«Otro rincón singular (de Salientes) lo constituye su cementerio civil, ubicado junto al cristiano. Tan inusual como sorprendente en una localidad de este tamaño, el recinto, cuya portada corona una empinada escalera, fue edificado en 1918 por la colonia salentana de Buenos Aires, destino frecuente para muchos de los emigrantes que se vieron forzados a abandonar el valle durante las hambrunas de los siglos XIX y XX».
El texto anterior, sobre la extrañeza de un gran cementerio civil en un pequeño pueblo leonés, pertenece al libro ‘Semillas de León en América’, del historiador Juan-Miguel Álvarez Domínguez. No son muchos los ejemplos que ‘resisten’ en la provincia y, menos aún, de sus dimensiones y cuidada factura, como también sorprende lo cuidado que está el cercano cementerio católico de la localidad.
Los pocos vecinos del pueblo poco añaden de su historia. «Ya es de hace más de un siglo, lo hicieron los emigrantes», te repiten e, incluso, añaden algún dato que parece sacado de la investigación de Álvarez Domínguez, quien unas lineas más adelante desvela más detalles, acudiendo a la fuente del historiador Pablo García Cañón, «en su sobresaliente obra» Historia del valle de Salientes: del mundo astur al concejo de los Cilleros;en la que cuenta: «De estas mismas fechas (primeras décadas del siglo XX) también data el cementerio civil, neutro, laico, o corral de muertos, como también fueron llamados por el pueblo llano, antífrasis del cementerio católico, camposanto, o campo de la verdad (…) Fue construido con las donaciones aportadas por la colonia salentana residente en Argentina, aunque los terrenos donde se construyó dicho edificio procedían por un lado de una aportación hecha por un particular y, por otro, de una compra efectuada por el pueblo».
Enmienda el historiador un error de fechas —seguramente por las semejanzas del 3 y el 8— y data su construcción en 1913:«Fecha de construcción que figura en el centro de la cruz que corona la portada, que bien pudiera tratarse del año en que se construyó tanto la portada como la escalinata que da acceso al interior del cementerio».
En todo caso, este cementerio civil o corral de muertos, nombre muy expresivo en esta católica tierra, ha quedado como lo más llamativo de un lugar en la cabecera de un valle que también cuenta con un centro de turismo de llamativo nombre:Mil madreñas rojas.
Guardan entre sus paredes la mayoría de los cementerios civiles que quedan en la provincia una especie de enigma, la pregunta sobre su historia, quién ‘descansa’ en ellos. Otro de los más conocidos por estar muy cerca de la carretera y lucir en su interior un espectacular ciprés que llama mucho la atención a los viajeros. Está (más bien pertenece)en Lagunas de Somoza, pequeña localidad del Ayuntamiento del Val de San Lorenzo, y la explicación más repetida sobre su existencia es la de «una historia de amor con final trágico»;algo que tiene sentido pues entre las causas «para no enterrar en cristiano» no están solamente los motivos religiosos. El estudioso del tema, el historiador leonés Tomás Sarmiento, apunta otras causas para enterrar en civil, según señalabanlos preceptos del Derecho Canónico (de 1917) :«Apóstatas, integrantes de sectas heréticas o cismáticas, masones y similares;excomulgados;suicidas;duelistas;los que hicieran quemar su cadáver, y pecadores públicos». Podría ser la condición de suicida la causa del enterrado en Lagunas. ¿O duelista? Ya sería demasiada imaginación.

No siempre los cementerios civiles tienen edificio propio, en numerosas ocasiones se les enterraba —según la lista citada—en el exterior del cementerio católico, especialmente en la posguerra, y sucesivas ampliaciones del cementerio integraron a estos entre el resto. Esto ocurrió, por ejemplo, con el llamado ‘Señorito de San Cipriano del Condado’, enterrado por voluntad propia en una tumba civil pero ahora integrado en el único existente en el pueblo. Cuenta su historia la página web de Vegas del Condado en su galería de fotos de Moisés García Jalón, bajo el significativo título de ‘El último cacique’:«Don Primitivo Valbuena Villapadierna ‘El Señorito de San Cipriano’ nace en León en 1840 y fallece en San Cipriano del Condado en 1927; soltero, enterrado por lo civil, dejó una hija (habida con la criada) que casó y tuvo cinco hijos, herederos de una fortuna ya deteriorada por la política del caciquismo que profesó durante más de veinte años en el municipio de Vegas del Condado. Gran admirador de los amores al azar. En la huerta de su casa llegó a criar un lobo, al que un día dio muerte inmediata pues se tiró a él».
Curiosa expresión la de ‘los amores al azar’, como la de los pecadores públicos de quienes no pueden acabar siendo enterrados en el camposanto.
Son más llamativos los cementerios civiles que aún quedan por ser muy pocos, la mayoría han sido ‘asumidos’ y, al margen de León, los hubo en numerosas localidades. Tomás Sarmiento apunta, a vuelapluma, algunos de ellos:«Quintana Fuseros, San Román de la Vega, Val de San Lorenzo (como consta en un recorte de prensa), Bembibre, Toreno, Armunia (donde se produjo el conflicto de Benito Nuevo), Otero (Toral de los Vados), Astorga, con referencia del reglamento de 1898;en el cementerio del Carmen de Ponferrada y, en buena lógica, debería haberlo en Toral de los Guzmanes, que albergó su famosa comunidad protestante».
Recuerda Sarmiento que «después de la guerra civil se retorna a las mismas condiciones anteriores a la ley de 1932, con un integrismo católico más feroz si cabe, volviendo a erigir tapias en los cementerios civiles, e incluso apartando a estos espacios a ateos, evangelistas, musulmanes, etc... Por ejemplo Genara Fernández fue enterrada en el de León; una evangélica fue trasladada del cementerio viejo al civil. Lorenzo San Miguel también está en el civil de León. Matías Bueno de Diego, viajante de comercio de productos veterinarios natural de Zamora, muerto en la comisaría de León, a causa de las palizas el 24 de enero de 1942 acusado de pertenecer al partido comunista...».
Y la historia que apuntó de Benito y Juan Nuevo Suárez, una familia muy vinculada a Armunia, benefactora del barrio, con otra curiosa historia detrás, tal y como se intuye en la esquela de Benito de «en entierro civil en Armunia. Pero ésa ya es otra historia, otra historia más.