Era uno de esos nombres imprescindibles y ya irrepetibles. Era el Tío Lín (de Angelín) y ‘El Rulas’, porque desde niño se integró en la orquesta familiar Los Rulas, con los que recorrió fiestas y fiestas. Era, por la unión de los nombres Lin Rula. Era Ángel Alija Vega, el tamboritero de Palacios de la Valduerna. Falleció esta semana a los 81 años, con la música puesta pues Ángel formó parte hasta el último día de la familia musical a la que se había incorporado en los últimos tiempos, el grupo Tornadera de música tradicional, de lo suyo.
Muchos lo recuerdan en sus últimos años con Tornadera, en algunos homenajes, en recopilaciones, con la flauta y el tamboril o recibiendo premios, como el MT. Pero ésa era la recta final de una larga vida entregada a la música tradicional pues Lin comenzó a tocar con tan solo 8 años con sus tíos, los famosos Rulas, fundamentalmente su tío Benito, que era una institución porque «además de tocar enredaba muy bien cuentos, leyendas, romances, historias... se quedaban todos eclipsados mirando para él», recodaba Ángel Alija hace unos años, cuando fue nominado para los premios MTy repasaba su biografía para La Crónica . Eran otros tiempos, basta recordar cómo lo contaba él. «Íbamos de fiesta en fiesta, a bautizos, bodas, por toda la comarca. Un tío mío echaba el bombo al hombro e iba caminando y a mí me llevaban en la barra de la bicicleta, que en el portabultos llevábamos otro instrumento, y a caminar, la gente nos recibía muy bien».
Nunca olvidó la primera vez que pudo tocar con sus tíos, Los Rulas, en Valdesandinas, «era tan pequeño que me pusieron el tambor encima de una silla».
Hace ya muchas décadas. Toda la familia cobraba 200 pesetas por dos días «y lo hacíamos todo:la misa, la procesión, el baile vermú, el pasacalles, el baile de tarde y la verbena... todo, y aquellas verbenas no acababan nunca, hasta que alguno de los quintos dijera aquella esperada frase de rula la última».
¡Qué tiempos!, aquellos que vivió Ángel Alija, tocar dos días, comer por las casas de los vecinos, dormir en algún lugar que les buscara la comisión de fiestas y después a cargar los trastos en la bicicleta o a cuestas y de nuevo a casa. Yera Lín era feliz aunque sufrió un duro golpe cuando, con sólo 13 años, murió su padre de forma trágica al caer un cable de alta tensión sobre la casa donde dormía. Un duro golpe que le alejó de la música durante tres años, hasta que se casó su tío Benito y dejó el grupo, necesitaban un batería (ya no era tamboritero) y Ángel Alija se reincorporó a Los Rulas. «Pasé de ganar 1 peseta, que era lo que me daban cuando era un niño, a 100 pesetas, que era lo que me correspondía como la tercera parte de las 300 pesetas que ya cobrábamos entonces». «Rula la última» le decían los quintos; «rula la diana» le pedían otros para iniciar la fiesta;«rula una»le pedían en cualquier parte pues Ángel Alija llevaba la música puesta, con el tambor... o con el mortero, o con la botella de anís o con lo que fuera.
Y todo ello como ayuda a otras profesiones en su vida, primero el campo, como tantos en su tierra, después una carbonería, que sigue siendo el negocio familiar... y siempre un personaje imprescindible en la música tradicional, un tamboritero que se cansó de rular.
El Rula, si se calla el tambor
Adiós a Ángel Alija, El Rula, el histórico tamboritero de Palacios de la Valduerna
26/06/2015
Actualizado a
17/09/2019
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