El tercer sábado de mes, desde septiembre y hasta julio aproximadamente, una fecha señalada en los calendarios de Babia y Luna. Es entonces cuando los calechos se convierten en protagonistas de la zona, combinando cultura, tradición y convivencia.
El origen de la iniciativa se remonta al verano de 2016, cuando Elías Valcárcel Quiñones, junto a un grupo de amigos y escritores, organizó lo que llamaron «los veranos culturales» de San Emiliano de Babia. «Eran charlas, conferencias, presentaciones de libros... Ahora no nos hacemos a la idea porque ha cambiado mucho la cosa, pero es esa época estábamos bajo la influencia de la crisis del 2008 y en los ayuntamientos pequeños no había prácticamente nada», refleja Elías.
Fue al final de aquel verano cuando surgió el caldo de cultivo de lo que hoy son los ‘Calechos de Babia y Luna’. «Planteé la idea de hacer algo al menos una vez al mes y así empezamos», recuerda el impulsor. De esa forna nació el formato actual: una charla cultural seguida de una cena colectiva y, como no podía faltar en la montaña leonesa, música tradicional hasta altas horas de la madrugada.
Los calechos rotan cada mes por diferentes pueblos –San Emiliano, Robledo de Luna, Piedrafita de Babia, Aralla o Carrasconte–, siempre que tengan un local social y un restaurante. «La entrada a la charla es libre, y, para la cena, el límite lo pone el restaurante de turno», explica Elías. El precio es fijo –ahora 22 euros–, y cada establecimiento elabora el menú con libertad. «Yo llego y no sé lo que vamos a cenar. Ellos se apañan», ríe el organizador.
Los encuentros han ido repitiéndose desde aquel primer año con la única interrupción de la pandemia. A la cita mensual se suma además el certamen literario de relatos que, en una muestra de la particularidad de su filosofía, no tiene ganadores. «Es injusto. Pasa como en una maratón: el que llega dos décimas más tarde ya no lo recuerda nadie», argumenta Elías. Cada año se seleccionan en torno a diez relatos que se publican en un volumen colectivo. Desde hace unas ediciones, se aceptan también textos escritos en patsuezu, pues, en sus palabras, «es importante tener presen lo que era el habla de estas zonas».
Este tercer sábado de mes, vecinos y vecinas no faltarán a su cita, que comenzará a las 11:30 horas. Como cada mes de septiembre, arranca una nueva temporada de calechos de invierno con una ceremonia especial: la presentación del nuevo libro con los relatos seleccionados del certamen. Participarán los autores y miembros del jurado, y se contará con la presencia del escritor asturiano Pepe Monteserín como ponente invitado. «Nos viene a contar su incursión en el ámbito de la música», adelanta Elías.
El encuentro culminará con una comida, y por la tarde, acordeonistas y pandereteras animarán el baile, como en las fiestas de antaño. «El calecho más pobre en música tiene cuatro o cinco acordeonistas. Hemos llegado a tener hasta doce», asegura el impulsor: «Es un sitio donde la gente se reencuentra con la infancia. Es la música de antes, los bailes de antes, lo que eran las fiestas de pueblo de toda la vida».
La acogida de la iniciativa ha sido calurosa desde el principio, llegando a contar en alguna ocasión hasta con 200 asistentes. Sin cuotas ni ánimo de lucro, esta asociación legalizada –aunque sin socios formales– subsiste a merced de la colaboración voluntaria y la implicación de varios ayuntamientos. «Uno de nuestros lemas es que ni cobramos ni pagamos a nadie», apunta Elías: «Sólo se cubren los carteles y la cena del ponente».
Como un fuerte seguro para la memoria colectiva, los ‘Calechos de Babia y Luna’ son un acto de resistencia contra el olvido al que el medio rural se enfrenta en los meses de frío. También, un despertador cultural de las zonas en las que habitan. Y es que, cuando termina el verano, lo que queda en Babia y Luna son siempre los calechos.
