Clara Obligado: "Algunos de mis libros surgieron de charlas en León"

La escritora argentina afincada en Madrid se cita este viernes con sus lectores en la librería Literatessen de la capital provincial

15/05/2025
 Actualizado a 15/05/2025
Imagen de archivo de la escritora argentina aficanda en Madrid, Clara Obligado, fundadora de uno de los talleres de escritura más longevos de España. | ABC
Imagen de archivo de la escritora argentina aficanda en Madrid, Clara Obligado, fundadora de uno de los talleres de escritura más longevos de España. | ABC

Tenía 26 años cuando se marchó de Argentina. Hasta entonces no había publicado nada, aunque su relación con la literatura era, cuanto menos, estrecha. Nacida en el seno de una familia de escritores, Clara Obligado ha llevado siempre la sangre diluida en tinta, pero no fue hasta la década de los noventa cuando publicó su primer ejemplar.

– Vivir en un exilio y dedicarse a la publicación, en general, no van juntos– afirma.– Tampoco tenía prisa; yo escribía por escribir, no para publicar ni ser famosa. 

El exilio del que habla se produjo en 1976. Tenía 26 años cuando un golpe militar truncó sus planes de vida en su tierra natal. «Salí por Uruguay y, al día siguiente, me fueron a buscar los militares», rememora: «Estoy viva por 24 horas». Lo que, en un principio, no iba a ser más que una estancia temporal más o menos prolongada, pero con fecha de regreso, acabó por tornarse en un cambio drástico de los acontecimientos. Tras seis años a la espera, con una hija a sus espaldas, la escritora decidió asentase definitivamente en España. «Fui poco a poco convirtiéndome en una extranjera en las dos orillas, en realidad», apostilla ella meditativa. 

– Yo tengo dos países y ninguno– continúa en una reflexión que no parece improvisada.– Quiero mucho a Argentina como quiero mucho a España y en las dos me siento cerca y lejos a la vez
– El año que viene se cumplen cincuenta desde aquel golpe. ¿No ha llegado a ser Madrid un hogar?
– Es imposible– es rotunda;– yo digo «hola» y me dicen «¡Ah, argentina!», hacen una antología de literatura española y no me incluyen... No es una maldad, sino que te perciben muy rápidamente como extranjera y eso también lo pagas. 

No todo es negativo. Esa diferencia cultural, esa distinción marcada por la dicción de un acento, la percibe Obligado también como «una riqueza». La autora es de la opinión de que «no todo es que te reconozcan». 

– No siempre hay que verlo como una carencia; también podemos pensar que estar siempre en la misma tierra es un aburrimiento– opina.– Creo que el lugar de un escritor es también pensar en el idioma, en la inmigración... Pensar en los temas que a mí me preocupan es una riqueza.

Y es que el exilio marca una vida, pero también una literatura. La (no) argentino-española explica que su obra habla de «qué significa escribir en un castellano que, en España, muchas veces se considera de segunda», de «cómo los latinoamericanos que escriben se insertan en España», de «qué significa vivir fuera de tu país» y de «qué precios pagas por eso». En el fondo, a Obligado no le falta optimismo.

– Esa experiencia creo que me ha hecho un regalo literario porque es un tema de nuestra época: el cambio de lugar, la inmigración... Es inagotable– dice.– Yo no hablo del exilio; ahora hablo de la inmigración y trabajo una literatura que está rota.

La violencia es otra de las constantes en su obra. También, la forma en que las mujeres percibimos el mundo. Aunque, en su caso, «cada libro tiene una preocupación distinta» y la autora de ‘La hija de Marx’, ‘Si un hombre vivo te hace llorar’, ‘No le digas que no lo quieres’ y ‘Petrarca para viajeros’ –entre muchas otras– muestra interés especial últimamente en «qué es ser abuela»; un tema que «no había pensado porque en la literatura no existen abuelas». A su modo de ver –y de leer– las que hay entre páginas son siempre «señoras un poco descerebradas que no hacen más que cuidar nietecitos. Y no es así». La cuestión es que la escritora siempre habla de sus temas no tanto como temas; más como «preocupaciones».

Portada de 'Todo lo que crece'.

– ¿Son entonces las preocupaciones las que pulsan la intención literaria?
– Yo escribo para entender el mundo; escribo sobre cosas que no entiendo– responde concisa.– Todo escritor tiene un mundo de ideas que atrapa aquello que le interesa en el ambiente.

De sus preocupaciones, confiesa que «por suerte» han cambiado mucho a lo largo de una trayectoria de décadas. Una trayectoria que, en uno de sus capítulos, tuvo por contexto un aula cuyo docente era Jorge Luis Borges

– Eso fue un regalito– recuerda y se le escucha la sonrisa.– Con él aprendí a leer de otra manera. Yo soy muy lectora y ser escritor significa básicamente ser lector– reflexiona.– Borges es un tipo poco políticamente correcto y eso a mí me gusta. 

También le gusta «su manera de pensar la literatura, aunque muchas veces no esté de acuerdo con él». Y todo lo explica en presente a pesar de que el maestro Borges falleciera en 1986. 

– El legado del escritor es su literatura.
– Son sus libros, que es donde estará siempre– apunta.– Yo sigo dialogando con él. Los libros siempre están vivos y, en algún punto, la literatura siempre mantiene con vida a quien la escribió– dice y quizá esa sea la única forma de inmortalidad. 

Aun habiendo sido la alumna del que quizá sea el escritor más trascendente de las letras argentinas del siglo XX, Obligado no encuentra demasiados paralelismos entre sus estilos. «Ya me gustaría», bromea: «Tengo una pasión similar, pero realmente creo que esa literatura masculina de Borges, encerrada en cenáculos donde todo es literatura, no es lo que yo busco». Para la escritora, «la vida tiene que atravesar los textos» y mientras Borges les «dedica una vida completa», la argentina afincada en Madrid les «dedica gran parte» de su vida, «que es distinto».

Lo que sí tienen en común ambos es la predilección por la narrativa breve. El editor de Páginas de Espuma, Juan Casamayor, considera a Obligado la precursora de la microficción en España, aunque a ella no le gusta demasiado el término.

La autora recala este viernes en la librería Literatessen. | MANUEL YLLERA
La autora recala este viernes en la librería Literatessen. | MANUEL YLLERA

– La palabra ‘precursor’ me suena un poco a Cristóbal Colón– expresa.– Yo soy precursora de muchas cosas, pero eso es por la edad, que te pone en el lugar de precursor.

Pero lo cierto es que la argentina aterrizó en Madrid con una maleta llena de la rica literatura de su país natal. «En España había muy poco entonces», relata: «No nos gusta recordarlo, pero las dictaduras no son un terreno abonado para la libertad». Aun destacando que, en aquella época, «había escritores muy interesantes», la autora es firme en la idea de que poco tenía que ver,  en materia literaria, la España de la recién terminada dictadura con la Argentina del nuevo régimen militar. Clara Obligado llegó entonces con sus cuentos, pero también con una pulsión palpitante por enseñar. No tardó en fundar uno de los talleres de escritura más longevos de este país. Un taller que, bajo su nombre, surgió de forma orgánica. 

– No tenía un proyecto empresarial– analiza:– yo era una persona que tenía que ganarse la vida, a la que le gustaba enseñar y para la que la facultad era un ámbito muy cerrado. Empecé a trabajar por libre y así empezaron los talleres. 
– ¿Pesa más el enseñar o el escribir?
– Son parejas: enseñar es escribir y escribir es enseñar– resuelve segura.

Su seguridad se traslada este viernes a la librería Literatessen de la capital provincial, donde la escritora se dará encuentro con sus lectores desde las 20:00 horas. Y no es la primera vez que se pasa por León.

– Voy mucho de la mano de Natalia Álvarez– refleja sobre las Jornadas de la Red Internacional de Universidades Lectoras organizadas por la ULE,– que es una máquina de ideas que merece ser mucho más reconocida y siempre me hace propuestas muy interesantes: algunos de mis libros surgieron de charlas en León– es el caso de ‘Todo lo que crece’.– Hablé de Kafka y la naturaleza y no sé cuál fue la propuesta de Natalia, pero creo que todavía sigo trabajando en esa rama. 

Obligado percibe «un diálogo muy interesante entre academia y escritura» y lo resume en una frase: «Que alguien que sepa más que tú te suelte una idea que tú sigues como un perrito obediente». No tiene más que buenas palabras para la docente de la Universidad de León

– Natalia sabe ver en mí lo que yo puedo dar y, a partir de eso que ella ve en mí, yo puedo escribir un libro.

Del encuentro de este viernes dice que «será una charla», que no es «muy de dar conferencias»; que estas últimas le aburren y lo que le gusta es «conversar con la gente». Así que conversará sobre esas dos tierras de las que no es oriunda del todo. De esas dos orillas por las que pasea siendo extranjera. De esas preocupaciones que nutren su obra y, en definitiva, de esa literatura rota que florece de entre las grietas de sus relatos.

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