Director: Lee Cronin.
Intérpretes: Alyssa Sutherland, Lily Sullivan, Gabrielle Echols, Morgan Davies.
Género: Terror.
Duración: 96 minutos.
Cintas de terror como ‘Posesión Infernal: el despertar’ (‘Evil Dead Rise’) son capaces de demostrar que, con una narración sencilla, ejecutada con fluidez y sin tapujos , toda ella bañada en una cantidad sangre de proporciones bíblicas, o más bien ‘necronómicas’; uno lo puede pasar bien pasándolo mal.
La saga de ‘Posesión infernal’, a la que también nos referiremos como ‘Evil Dead’ de aquí en adelante, encuentra sus raíces en los sobrecargados años 80, posiblemente la década más prolífica de las películas de terror, dando origen a algunas de las criaturas y relatos más populares de la historia del género. Es en estos años donde el horror gráfico, hasta entonces confinado por la censura social y las limitaciones técnicas del medio, se roba todas las miradas con unos efectos especiales que hacían que, en clásicos como ‘La Cosa’ o ‘Pesadilla en Elm Street’, las peores pesadillas cobraran vida, además del precio de las incontables entradas de cine que cosechaban con su popularidad. A pesar de este enfoque más visceral, en todos los sentidos, el género se diversificó y muchas de sus obras optaron por un tono más ligero, donde el horror era más una excusa para disfrutar que para temblar. ‘Un hombre americano en Londres’ o ‘Gremlins’ son claros ejemplos de aquella corriente espeluznantemente cómica en alza. Y si hubo una serie de películas que destacase a la hora de combinar estos elementos, esta era ‘Evil Dead’. Creada y dirigida por Sam Raimi (‘Spider-Man’, 2002), la antología gira entorno a muertos vivientes que resucitan gracias a los poderes demoníacos del llamado ‘Necronomicón’, el ’libro de los muertos’, de los cuales se tiene que deshacer el protagonista de los modos más violentos e irreverentes posibles. La trilogía original sufrió una transición desde el terror más clásico de la primera entrega, hasta una tercera parte que es prácticamente una comedia medieval a lo ‘Monty Python’; pasando por la secuela, ‘Evil Dead II’, que se consagró como el pináculo de este subgénero de espanto cómico. En 2013, se estrenó un remake de la historia original, mucho más sobria y aterradora que a lo que los fans de la saga estaban acostumbrados. Diez años más tarde, los muertos vivientes vuelven a los cines con la cinta más diferente hasta ahora, pero que se siente más familiar que nunca.
La trama, que solía ambientarse en una cabaña perdida en el bosque, ahora transcurre entre las cuatro paredes de un destartalado bloque de pisos, donde vive una madre con sus tres hijos, los cuales, junto a su tía, que llega de visita en el peor momento posible, sufrirán en sus propias carnes los horrores liberados por el mencionado ‘Necronomicón’.
Todo sea dicho, quien espere una bufonada de la talla la trilogía original, puede ahorrarse la entrada, porque ‘Evil dead: el despertar’ no es de risa, cosa que no quita que sea graciosa, incluso desternillante, por momentos. Por mi parte, no soy un fanático de las películas de terror, digamos que se me complica verlas por muy buenas que supuestamente sean, teniendo en cuenta que me paso una de cada de dos escenas tapándome los ojos o mirando para el suelo. Con esta no fue diferente, más cuando la tensión está perfectamente medida para romperse con unos sustos que te harían caerte de culo de no estar sentado en la butaca, y cuando el trabajo de maquillaje y los efectos prácticos se sienten tan reales que pueden revolver el estómago de cualquiera que cometa el error de verla justo después de haber comido. Sin embargo, lo que sí cambió con respecto a prácticamente todas mis experiencias de miedo en el cine, es que en un mismo aliento pasara de gritar de puro pánico a reírme con todas mis fuerzas. Mis amigos pueden atestiguar que parecía un demente. Porque puede que estés inmerso en una escena tan aterradora que el corazón parece que se te va a salir del pecho, para que de repente una madre poseída suelte a sus hijos algo como, y cito casi textualmente, ‘os voy a matar parásitos chupatetas’, tornando mi mueca de terror en una carcajada. Aunque la inagotable fuente de entretenimiento de esta cinta es lo desproporcionado de su violencia, que da lugar a momentos donde, ante semejante salvajada, ya distanciada de todo lo remotamente humano, uno no puede hacer otra cosa que reírse. Ratos que son una ducha en el infernal argumento, aunque sea de sangre.Algo que me sorprendió de ‘Evil Dead: el despertar’ es su inusitado paralelismo con ‘Venus’ de Álex de la Iglesia, estrenada hace unos meses y que ya reseñamos entonces. En ambas, una joven huye de su vida entre discotecas y clubs, para refugiarse en casa de su hermana y sus sobrinos, que da la casualidad de que viven en un edificio desolado con un pasado paranormal, donde tendrán que hacer frente a fuerzas malignas para salvar sus vidas. No creo que Lee Cronin, director de esta entrega, haya echado un ojo al libreto de de la Iglesia, pero en todo caso lo mejora con creces. Porque, mientras que el fracaso de ‘Venus’ se lo achacaba a su falta de rumbo, dando demasiados rodeos y relegando el espectáculo ‘gore’ a los últimos minutos, ‘Posesión infernal: el despertar’ tiene las cosas claras. Ya que, aunque la acción vaya de menos a más, esta no se duerme en los laureles, y te presenta una barbaridad de principio a fin, que no tiene reservas en mostrar las mayores atrocidades concebibles. Aun cuando los que las sufren son los miembros de una misma familia, un aspecto generalmente tabú en este tipo de historias, que suelen optar por desconocidos o jóvenes calenturientos como cabezas de ganado; llevando la expresión ‘sangre de mi sangre’ a significados dantescos.
La última instancia de la saga ‘Evil Dead’ trata de avanzar sin olvidar su legado, equilibrando tanto la temática y elementos clásicos con un nuevo entorno más actualizado a los tiempos modernos, como el terror efectista y oscuro de hoy por hoy con un tono más alocado y escatológico que recuerda a los años dorados del género. Entretenida y escalofriante a partes iguales.