El último guarda del wolfram de la II Guerra Mundial

José Barrio, cabreirés de La Baña, entró a trabajar en las minas de wolfram de Casaio con solo 16 años y fue el último trabajador de la famosa mina de Valborraz pues quedó allí, solo, como guarda de todo

Fulgencio Fernández
18/12/2022
 Actualizado a 18/12/2022
José Barrio en una de sus visitas a la mina Valborraz, convertida ya en ruinas del poblado minero. | SPUTNIK LABREGO
José Barrio en una de sus visitas a la mina Valborraz, convertida ya en ruinas del poblado minero. | SPUTNIK LABREGO
Si hay un lugar, una mina, importante en nuestra historia reciente, tanto que estuvo en el centro de la estrategia militar de la II Guerra Mundial —y antes en la guerra yposguerra española—, con historias de espías ingleses, ingenieros alemanes, fiebre del oro... esas fueron las minas de wolframio (el motivo de su importancia) de los montes de Casaio. Hasta mil obreros llegaron a trabajar, por ejemplo, en aquellas minas: «Los ingenieros alemanes estructuran la explotación minera de Valborraz en tres zonas, un poblado, la zona industrial y la mina. La mina tiene seis niveles, los primeros de los cuales, la llamada Mina Principal, se integraban en la zona industrial» (...) «Se calcula que en las minas trabajan en esta época más de 1000 personas. Los trabajadores eran principalmente gente llegada de toda la comarca de Valdeorras y la Cabrera. La necesidad de aumentar la producción de wolframio hace que el 9 de septiembre de 1942 Luis Soloaga Asua, ingeniero–director escriba una carta al Patronato Central para la redención de Penas por el Trabajo que depende de la Dirección General de Prisiones solicitando 62 trabajadores (29 mineros perforadores, 29 mineros ayudantes y 4 servicios auxiliares)». Sólo son algunos párrafos de un trabajo de Proyecto Compostilla para ver la dimensión de aquellas estratégicas minas para controlar la producción de los dos bandos en la II Guerra Mundial; unos, los alemanes, porque le habían encontrado una importantísima utilidad militar gracias a su ‘dureza’ y sus rivales simplemente lo compraban para que no lo tuvieran los alemanes.

Sólo es un resumen a grandes rasgos, para entender el contexto, pues la mirada la queremos poner en quienes, anónimos, estaban «por debajo de las grandes decisiones y nombres»; obreros de aquellas minas. Como José Barrio, por ejemplo.

Entré con 16 años de pinche, porque mi padre ya trabajaba allí. Nos tenían para llevar los barrenos a los mineros de interior; después ya pasé a otros trabajos y acabé de guardaSe decía en estos párrafos que, además de los presos que buscaban redención de penas, llegaron trabajadores de Valdeorras y Cabrera. Pues José Barrio es uno de los que llegó desde Cabrera, concretamente desde La Baña. Es muy representativa su historia de lo que fue la peripecia de aquellos obreros. En un documental sobre esa peripecia, ‘Lobos sucios’ —el título dice mucho—, deFelipe Rodríguez, aparece José. Hay un activo grupo trabajando por dinamizar esta comarca de Casaio, O Barco, Cabrera —Sputnik Labrego— y entre sus trabajoshay una entrevistaaJosé Barrio en el poblado minero. Por estos cauces su propio nieto, Christian Barrio, se entera de que «su abuelo José trabajó en Valborraz». Licenciado en Historia, reacciona hablando con él largo y tendido, descubriendo su vida y el fruto de todo ello es un libro que ya ha presentado en varios pueblos —como La Baña, O Barco o Casaio, los más implicados— y su título es ‘José Barrio, el último guardia de la mina de Valborraz’. «Yo la definiría como la vida del abuelo novelada, pero basada en datos muy precisos».

Tanto su abuelo José como su abuela Leonisa, que también estuvo en Valborraz con su marido, viven, «están muy bien de cabeza y nos permiten viajar a sus recuerdos precisos».

– José, ¿cómo acaba un chaval cabreirés de La Baña en las minas de wolfram de Casaio?
- Buscándome la vida; había en aquellos años (1958) bastante más gente de La Baña en aquellas minas, mi padre era uno de ellos y por mediación de él pude entrar yo también,
– ¿Cuántos años tenías entonces?
- No habría cumplido los 17, tendría todavía 16.
- ¿Y de qué trabajabas?
- Entré de pinche, como todo el mundo. Nos tenían para llevar los barrenos a los mineros de interior; recuerdo que trabajaban conmigo otros chavales de La Baña, uno de ellos era buen amigo mío, Eliseo Bayo Vega.
- ¿Bajar a Casaio era una caminata diaria?
- No bajábamos. Aquello era un verdadero pueblo, viviríamos más de 300 personas, había escuela, cantina, una habitación para cada dos obreros en los barracones de obreros, que había ala de mujeres y de hombres, también había casa de capataces y demás. Vaya, que vivíamos allí.

Cuando se cerró quedamos cuatro, de guardas,  los otros se marcharon y quedé yo solo, varios años;hasta que vendieron la maquinaria para La Carolina y lo otro a un ferretero de PonferradaFue pasando el tiempo y José superó la etapa de pinche, accedió a trabajar en el interior —en el turno de noche— «para arrastrar la zafra, le decían, que quedaba después de disparar», pero a mediados de los años 60 perdió su valor estratégico el wolfram y comenzó el abandono de la mina. Pero José no se fue, «pasé a ser guarda y allí me quedé, al cargo de todo aquello. Primero éramos cuatro y se fueron marchando, hasta que ya me quedé solo, como obrero, que tambien vivía mi mujer conmigo y allí nacieron los dos primeros hijos, que tuvimos cuatro».

- ¿Hasta cuándo estuvo?
- Unos veinte años en total; es decir, desde el 58 hasta el 78.

Y es su mujer, Leonisa, doce años más joven que él, la que recuerda aquel trabajo de guarda: «Nunca tuvimos problemas de robos o cosas así, porque aquello está muy alto además, pero se fueron y quedaron allí cosas de mucho valor: herramientas, máquinas, vagonetas, cables y todo el mobiliario de las casas y barracones... y muchas cosas».

- ¿Cómo fue el final?
- Pues coincidió un poco todo. Nosotros ya teníamos que pensar en bajar porque los dos niños mayores tenían que ir a la escuela y desde Valborraz era imposible, y también se acabó la mina, la había comprado un banco, el Banco Central creo, y dijeron ‘esto se acabó’ y se acabó. A otra cosa».

Y la otra cosa es que José Barrio siguió en el mundo que conocía y se quedó en las canteras de pizarra de la comarca, en las que se jubiló y ‘paga el peaje’ de tantos años de wolfram y pizarra con una silicosis avanzada.

- No volvió a Valborraz.
- Sí, con cierta frecuencia. Subíamos la familia con merienda y pasábamos allí el día cuando el tiempo era propicio, entre los recuerdos de lo que era cada construcción, de cómo eran aquellos trabajos ; pero el los últimos años dejamos de hacerlo porque se derrumbó una escombrera y tapó la plaza, que era dónde más estábamos.
Leonisa recuerda los últimos tiempos en el poblado, cuando aquel «se acabó» y fueron vendiendo lo importante de todo lo que había en Valborraz. «La maquinaria la llevaron para Andalucía, para La Carolina, y todo lo que eran cosa de hierro y demás lo compró la ferretería Silva de Ponferrada, que era muy importante».
- ¿Y cómo está José?
- Silicoso, muy silicoso. La silicosis del wolfram es la peor que hay y la de la pizarra también. Es mucho más dura que la del carbón, el polvo no se mueve, no se arranca. José tienen varios tumores y también le salió un bulto en el cuello, que se le fue hacindo grandísimo muy rápido, se lo abrieron y era todo polvo. Aquella vida era muy dura, bueno lo sigue siendo».


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