Para destacar en León en el sector de la hostelería tienes que ser bueno. Muy bueno. Tienes que crear el conjunto perfecto para entrar directo al corazón de los leoneses, cosa nada fácil cuando se habla de bares y restaurantes. Porque es de lo que más hay en la ciudad y, por ende, de lo que más sabe el leonés de a pie.
Posiblemente ese leonés de a pie sea un experimentado en esto del comer, pero tirando, más bien, hacia la cocina tradicional. Cuchara, carne, pescado, tapas y raciones contundentes. Primer plato, segundo plato y postre. Vamos, lo de toda la vida.
Sin embargo, la cocina moderna tiene cada vez más presencia en la capital. Una presencia que va de la mano de la fama y de la calidad gracias a restaurantes como Cocina con Mimo, que realzan la comida hasta límites insospechados. El nombre, además, no es ninguna casualidad. Por algo se llama así. Igual que tampoco es casualidad ninguno de los platos que allí elaboran. Desde el macaron de cocido leonés sobre una base de morcilla hasta el de ronchito en el postre. Contiene esos guiños a la ‘tierrina’ que siempre se agradecen, que recuerdan al comensal dónde está y que le dan ese toque personalísimo y contemporáneo a platos que siempre fueron tradicionales. Y todo por no hablar de la exquisita atención al cliente, donde desde el primer minuto pasa a ser el centro de atención de una experiencia que trasciende de lo gastronómico, puesto que repasa la historia no solo de la provincia de León, sino de otras regiones del mundo como los propios macarons franceses, el cochinillo de Segovia, la vieira gallega o el espárrago de Tudela. Por nombrar simplemente unas de las muchas «paradas» del viaje que se emprende en su moderno local de La Rúa, si bien cada cierto tiempo alternan algunos aperitivos y se guían, siempre, por la temporada que sea en ese momento.
Hay dos opciones de viaje: el corto y el largo. Ambos excelentes. El corto, por cierto, no es tal. Por parte de un servidor, una atrevida recomendación: no conviene ir con el estómago lleno, el helado de palomitas del final que empieza a abrochar la comida merece un hueco. Es complicado no echar mano todo el rato al aceite berciano con el pan de maíz (o de hogaza), pero a la larga es beneficioso controlarlo para degustar todos los platos de la forma debida.
El ‘mimo’ está presente en cada detalle. Un mimo que pone en valor la cocina de León desde un punto de vista moderno. Mezcla conceptos, generaciones y estilos. La piedra de foie con chocolate blanco sobre una madreña resume a la perfección este restaurante que tiene un sol de la Guía Repsol y desde 2022 revalidan su Bib Gourmand de Michelin. También lo está en la explicación de cada elaboración: el personal conoce a la perfección el producto, desarrolla la esencia y prepara al usuario con el objetivo de que él sea también partícipe del viaje. Ya lo dicen sus dueños, Javi del Blanco y Ángela: «Queremos estar con el cliente y mimar lo máximo posible la comida y el trato».
Reservas:987 04 53 50