En aquel ‘breve encuentro’ –parafraseando el clásico de David Lean–, Saura también se mostró muy contento de reencontrarse con una ciudad y una provincia que había tenido ocasión de recorrer de joven con su inseparable cámara fotográfica. «Me he prometido a mí mismo, y lo digo de verdad, el volver a León, porque cuando era joven me dedicaba con mi cámara fotográfica a recorrer toda España y una de las cosas que hice fue recorrer esta provincia, también Galicia y en general todo el norte de España. Y no he vuelto a hacerlo desde hace cuarenta o cincuenta años. Me he prometido a mí mismo dedicarme unos meses a esto, en un futuro muy próximo, y a conocer mejor la ciudad de León, que la conozco bastante mal».Inevitablemente surgió la poco inteligente pregunta de su preferencia personal por alguna de sus películas, a lo que Saura respondió que esas preferencias son más de índole sentimental que porque considere que una película es mejor que otra. «Tampoco me pregunto mucho si son buenas, regulares o malas. Algunas de las cosas que me hacen vivir el presente es olvidarme de las cosas que hago en el pasado. De hecho en estas exposiciones a veces me da mucho miedo mirar las fotografías porque uno ve realmente cómo el tiempo avanza y cómo uno se va de alguna manera destruyendo. Pero qué le vamos a hacer, uno es un trabajador y a lo largo de los años he ido acumulando todo este material».Magos de la luz
Carlos Saura confesaba entonces que se aburría bastante durante los rodajes y que entre plano y plano lo que más le gustaba hacer era dibujar. Por ello sus ‘storyboard’ no cumplían rigurosamente esa función de visualización previa de los planos que se van a rodar con posterioridad. «Me gusta dibujar, lo hago normalmente en el rodaje, pero también antes, para recordar, o después de la filmación», reconocía un cineasta que supo rodearse de algunos de los mejores directores de fotografía del cine moderno, caso de los ya desaparecidos Luis Cuadrado y Teo Escamilla, o de Vittorio Storaro y José Luis Alcaine. «Entre ellos hay diferencias. Luis Cuadrado, como era del norte, se mostraba más estricto. Le gustaban los tonos más fríos y una fotografía muy limpia. Teo Escamilla era andaluz y se notaba con una mayor aportación del color, tampoco demasiado. Vittorio Storaro tiene esa cosa mediterránea, realmente mucho más creativa. La verdad es que Vittorio para mí es un revolucionario, en el sentido de que tiene una cultura muy amplia, enorme en todos los aspectos, y colabora contigo en la realización de la película». El nombre de Alcaine no salió a relucir en aquella conversación, pero no cabe duda de que el iluminador de ‘Ay, Carmela!’ ha sabido recoger las influencias de todos ellos.Cada vez más alejado del cine narrativo, Carlos Saura reconocía sentirse poco interesado por el cine costumbrista. «Contar una historia de chico con chica, la verdad es que no me motiva, a no ser que tenga otra dimensión. ‘Hice ‘El séptimo día’ no hace mucho, pero era una película más interesante porque es casi impresionista, donde mostraba hasta dónde se puede llegar con una violencia irracional», concluía un Saura a la espera de que pudiera ver la luz su ‘Io, Don Giovanni’, que fue aclamada por la crítica en los festivales de Toronto y Roma.