Francisca Moya Alcañiz y Susana Sueiro Seoane, ambas profesoras de la UNED, protagonizaron las ponencias de la Jornada del jueves en el Curso de Verano ‘Historia y memoria’ que se viene desarrollando en Cistierna, organizado por la ULE. Moya habló de ‘Mujeres en la sombra: espionaje, control y poder en la inteligencia republicana durante la guerra civil española’ y Sueiro centró su ponencia en ‘La importancia de Marruecos en la guerra. El papel del Alto Comisario, Juan Beigbeder’.
Moya Alcañiz se fijó especialmente en el papel femenino «en los servicios de información vinculados al Ejército republicano, particularmente en el Servicio de Inteligencia Especial Periférico (SIEP) y a las estructuras de inteligencia soviéticas del NKVD». A partir de documentación procedente de archivos militares, judiciales y policiales, el estudio reconstruye las trayectorias de mujeres que actuaron como agentes, enlaces, informadoras y colaboradoras en operaciones de inteligencia de gran relevancia para el desarrollo de la guerra».
También apuntó la fuerza de las motivaciones que las llevaron a asumir estas tareas, «los riesgos a los que se enfrentaron y las consecuencias que sufrieron muchas de ellas tras el final de la guerra, cuando fueron detenidas, encarceladas o sometidas a procesos represivos».
Se centró en varios casos concretos , como el de la española África de las Heras, «una de las figuras más relevantes y fascinantes de espionaje del siglo XX, cuya historia permite comprender la dimensión humana y política de estas mujeres que actuaron en la sombra». Y reconoció que la finalidad de la investiagación que viene realizando es «recuperar del olvido a unas protagonistas cuya contribución permaneció durante décadas invisibilizada y aportar una nueva perspectiva sobre la participación de las mujeres en la Guerra Civil española», una historia desconocida y no reconocida.

Susana Sueiro, por su parte, centró su exposición en la figura de en la figura de Juan Luis Beigbeder, un militar atípico, con un perfil muy alejado del estereotipo del oficial del ejército español. «Era un erudito, cosmopolita, políglota, con don de gentes, era un militar estudioso y culto. Como agregado militar en la embajada española de Berlín, cargo que ocupó hasta finales de 1934, asistió al ascenso del nazismo e hizo amistad con gran parte de la oficialidad alemana. Tras Berlín, fue destinado a Marruecos a las órdenes del Alto Comisario, una tierra que había aprendido a amar desde que llegó allí en 1909 para tomar parte en la guerra del Rif. Se relacionó bien con sus habitantes y sus clases dirigentes y llegó conocer en profundidad la historia, cultura y tradiciones marroquíes. Le gustaba exhibir el Corán y vestir con túnicas árabes. Gracias a su conocimiento del árabe y los dialectos del norte marroquí, tuvo una importante contribución en la defensa de Melilla durante el desastre de Annual».
Desde Marruecos, Beigbeder formó parte de la red de conspiradores que organizaron la sublevación contra la República en 1936. Señalaba Sueiro que «fue ‘el hombre del 18 de julio en África’. Fue la persona idónea para establecer los primeros contactos con Hitler y el Tercer Reich y canalizar la petición de ayuda militar de Franco, decisiva para el éxito inicial del golpe. Además, fue hábil al presentar la guerra civil entre la población de Marruecos como una lucha de creyentes contra infieles, una alianza de marroquíes musulmanes y españoles cristianos contra los ateos y ‘bolcheviques’ enemigos de la religión, y, por tanto, del islam».
Este viernes, Javier Rodríguez pronuncia la última ponencia y se clausura la 19 edición del curso que él mismo dirige.
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