Hay nacimientos que no se anuncian con ruido, sino con gesto. Que no llegan para ocupar espacio, sino para recuperarlo. Esta semana, en León, un bar abrirá por la tarde solo para celebrar el nacimiento de un fanzine cultural. No habrá escenario ni presentación al uso. No habrá discursos largos ni solemnidad impostada. Habrá literatura, ilustración, conversación y barrio. Y eso, en los tiempos que corren, no es poca cosa.
El fanzine se llama Cezine y no se presenta: se celebra.
La cita será en el Cincinnati, un bar de barrio que abrirá expresamente para este encuentro. El gesto no es menor. Abrir un espacio hostelero fuera de su horario habitual para acoger un acto cultural habla de confianza, de complicidad y de una manera de entender la cultura como algo que sucede donde vive la gente, no solo donde se programa.
Literatura sin escaparate
Cezine nace con una idea clara y deliberadamente sencilla: reunir literatura e ilustración de calidad, dar voz a autoras y autores con trayectorias diversas y hacerlo desde un lugar cercano, no institucional, sin necesidad de escaparates ni validaciones externas.
En este primer número conviven nombres bien conocidos de la literatura y el pensamiento cultural leonés con ilustradores cuya obra dialoga con los textos desde la raíz, no desde el adorno. El lector encontrará poesía, relato y texto ensayístico breve, junto a una cuidada selección de ilustraciones que acompañan —y a veces tensan— la palabra.
Entre las firmas de este número inaugural están Antonio Manilla, Benna Gracia, Gabriel Quindós Martín‑Granizo, Vanessa Díez, Concepción Hernando, Elvira Martín Rego, David Rubio, Alfonso García, Fulgencio Fernández y Marina Díez, con ilustraciones de Fátima Rodríguez Santos, Mayka García, Avelino Fierro, Noelia García y Lidia Redondo, además de una ilustración de contraportada de LOLO.
El resultado no es una revista al uso ni un producto de consumo rápido, sino un objeto literario pensado para leerse con calma, guardarse y volver a abrirse. Cezine nace con vocación estacional: un número por estación, un ritmo asumible, una continuidad que no depende del ruido.
El barrio como lugar cultural
Que Cezine nazca en un bar de barrio no es casual. Tampoco lo es que ese bar esté a una calle de las casas de varios de los autores que participan en el fanzine. La conciencia de barrio y de provincia no se construye con discursos, sino con gestos concretos: caminar hasta donde pasan las cosas, reconocerlo como propio, habitarlo.
Durante años, la cultura ha sido empujada hacia espacios cada vez más especializados y más alejados de la vida cotidiana. Recuperar el bar como lugar cultural no es una excentricidad: es una vuelta al origen.
Antes de auditorios y centros culturales, la literatura también se compartía así: alrededor de una mesa, con un vino, con ruido de fondo, con conversación cruzada. Sin solemnidad, pero con respeto. Sin jerarquías, pero con exigencia.
#Plataforma
El nacimiento de Cezine es también, de manera natural y sin nostalgia impostada, un homenaje a #Plataforma, el colectivo literario que hace ahora una década agitó la escena cultural leonesa desde lo colectivo, lo crítico y lo independiente.
#Plataforma —con hashtag y con todo, porque así eran los tiempos— nació en un contexto concreto y tuvo su propio recorrido. Durante años fue espacio de encuentro, de debate y de creación. En uno de sus momentos más fértiles surgió una sección interna, el llamado grupo M, donde ya latía esta idea: textos breves, mirada afilada, mezcla de voces, independencia formal.
El Belmondo, donde germinaron muchas de aquellas iniciativas, cerró hace ya unos años. El grupo aguantó un tiempo más, pero como ocurre con los proyectos vivos, acabó dispersándose. No por fracaso, sino por evolución. Hoy, cada una de aquellas personas camina con sus propios proyectos personales y profesionales.
Cezine no pretende resucitar nada. No es un regreso ni una reedición. Es una deriva natural: una de aquellas semillas que encuentra ahora otra forma, otro ritmo y otro lugar.
Del Belmondo al Cincinnati
Que este nuevo gesto cultural tenga una genealogía espacial no es irrelevante. Cezine nació simbólicamente en el Belmondo y renace ahora en el Cincinnati. No como nostalgia, sino como continuidad.
Los bares no son intercambiables. Cada uno tiene su historia, su gente y su forma de estar en la ciudad. Que un proyecto cultural se mueva de uno a otro habla de algo muy concreto: la cultura no se ancla a un local, sino a una manera de relacionarse con el territorio.
El Cincinnati no es un contenedor neutro, sino un espacio que entiende el barrio como comunidad. Que abra sus puertas para celebrar el nacimiento de un fanzine no es un detalle logístico, sino una declaración de principios compartida.
Una forma de hacer cultura
Cezine no nace como un evento puntual ni como una cita que se agota en una tarde. Nace con la intención de volver, de crecer despacio, de ocupar un lugar propio sin prisas ni estridencias.
En un contexto cultural dominado por la urgencia y la sobreproducción, esta apuesta por lo pequeño, lo cuidado y lo sostenido resulta casi contracultural. Y quizá por eso conecta.
No se trata de llenar agendas ni de sumar actos. Se trata de crear sentido, de hacer que la literatura vuelva a sentirse cerca, posible, compartida.
Para conocer y poder leer este primer número de Cezine, la cita será el próximo 22 de enero, jueves, a las 20:30 horas en el Cincinnati. Allí se podrá hojear el fanzine, conversar con algunas de las personas que participan en él y compartir una tarde distinta, con unas cañas y buenas tapas, mientras la literatura vuelve a ocupar su lugar natural: el de la cercanía, la conversación y el barrio.
No habrá presentación al uso ni escenario que separe. Habrá textos, ilustraciones, bar y gente. Un fanzine que nace como nacen las cosas que importan: rodeado de vida.