaltamos la diligencia de estos forajidos para charlar con su baterista, Carlos Jimena. Un tipo con mucho que contar de pasado, presente y futuro.

– ¿Para cuándo lo de titular un disco vuestro con otro nombre que no sea el de Guadalupe Plata?

– (Risas) Pues no lo sé. Probablemente eso no ocurrirá nunca. Lo de titularlos así es ya una seña de identidad de la banda. No nos apetece cambiar eso.

– ¿Alguien de vosotros podía imaginarse que tres locos del blues, nacidos en Úbeda, llegarían a ser tan reconocidos dentro y fuera de nuestras fronteras?

– No nos podíamos esperar algo así y cuando surgen estas cosas es inevitable sentirse orgulloso, sobre todo porque estamos aportando nuestro granito de arena para que el Delta Blues, un género no tan reconocido como otros, se dé a conocer un poquito más. Si nuestra fama sirve para eso, pues bienvenida sea.

– ¿Y cómo fue lo de engancharse al blues pantanoso?

– La pasión nos la transmitió un profesor que tuvimos en Torreperogil, un pueblo que está al lado de Úbeda. Era un romántico de la música y nos descubrió muchos artistas y discos. Gracias a él y a algunos locales de Úbeda se generó una escena muy interesante.

– Y de ahí, a tocar en EEUU. ¿Alguna anécdota que recuerdes con especial cariño de vuestro último periplo americano?

– Uf, tenemos unas cuantas porque fue un viaje muy peculiar. Te voy a contar la historia que al final acabó inspirando la portada de nuestro último disco. Resulta que teníamos que tocar en un festival en Clarksdale, una localidad del Missisipi situada en el cruce de caminos donde se dice que Robert Johnson -considerado el rey del Delta Blues y fallecido en los años 30- vendió su alma al diablo. El organizador del festival resulta que tiene un curioso hobby, que no es otro que hacer calcos de grandes músicos del blues que ya están muertos. Va a las tumbas, pone un papel encima y hace el calco con carboncillo como se hacía antes con las monedas. El caso es que le acompañamos a la ciudad de Greenville, donde iba a hacer el calco de la tumba de T. Model Ford. Nos llevó un buen rato encontrarla porque era un cementerio como los que salían en la película ‘El bueno, el feo y el malo’. Al final la encontramos y cuando levantamos una maceta que había encima empezaron a salir hormigas rojas que picaban como demonios. Tuvimos momentos complicados porque mientras poníamos el papel y este hombre hacía el calco de la tumba, las hormigas nos machacaron. Podemos decir que nos alcanzó la maldición del bluesman, como si nos mandara una plaga para que no le molestáramos al estilo de las maldiciones de los faraones.

– Los Premios de la Música Independiente del pasado año os encumbraron a los cielos con nada más y nada menos que cuatro galardones para vuestro anterior trabajo. ¿El brillo de tanta adulación puede llegar a cegar?

– Bueno, lo de los premios nos lo tomamos con humildad y también con mucho agradecimiento. Lo que sí es cierto es que a nadie le amarga un dulce ¿no? Además fueron galardones totalmente inesperados, así que tampoco tuvimos mucho tiempo para pensar en ello.

Siempre nos ha gustado tocar en la provincia de León. Esta vez tenemos ganas de comernos un buen botillo– ¿Qué os aportó la producción de Liam Watson en el nuevo álbum? Recordamos que él fue el productor, por ejemplo, del aclamadísimo ‘Elephant’ (2003) de los White Stripes…

– Para nosotros fue un lujo. Cuando llegamos a su estudio de Londres nos encontramos con cosas que no habíamos visto nunca. Una sala de grabación preparadísima y una cabina de control que más bien parece un submarino soviético. Y lo mejor de todo es que Liam tampoco se metió mucho en nuestro trabajo. Respetaba la estructura de los temas y la forma en la que queríamos tocarlos. Su concepción de cómo trabajar en el estudio encajó a la perfección con la idea que teníamos nosotros para el disco.

– En la provincia ya habéis estado unas cuantas veces. En esta ocasión, León y Ponferrada de un día para otro…

– La verdad es que tenemos muy buenos recuerdos leoneses. Siempre nos ha gustado tocar aquí. El problema es que cuando más tiempo tenemos para conocer las ciudades es después de los conciertos, y ahí el turismo es otra cosa. Eso sí, tenemos ganas de comernos un buen botillo.

– ¿Qué les podemos decir a los que todavía no os hayan visto en directo?

– Que se animen a venir. No montamos grandes espectáculos de luz, ni de fuegos artificiales ni nada de eso. En ese aspecto somos bastante sosos. Pero nos dejamos el alma en los conciertos y creo que esa es la esencia de este grupo.

– Y ahí sigue Paco, con su bajo rústico…

– Por supuesto. Con el barreño, el palo y una sola cuerda. Y ya puedo adelantar que en estos conciertos leoneses va a utilizar otro instrumento fabricado por él que merecerá la pena verlo.

– Elecciones a la vuelta de la esquina. ¿España necesita un cambio?

– Pues opino que… A ver... Bueno, casi que mejor no opino porque al final puedo acabar diciendo una barbaridad. Desde luego que hacen falta muchos cambios en este país. Lo fundamental es que se vayan de una vez todos los que nos han estado robando, sean del partido que sean.

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