El médico alemánHermann Brehmer, en 1858, crea el que se considera el primer sanatorio antitubercoloso en Göbersdorf, Silesia, a 650 metros sobre el nivel del mar. En el último tercio del siglo proliferan ese tipo de establecimientos, primero en Alemania y después en el resto de Europa. Al ver las imágenes de algunos de ellos, nos recuerdan a lujosas residencias, hoteles rodeados de jardines con hermosas vistas, propicias para el necesario reposo que se aconsejaba a los enfermos de ese mal desde los ‘Vedas’. Quizá teniendo en cuenta estos detalles, en 1933 se decidió reutilizar el Gran Hotel de Boñar, inaugurado en 1905, como hospital antituberculoso: aire saludable y un entorno tranquilo. Estuvo en funcionamiento hasta 1960, en que empieza a funcionar en la carretera de Asturias el hospital del Monte San Isidro con capacidad para trescientas veinticinco camas. La estancia media de hospitalización era de dos años. De la enfermería yla atención de los servicios centrales y generales del centrose encargabanmonjas de la congregación de las Hermanas Mercedarias de la Caridad. A partir de 1987 la titularidad pasó a la Junta de Castilla y León.
Cuando hice el COU en el curso 1970 -1971 se programó una visita al hospital deSan Isidro. Se supone que debíamos ayudar buenamente a aquella gentea pasar un rato entretenido, que les permitiera olvidar su situación durante una hora. Recuerdo los gestos contenidos y resignados de los enfermos, algunos ajustándose al retrato de Valdemar, el personaje de Poe. En sus miradas creí leer: «Todos conocemos nuestro pasado, vivimos en el presente, perono nos está permitidoadivinarqué nos deparará el futuro, si mañana seguiremosvivos. Aprovecha bien tu tiempo cuando aún puedes».
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