«No sé muy bien cómo surgen estas cosas, esta serie llegó experimentando con materiales en el laboratorio, son materiales que no sabes cómo van a evolucionar, no sabes cuál será el resultado final».
Martinferre profesa amor fiel hacia el proceso alquímico que se da en el cuarto oscuro, en el que pasa cada vez más tiempo - unas cinco horas para realizar el proceso de revelado de cada una de las fotografías de la citada serie -. Allí, en el laboratorio, investiga texturas con materiales cotidianos y luz sobre papel baritado, y entrega al azar de la química del carbonato sódico, la hidroquinona y el hiposulfito, sus laboriosas composiciones.
«No sé qué me llevó a crear ‘Harén de danzarinas’. Es sobre la marcha que va evolucionando la obra. Sabes cómo empieza una idea, pero nunca sabes cómo acaba».
En el transcurso del proceso creativo, que tantas veces, sino siempre, es un misterio para el propio artista, fueron evolucionando las figuras basadas en bailarinas de ballet clásico hacia ‘danzarinas tribales, sanguíneas y asilvestradas’, como le gusta definirlas a su autor. Lo liviano, etéreo y volátil de las bailarinas de danza clásica, que el fotógrafo asocia a lo espiritual y al subconsciente, da paso a las danzarinas tribales, que emergen de la ligereza del aire, evolucionando hacia la fuerza dela tierra y el ímpetu del fuego. Las danzarinas del harén de Martinferre danzan desnudas en una plegaria de fecundidad. Como él mismo dice: «Danzar es rezar, antiguamente las danzas eran las plegarias a los Dioses, las danzarinas están basadas en los rituales antiguos de fecundidad».
Martinferre dice, con rotunda claridad, que la escritura y la fotografía es lo que lo salva, es a través de estas dos expresiones que desarrolla su creatividad y puede liberarse.
Después de años de investigación, búsqueda y dedicación al oficio de la fotografía, ha encontrado en ella su manera de hacer arte, un arte de raíz. Cuando le pregunto por sus referentes no se va muy lejos. «Sin ir más lejos, en el Bierzo tenemos fotógrafos grandísimos, como Amalio Fernández y Vicente Nieto Canedo. Cuando empecé influyeron mucho en mi obra las temáticas que ellos utilizaron: retratos, naturalezas muertas y paisaje. A partir de desarrollar estas temáticas, especialmente los retratos, empecé a interesarme por las historias de la gente, que es lo que realmente me gusta, la gente, la vida cotidiana, y de ahí he pasado hacia lo espiritual para darle rienda suelta a la imaginación».
«Todo lo que fotografío soy yo, es el reflejo de todo lo que soy, las máscaras de Sísifo -serie anterior a ‘Harén de bailarinas’, realizada con la misma técnica- son las máscaras que utilizamos todos para relacionarnos».
Reme Remedios, directora de Dosmilvacas.
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