El paraiso natural escandinavo

Las praderas y bosques escandinavos de Suecia son un paraíso para el turismo ornitológico

Javier Valladares
29/08/2018
 Actualizado a 17/09/2019
Urogallo. |JAVIER VALLADARES
Urogallo. |JAVIER VALLADARES
El turismo ornitológico lleva arraigado en Suecia desde hace varias décadas. Los suecos han sabido sacar provecho de su magnífico patrimonio natural. Este país escandinavo ofrece unas fantásticas experiencias a los aficionados a esta actividad de observar aves.

Cuando organizas un viaje a un país que no conoces y pretendes buscar especies muy concretas, lo mejor es contactar con algún guía o empresa de la zona. De esa manera garantizas o al menos aumentas bastante las posibilidades de éxito. Sin embargo, hay ciertas variables que son incontrolables.

De las especies que nos habíamos fijado como objetivos, los grandes búhos nos fallaron. El cárabo lapón, una de las aves que nos impulsó a viajar a Suecia, no tuvo el mejor año. Los topillos, base de su alimentación, habían casi desaparecido por las prolongadas inundaciones, por lo que estos grandes búhos no se encontraban en los lugares tradicionales. Tan solo vimos un gran macho al que no pudimos fotografiar.

Otro de nuestros objetivos fue el urogallo. La temporada de celo ya estaba dando sus últimos coletazos. Un guía local nos dejó en un aguardo de tela tipo iglú en medio del bosque a las cinco de la tarde. Antes del anochecer pude oir como uno a uno los machos se posaban en los árboles justo encima de donde yo me mantenía en silencio y casi inmóvil. Solo en total oscuridad pude salir a estirar las piernas. Esa noche apenas dormí, con el murmullo de los urogallos en mi cabeza, y en pleno bosque escandinavo. Una experiencia inolvidable. A las cinco de la mañana comenzó el jaleo. Saqué mi objetivo por entre la tela, y sin apenas luz para distinguir nada, empezó el espectáculo. A las siete más o menos empezó a haber luz para fotografiar, pero ante la ausencia de hembras en el cantadero, los machos comenzaron a irse uno a uno. Además, estos preciosos animales, tan escasos en nuestra provincia, siempre se ocultaban detrás de una rama o un tronco y me impedían hacer una foto limpia.Aún quedaba otra especie, el gallo lira. El celo del gallo lira es una de los mayores espectáculos que he podido observar en la naturaleza. Y ya son muchos los que he podido disfrutar. De un tamaño un poco menor que el urogallo, desde hace décadas se reúnen en el mismo lugar o ‘leek’, normalmente una pradera pantanosa, lago helado o ciénaga, para exhibirse ante las hembras, pelearse con otros machos, y lograr seducirlas. Para ello abren sus alas en forma de abanico, mostrando su penacho blanco, y emiten unos extraños sonidos. Una vez más la acción discurre antes del amanecer, con lo que las fotografías no tienen la calidad deseada. Pero Suecia no solo es gallos, o búhos. En cualquier recodo de un camino puedes ver alces, y un sinfín de animales como castores. Otro día lo dedicamos a buscar pájaros carpinteros, como por ejemplo el Pico Tridáctilo, al que pudimos localizar no sin mucho esfuerzo, gracias a un experto en Pícidos sueco que nos acompañó. Otra especie que fotografiamos fue el Pito Negro, aquí tan escaso y en Suecia presente hasta en parques y jardines.

Grullas, cisnes, somormujos, colimbos árticos, zampullines cuellinegros, torcecuellos, cárabo uraliense y mochuelo boreal fueron, entre otras, especies que también tuvimos delante de nuestro objetivo.A pesar que fotográficamente no fue el viaje deseado, Suecia no defraudó.
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