Este es el séptimo verano de ‘La Soco’ como socorrista en las piscinas de Villademor de la Vega después de que el sexto fuese allá por 2013. Seis años después ha vuelto al pueblo de sus abuelos, al de su infancia, al de su juventud y al lugar en el que quiere ahora hacer su futuro. Por eso este invierno se incorporó al grupo de los que mantienen la puerta de una casa abierta durante los meses más crudos en el pueblo, esos en los que el agua de la piscina se hace estanque y lo único que puede salvar Laura es un rato de soledad a sus paisanos echando una partida a la subasta con ellos o una buena parlada con sus paisanos Chucho y Nano. Pero este año llegó el verano y retomó su camiseta de Socorrista y ha vuelto a hacer honor a ese apellido que lleva acompañándola desde el verano de 2007.
"Es una piscina muy tranquila, nunca he tenido que intervenir en ningún incidente grave", cuenta resguardada a la sombra de una esquina de la piscina grande de Villademor de la Vega. Allí ha hecho muchas horas sentada mirando el azul del agua, siempre rodeada de la gente joven del pueblo que aprovecha su cercanía para ubicarse siempre cerca de ella. Nunca falta una conversación con Laura al lado.
Tampoco alguien con quien echar un baile. Suya es la culpa de que este invierno hayan sido muchos los que hayan probado con los bailes latinos gracias a la insistencia de quien vive todo con la misma pasión con la que vivió aquel verano de los 17 años.
Recuerda que pocos días volvía después de trabajar a casa sin cruzar el pueblo envuelta en una toalla porque los amigos le tiraban al agua incluso con sombrilla incluida en muchas ocasiones. Para Laura, ‘La Soco’, hablar de aquellos veranos también es recordar a su abuela Teresa que cada día le preparaba la comida que hoy tiene que hacer ella. "Me la llevaba a la piscina cuando me tocaba trabajar a mediodía, como una reina me tenía", cuenta no sin cierta nostalgia.
El apellido de Socorrista de Laura no lo ha ganado solo en las piscinas de Villademor de la Vega ya que de ello ejerció también en Betanzos y alguna vez en Bilbao, "pero como Villademor nada". Este verano cuenta que con las tormentas tiene poco trabajo, que "por desgracia mucho ha cambiado el pueblo en cuanto a número de gente desde 2007". Ya no queda tanta gente al fresco por las noches en las puertas de las casas, no hay tantos niños jugando al escondite alrededor de la Iglesia, no hay el mismo tránsito de Vespinos camino del campo para cambiar el agua de los cultivos, ya no es lo mismo que hace hace doce años cuando se hizo con el apellido de ‘La Soco’. Muchos años han pasado, mucho ha cambiado todo y ella ahí sigue, al pie de la piscina, vigilante de sus vecinos en verano (y en invierno), sonriendo sin parar y "como pez en el agua" cada vez que pone un pie en el pueblo de su familia materna. "Como Villademor nada", dice. Y como Laura pocas.
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