Cuando llamar ‘el último Templario’ es simplificar en exceso

Tomás Martínez ‘el hospitalero de Manjarín’ fue uno de los personajes más singulares del Camino de Santiago, que ya es mucho decir de una ruta milenaria

01/11/2026
 Actualizado a 01/11/2026
El llamado ‘Último Templario’ (y muchas más cosas)llegó a la localidad de Manjarín en 1993 y allí se instaló como el hospitalero más singular.  | DAVID RUBIO
El llamado ‘Último Templario’ (y muchas más cosas)llegó a la localidad de Manjarín en 1993 y allí se instaló como el hospitalero más singular. | DAVID RUBIO

Muchas veces, y sobre todo con personajes excepcionales, reducir su biografía a un lema, una característica, algo llamativo es una simplicación tan poco ajustada a la realidad como injusta. Un buen ejemplo podría ser el de Tomás Martínez de Paz, al que muchas veces redujimos, tal vez por sus vestimentas y ritos, a ‘El último templario’ con el añadido de El hospitalero de Manjarín’, sin que eso anule esa doble condición, que realmente la tuvo.

Pero su biografía es tan fascinante como novelesca, inclasificable. Desde converso a apóstata, desde caminante a miembro de la Orden del Temple Resurgida, desde militante revolucionario (de la ORT)a hospitalero en la más vieja tradición... y mucho más. La escultora Irene García-Inés, autora del homenaje a María la de Foncebadón y otro de esos productos del Camino, mostraba en un reportaje de La Nueva Crónica la dimensión que en el Camino tenía Tomás. «En el albergue de peregrinos Ave Fénix estos días estamos despidiendo a Salvador, nuestro hospitalero más fiel. Al entierro han asistido únicamente Jato y Tomás de Manjarín; nada más, y nada menos, porque como hospitalero no podía tener mejor cortejo».

Jorge Severo Medina, historiador volcado en el Camino y todo lo que le rodea, traza un perfil del hospitalero. «Tomás fue uno de esos personajes que parecen sacados de un cuento, pero que muchos peregrinos conocieron de verdad, allí arriba, en lo alto del Camino Francés. (...) Apareción en Manjarín en 1993, allí Tomás levantó un refugio muy especial para los peregrinos: el Refugio Templario de Manjarín. Cuando llegó, el lugar estaba prácticamente en ruinas. Con paciencia, trabajo y una fe profunda en el Camino, fue dando vida a ese rincón: primero un cobertizo sencillo, luego un refugio lleno de símbolos templarios, banderas, cruces rojas y un famoso poste de madera con señales hacia Santiago, Roma, Jerusalén y otros lugares sagrados del mundo. Tomás era un hombre sencillo y duro a la vez. Había sido soldado y sabía lo que significaba pasar frío, hambre y miedo».

Tomás Martínez de Paz con todos sus ‘atributos’ de Último Templario.
Tomás Martínez de Paz con todos sus ‘atributos’ de Último Templario.

 

Y, contaba Tomás cuando le preguntaban por su andadura que «cuando la vida se me complicó, y mucho, apareció el Camino, que fue mi salvación».

Parte de ese pasado se lo había contado a David Rubio para el libro ‘Personajes leoneses’:«Antes de sumarse a esta orden templaria Tomás Martínez nada habría hecho sospechar que acabaría en Manjarín. Era sindicalista y afiliado de la ORT (Organización Revolucionaria de Trabajadores), de signo comunista maoísta. ‘Yo siempre fui creyente, incluso en mi etapa marxista», asegura. De hecho, tuvo su primer contacto con la Orden del Temple en una librería de la Liga Comunista Revolucionaria’, donde se hizo con el libro que despertó su interés por el tema».

Pero antes de ser El último Templario había trabajado en Madrid, se rompió su matrimonio, montó una librería templaria en Ponferrada, regentó una granja en Valdueza, fue pastor de ganado antes que de almas y en este oficio contrajo las fiebres de malta por lo que se retiró a un albergue en Villafranca del Bierzo... y allí vio la luz que le llevó a poner en marcha el albergue en el lugar más inhóspito y abandonado del Camino, a pesar de ello tuvo que pleitear duro con el alcalde que no le quería «recibir como vecino».

El singular albergue que levantó en Manjarín desde 1993. | L.N.C.
El singular albergue que levantó en Manjarín desde 1993. | L.N.C.

 

Tomás Álvarez, otro historiador del Camino, despedía así a su tocayo cuando falleció hace tan solo unos meses:«Nacido en Murias de Rechivaldo; ex dependiente de comercio; separado; padre de varios hijos; recibió un mensaje inesperado una noche en que pernoctaba en el interior del castillo templario de Ponferrada. Él y un amigo quedaron absortos escuchando unas músicas gregorianas que surgían en medio de lo que antaño fue salón del Temple. Interrumpió allí mismo su viaje Jacobeo y comenzó a atender a los peregrinos».

Ylo hizo siempre con el mismo lema: «Aquí se ayuda a todo el mundo», aunque reconocía que alguna vez le llegaron verdaderos hijos de Satanás.

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