Curiosamente en estos pueblos de la montaña Guillermo Rubio era conocido por otro apodo diferente, El Junquillo. De ahí que muchas veces saliera a colación el motivo por el que ‘en la ribera’ era El Tigre y salía la explicación contundente del vecino de Villahibiera: «Por los guevos que tiene el artesano»; que muchas veces se llamaba a sí mismo ‘el artesano’ treivindicando su profesión de ‘canalonero’, que era precisamentela que le llevaba a recorrer los pueblos con su carromato, el perro, el estaño y su mujer, Geles, en el interior del vehículo: «Ella es muy fundamental, es la quelleva la cuenta de las perras, que mil pesetas en mis manos tienen menos seguridad que una puerta sin tranca», decía con gracia El Tigre o El Junquillo.
Ya hace cinco años que se fue Guillermo Rubio, El Tigre, en los primeros días de mayo de 2016 se apagó en Villahibiera el bozarrón de aquel paisano que se había deteriorando físicamente en los últimos años, había cogido bastantes kilos y, sobre todo, ya no era un habitual de nuestras carreteras consu loco cacharro. Incluso en sus últimos años había sustituido «el dos caballos con burro» por uno de aquellos primeros quads que, decía, le habían robado.El «dos caballos con burro», modelo que tomó ese nombre por el juego de palabras entre la marca del coche (2 CV, el famoso Dos Caballos) y el burro que «ejerce la tracción animal» que primero fue un burro negroy después uno blanco. Sin embargo, el coche no era realmente un 2CV, aunque sí unode ‘la misma familia’, losrecordados Diane 6, al que había quitado el motor y colocado una silla en la que Guillermo iba «como un rey».
Tardará en olvidarse la figura de El Tigre, por cualquiera de las muchas facetas de su singular ingenio: recorrecaminos, canalonero, inventor de vehículos mixtos, narrador, fabulador, imprevisible, libre, ingenioso, irrespetuoso, sorprendente siempre.