Cuando tu dices lucha leonesa alguien añade: "Felipe León"

El Mago de Villaquilambre fue un histórico de la lucha leonesa y un tipo irrepetible, en todos sus oficios, un grande de la vida

12/07/2026
 Actualizado a 12/07/2026
Felipe León, un deportista de gran potencia, calidad e impresionante planta;y junto a su hermano Ubaldo, también luchador como él. |HISTORIA LUCHA LEONESA
Felipe León, un deportista de gran potencia, calidad e impresionante planta;y junto a su hermano Ubaldo, también luchador como él. |HISTORIA LUCHA LEONESA

Ayer comenzó una nueva edición de la Liga de Verano de Lucha Leonesa y al comenzar el corro es inevitable que salga el nombre de Felipe León. Unos porque no hay ningún coche atravesado cerca, mal aparcado; otros porque le echan de menos en la grada; muchos porque cuando sale la expresión en cualquier conversación alguien añade inmediatamente "Felipe León", apodado en la lucha ‘El Mago’ de Villaquilambre, fallecido en noviembre de 2022 a los 89 años de edad.

Y si alguien se acuerda del luchador también lo hacen del paisano, porque "Felipe fue mucho paisano", la bondad hecha vecino. Muchos le llaman, con cariño, "el mejor luchador de la historia" pero ya se sabe que esa es una ecuación imposible de resolver, junto a otros nombre de otras épocas y de la suya, como Cayo de Celis, el gran Cayuso, que tal vez caló menos por haber emigrado a Francia y tener menos presencia, por tener poco peso y necesitar practicar una lucha menos vistosa, más práctica.

Hay un detalle con estos dos nombres que nos habla de la parte humana de la lucha, fundamental. Felipe comenzó a trabajar joven, la familia tenía un negocio próspero para la época y pronto se compró una recordada moto con la que podría acudir a los corros más alejados, a la montaña de Riaño, que le encantaba luchar allí y en Acebedo, Burón...

En aquellos años buenos de Felipe era el gran dominador y su rival más duro Cayo, de Villaobispo. Pues cuando Felipe subía a luchar en su moto... ¿a quién llevaba en el asiento de atrás? Pues a Cayuso, el que le podía derrotar.

Y completa la escena otro nombre: Quintín Martínez, El Gladiador Romano de Acebedo, el tercero en discordia. Un tipo al que no le gustaba luchar fuera de su comarca pero cuando luchaba en su pueblo era terrible; capaz de derrotar al mismísimo Felipe o a Cayo. Pero, pasara lo que pasara en el corro, los tres sabían que se cenaba en casa de Quintín y, si era necesario, también se quedaban a dormir allí. La tristeza de los dos en el entierro del Gladiador era una tesis doctoral de los mejores valores del deporte.

El luchador con su gran rival en los corros y amigo fuera de ellos, Cayo de Celis
El luchador con su gran rival en los corros y amigo fuera de ellos, Cayo de Celis

Hay otro detalle que habla de Felipe. Tenía un hermano mayor, Ubaldo León, ganadero y camionero, de una fuerza terrible. Pero jamás luchaban uno contra otro pues, explicaban, "a madre no le gusta que nos agarremos, dice que¡ los hermanos no se pegan". Tan solo una vez lucharon, en la inauguración de la iglesia de Vegaquemada con una gran romería a la que llevaron a su madre. Pablo Díez, el mecenas del corro y la iglesia, quería ver a los hermanos León y se pidió a su madre, que accedió "por una vez". Cuando les preguntabas no querían aclarar quién ganó, aunque Felipe, muchos años después , explicó que "ganó Ubaldo, que estaba como poseído al ver a madre en las gradas... y, además, era el mayor".

Pues eso. Así eran.

Felipe, de impresionante planta y capacidad innata para cualquier deporte —fueron muchas las veces que antes del corro había ganado la carrera de la rosca que se celebraba en tantos pueblos— y era una fuerza de la naturaleza. Cuando trabajó en el matadero había mucha gente que iba a ver cómo cargaba las canales a los camiones. "Así practicaba la cadrilada, que después me salía sola en los corros pues los rivales pesaban menos que las canales que cargaba".

Fue ganadero, tratante de ganado, trabajó en el matadero... y en todos los oficios fue un tipo querido, entrañable, y mientras tuvo fuerza acudió a los corros de lucha con su inseparable Miguelín y se sentaba rodeado de leyendas de la lucha. Escuchar aquellas conversaciones era una impagable lección de lucha leonesa; reducir la biografía de Felipe León Viñuela a cifras, números, corros ganados, trofeos... una tremenda injusticia, aquellos paisanos eran mucho más que luchadores. Eran eso, paisanos.

 

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