La historia y el patrimonio de Otero de Curueño, con la presencia de esta jovencísima conferenciante, se vistió de gala para salir a la calle. Y durante varias jornadas, sin romper el ritmo de la vida en el pueblo, con el máximo respeto y el mayor de los atractivos, fue invitando a vecinos y visitantes a que abrieran, con ella, la maleta del conocimiento. Lo logró. Consiguió captar la atención de un público entregado que, en silencio, iba escuchando el resultado de sus descubrimientos, tras las muchas horas, días y meses que empleó en revisar viejos legajos en archivos y bibliotecas. Y también supo escuchar como nadie y responder a cuantas preguntas le fueron formuladas.
El resultado de su trabajo no pudo ser más interesante, además de espectacular (al mirar y ver los documentos que consiguió hallar o al admirar los escudos de la casa/palacio en el pueblo (siglo XV), tras sus explicaciones en el denominado “Taller de heráldica”). Noelia mantuvo un encuentro con los niños; “tocó” la campana de “El Concejo”; habló de “Otero durante la Guerra de la Independencia”; se hizo eco de “Otero de Curueño en los archivos Históricos” (un viaje a través del Catastro de la Ensenada); recorrió los paisajes bucólicos donde reinan (todavía) los personajes propios de la “Mitología Leonesa”, y finalizó invitando a participar en un “Hilorio”. Hilorio especial, tanto que en él confirmó documentalmente que todos los hombres del pueblo de Otero de Curueño –en aquella época, se entiende– fueron nombrados “Hijosdalgo” (de sangre o de privilegio), se apellidaran Ordás, Sierra, López o también Blanco (apellido este último, bien se sabe, procedente de los expósitos). Todos, sin excepción, tenían derecho a los beneficios propios de tal condición: por ser hijosdalgo de solar conocido, por ejecutoria o por privilegio del Rey.

El pueblecito de Otero de Curueño tiene un singular encanto que te atrapa. Y te abre los brazos, también, invitándote a recorrer el alma que habita en sus calles rodeadas de un paisaje idílico. Es el verde de sus bosques y es el blanco de las montañas lejanas las que lo protegen en permanente contacto con un cielo azul inmaculado, salpicado, a veces, por nubes níveas o grises. Un jardín excelso. Una belleza sinigual.
Después de la presencia e intervención de Noelia Herreras, Otero de Curueño posee algo más: el conocimiento de lo que fue a lo largo de su historia. Un lujo más que meritorio que se le ha de agradecer a esta joven universitaria leonesa, historiadora ella, cuya dedicación a revolver en los vericuetos enrevesados de un lugar tan pequeño adquiere otros niveles bastante más atrayentes y, a la vez, complementarios: el don de la palabra, el saber escuchar, las ganas de seguir ampliando los conocimientos, el ofrecimiento de colaboración o el gusto por la convocatoria. La buena educación, en definitiva, acompañada por la no menos buena vecindad. Por todo ello y más, hay que decirlo muy alto: en los meses de julio y agosto, en Otero de Curueño, triunfó la CULTURA.
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