Cuando el otoño comienza a llenar de otras melodías nuestros días, envueltas en rumores de lluvia y pisadas sobre hojas secas, traemos a estas líneas la figura de una mujer que ha tenido siempre en la música una de sus principales referencias. Berciana por antonomasia (lugar donde los colores del otoño se vuelven música), Esther López Lanzón, solo Lanzón como nombre artístico, nace en Fabero, crece en Ponferrada y discurre por múltiples lugares de los que adquiere experiencias y enseñanzas, hasta volver al berciano y pequeño pueblo de Sancedo donde reside ya desde hace unos años.
Ella misma se declara una persona plenamente ligada a la música desde su más tierna infancia, nacida en el seno de una familia donde, dice, «todos cantaban», donde «la música formaba parte de la vida», desde las nanas con que dormía a Ana, su hermana pequeña, «las más de las veces inventadas e irrepetibles», hasta los juegos con ella en los que todo lo decían cantando. Es difícil imaginársela sin una guitarra entre sus manos desde que su madre, con apenas trece años, le regalara la primera de ellas, para descubrir desde aquel momento que ese era el instrumento perfecto con que acompañar su voz. Y desde entonces ambas fueron una. Aprendió a tocarla de forma autodidacta, primero «escuchando y observando a los guitarristas que por las noches tocaban por las bodegas del casco antiguo» de Ponferrada, poniendo atención a sus movimientos que luego intentaba reproducir; más tarde recogiendo las enseñanzas de «seres maravillosos» que fue encontrándose en su camino y que le permitieron avanzar musicalmente un poquito más cada día.
«Nunca he dejado ni de cantar, ni de tocar, ni de componer, acompañada o en solitario», confiesa, compaginando las canciones propias con las versiones, decantándose por la faceta de cantautora con un repertorio reivindicativo, social y comprometido. Por eso, ante una sociedad que suele buscar un entretenimiento más comercial, más bailable, suele comenzar sus conciertos advirtiendo: «mi música quizás no os haga mover el cuerpo, pero seguramente os haga bailar el alma». Con una exquisita sensibilidad, Esther Lanzón reconoce que le llega y le inspira cualquier forma de arte que la ayude «a percibir y sentir la belleza de la vida». Ha hecho teatro y escribe poesía, faceta esta última que le permite desarrollar a fondo la de cantautora. Las letras de sus canciones, de sus temas propios, son poemas a los que le pone música, a veces suyos, a veces de otros, como los integrados en su primer Cd 'Vivir', un proyecto que inició a su regreso a tierras bercianas y que «nace a fuerza de vivir, amar, de sufrir, de clamar y proclamar esas verdades que todos llevamos muy adentro»; «un canto a los sentimientos, al ser humano, a la esperanza, al amor» en lo que ella define como un viaje interior en el que no solamente se ha descubierto a si misma sino también el hecho de «que lo importante no está fuera, sino dentro de nosotros»; un viaje en el que se reconoce influida por ese lenguaje capaz de «removerte, hacerte pensar y desde luego comprometerte», como el de las letras de personajes como Violeta Parra, Cecilia, Nino Bravo, Mercedes Sosa, Silvio Rodríguez, María Elena Walsh, Cat Stevens, Joan Báez, Chavela Vargas... «y muchísimos más que se quedan sin nombrar».
En un proceso en el que intenta que la inspiración siempre la pille trabajando, va haciéndose camino y buscando su espacio en este difícil mundo de la canción de autor, colaborando y compartiendo proyectos, muchos relacionados con la literatura y la poesía, y, también muchos, hechos y dirigidos por mujeres como los compartidos con Poetalia, una asociación de poetas y rapsodas vascas, con las que ha colaborado en varios espectáculos de poesía y música relacionados con mujeres de la Generación del 27 o escritoras como Gloria Fuertes. Incluso su próximo proyecto, Mujeres en verso, ya bastante avanzado, nace pensando en femenino, porque «casi siempre se han musicalizado poemas de grandes autores masculinos y yo he decidido cantar poemas de mujeres. Poetas como Ángela Figuera, Ernestina de Champourcín, Concha Méndez, … y otras que tengo en mente», su aportación personal «para descubrir el maravilloso tesoro de poetisas que tenemos en nuestra preciosa lengua».
Mujer de carácter, escucharla no deja impasible a quien lo hace, y su voz y las notas de su guitarra te abrazan al tiempo que te estremecen el alma, mientras desea que ojalá las instituciones públicas apuesten más por el arte y lo hagan también pensando en tanta gente joven que viene pisando fuerte.