Completa jornada de martes en el curso de Verano sobre Historia y Memoria '90 años después de la Guerra Civil española'. Tres historiadoras fueron presentando sus ponencias a lo largo de la jornada: Marta García Cabrera, de la Universidad de Las Palmas habló de ‘Mujeres en el dispositivo alemán de inteligencia en la España de la Segunda Guerra Mundial’; la leonesa Beatriz García Prieto lo hizo sobre ‘El engranaje oculto de Clarita Stauffer en la España franquista’; y Ángela Aguayo Seoane, investigadora de la Red Española de Estudios Históricos de Inteligencia, disertó sobre ‘Las mujeres de la quinta columna en la guerra civil española’.
La leonesa García Prieto analizó ‘el viaje de la Sección Femenina a la huida nazi’ a través de la figura de Clara Stauffer Loewe (1904-1984) que, explicó, «representó uno de los nexos más influyentes y polifacéticos entre la España de Franco y la Alemania del Tercer Reich. Utilizó su privilegiada posición social y su bilingüismo para convertirse en una pieza clave del engranaje falangista y nacionalsocialista».
Recordó que durante la Guerra Civil y los primeros años del franquismo, Stauffer fue la mano derecha de Pilar Primo de Rivera y «arquitecta de la propaganda de la Sección Femenina. Fue responsable de la ‘nazificación’ estética de la organización, adaptando modelos alemanes como el Auxilio Social –basado en el Winterhilfswerk nazi– y gestionando el intercambio de material propagandístico, cinematográfico y radiofónico entre ambos regímenes».
Su papel fue más allá de la guerra ya que tras la derrota del Eje en 1945, Stauffer no abandonó sus convicciones ideológicas, «sino que las mantuvo activas transformando su céntrico domicilio en el centro neurálgico de una red clandestina dedicada a auxiliar a fugitivos nazis, conocida como Hilfsverein. Desde este lugar, y amparada por una permisividad de facto por parte de las autoridades españolas, organizó un sistema de apoyo que incluía el suministro de recursos básicos como ropa, alimentos y refugio para antiguos miembros de las SS y la Gestapo, proporcionándoles escondites seguros, documentación falsa, creando nuevas identidades y salvoconductos».
Debido a sus actividades, los Aliados la incluyeron en el puesto número 94 de la «lista negra» de alemanes que debían ser repatriados obligatoriamente, calificándola como una de las organizadoras más peligrosas de la resistencia nazi en España. «Sin embargo, el régimen de Franco bloqueó sistemáticamente su extradición, alegando su ‘alta categoría’ y su labor social, hasta que el inicio de la Guerra Fría hizo que el expediente fuera archivado en 1949». Hasta el final de su vida blanquearon su figura pues recibió la Cruz del Mérito de la República Federal de Alemania (1979) y fue homenajeada por el Ayuntamiento de Madrid, «reinterpretando su labor de auxilio a fugitivos como una ‘trayectoria humanitaria’ desinteresada. Su historia personifica las sombras de un siglo XX donde las redes de solidaridad fascista lograron pervivir bajo el paraguas de las nuevas realidades políticas».
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