La Feria del Libro de Santa María del Páramo siempre tiene ese aire de fiesta pequeña que se queda en el cuerpo. Una mesa con libros, conversaciones al sol, vasos medio llenos y gente que se acerca sin miedo a curiosear palabras.
Aquel año conocí a Rodri, un punky enorme, majo como él solo.
Se plantó delante de mi mesa con gafas de sol, mirada clara y un hambre de letras que no disimulaba.
Me compró un par de libros y, como si fuera lo más normal del mundo, me canjeó un chupito de tequila por media corra de chorizo que llevaba en la mochila. Yo acepté encantada. Porque si algo aprendí aquel día es que los trueques tienen magia, y la feria del libro también.
Más tarde, cuando ya el sol empezaba a aflojar, Rodri volvió. Había echado el ojo a otro libro, pero ya no le quedaba dinero.
—Te traigo esto —me dijo, sacando una botella pequeña, con un líquido oscuro, casero—.
Lo he hecho yo. Lleva saúco. Me lo dio un colega en la feria de esoterismo de Sabero.
Yo no dudé.
Le di el libro, él me dio la botella, y ahí quedó sellado otro trueque: palabras por plantas.
Historias por raíces.
Aquella noche, en casa, probé la bebida.
El sabor era denso, dulce y profundo. Algo entre jarabe de abuela y trago de bosque.
Y me trajo recuerdos que ni sabía que tenía:
mi abuela preparando infusiones para la fiebre,
la vez que recogimos flores de saúco junto al camino,
el olor a campo mojado que no se olvida.
Dicen que donde crece un saúco, hay un espíritu protector.
Y esa noche, yo sentí que había muchos.
Rodri, antes de irse, me apuntó la receta en una servilleta arrugada.
—No la pierdas, ¿eh? Que esto levanta el ánimo hasta en los entierros.
Y aunque el saúco no sé si crece en Santa María del Páramo,
esa tarde creció entre nosotros algo que sí: memoria, risa y una forma distinta de cuidar.

Susurros de saúco (Sambucus nigra)
El saúco es un arbusto sabio.
Crece cerca del agua, de las casas viejas, de los cementerios.
Dicen que donde hay uno, hay compañía aunque no se vea.
Se ha usado durante siglos para:
• Infusiones de flores: fiebre, resfriado, dolor de garganta
• Jarabes de bayas: para fortalecer las defensas
• Rituales: protección del hogar, paso del alma, conexión con los ancestros
Y aunque ya no se diga tanto, en los pueblos aún se murmura:
quien cuida un saúco, nunca duerme solo del todo.
Receta emocional: Elixir de Rodri (con saúco y memoria)
1 puñado generoso de bayas de saúco (maduras y limpias)
1 litro de agua
300 g de miel (o azúcar si no tienes)
El zumo de medio limón. Y si puedes, una canción punk de fondo. Pon las bayas en una olla con el agua. Hierve despacio durante 20 minutos. Cuela el líquido, añade la miel y el limón. Remueve con paciencia y embotella. Sirve frío, en vasos pequeños. Tómalo cuando el cuerpo pida consuelo o la risa ande lejos. Y si lo compartes, cuenta de dónde viene. Porque hay tragos que curan. Y hay personas que, sin saberlo, dejan en ti un espíritu protector.
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